Avilés acogió en un encuentro a una docena de los concursantes del reality culinario, que hablaron ante un centenar de fans
28 ene 2017 . Actualizado a las 20:46 h.Que hoy en día no es tan importante hacer algo como contarlo en las redes sociales es sabido, pero que eso se aplica también a la cocina, puede que no tanto. Los cocineros del mañana guisan en Instagram, en Snapchat y en cualquier red social que esté de moda. Se dejan ver, mostrar como cocinan, más bien poco. Una docena de participantes de la última edición de Masterchef Junior dan buena cuenta de lo que están haciendo este fin de semana que pasan en Asturias, invitados por Estela, concursante avilesina que está actuando de anfitriona ante sus compañeros. Han ido a Cudillero y a la Mina de Arnao y comido fabada. «Les he invitado para que lo conocieran», explica la niña de 11 años mientras Paula, la ganadora, a su lado no deja de grabar todo lo que hacen. «Estoy informando a mis fans», explica.
De lo que les habla es del encuentro que minutos más tarde van a tener todos con un centenar de niños que han acudido a Avilés para verlos. Los pequeños Mastechef han aprendido en los últimos meses a cocinar, pero también a manejarse en redes sociales y a posar y actuar ante los medios de comunicación y sus seguidores, aunque hay alguno al que se le ha olvidado el plan de marketing para estos días. «No teníamos que decir lo de la quedada», recrimina Javier mientras varias voces le contestan que sí, «si no, ¿cómo van a seguirlo?», zanja Paula.
La ganadora del último Masterchef Junior explica que las redes sociales «me gustan», de ahí que para ella no sea molestia informar a sus más de 72.000 seguidores de Instagram -la vencedora de la última edición de adultos, Virginia, no llega a los 13.000. Es de las que le gusta contestar a los comentarios que le llegan y eso no es fácil, de ahí que en ocasiones sus padres tengan que echarle una mano para gestionar sus cuentas. Su entrada al acto de este sábado en Avilés tuvo más de 7.500 reproducciones en apenas media hora. La foto que subió ayer de noche para decir que había llegado a Asturias rozaba los 600 comentarios en menos de 24 horas. Tras la emisión del concurso, que se grabó en verano pero se mostró entre diciembre y enero, los concursantes han saltado a la fama de una manera arrolladora.
Fotos y preguntas sentimentales
«Anoche cuando llegamos al hotel había niños pendientes de que llegáramos», apunta Virginia, que se muestra sorprendida de que la paren por la calle para hacerse una foto con ella. «A mi me mola estar con los fans, aunque hay sitios en los que hay mucha gente y agobia», apunta José Enrique. Él es uno de los que sabe lo que implica ser famoso y que se inmiscuyan en tu vida personal. La primera pregunta que hicieron ayer los seguidores congregados en Avilés fue para Natalia: «¿te gusta José Enrique?», y ella zanjó las dudas con un simple «no». Durante la emisión del programa había «química» entre ellos, según el propio reality. Ella tiene 12 años y es de Madrid, él 11 años y vive en Valencia.
Los participantes en Masterchef Junior saben que se deben a sus fans, pero también tienen claro que han de separar la vida privada de la pública. «Intento hacerme siempre una foto con ellos, porque si no lo haces piensan que eres una borde», cuenta Paula. Pero hay un espacio en que no quieren que sus seguidores entren: el Whatsapp. «Eso es íntimo», apunta la ganadora de Masterchef Junior. «A mi me mandan mensajes los fans y me dicen que si nos hacemos un mote y que no les bloquee», explica Estela. La mayoría de los concursantes optan por bloquear a quienes no conocen. A pesar de esta fama repentina asegura que ella sigue haciendo las mismas cosas que antes, como aprender chino y tocar el piano. Desde que salió del programa ha puesto en marcha su propia página web, donde sube recetas, hace críticas de restaurantes a los que va con sus padres y un canal de vídeos en chino donde subirá platos típicos de la cocina española. «Quiero seguir practicando lo que nos enseñaron», dice.
Lo suyo no es un caso aislado, casi todos sus compañeros cuentan con una importante presencia en redes sociales. La excepción son Virginia y Loreto, quienes aún habrán de esperar dos años para tener su móvil propio -aunque gestionan sus perfiles sociales desde la tableta. Es una decisión consensuada por sus padres a la que no ponen pegas, según aseguran. «Mis amigos que lo tienen se pasan todo el rato pendientes de él», dice Loreto, algo que parece que no le gusta mucho. Mientras tanto algunos de sus compañeros se pasean arriba y abajo con el smartphone en la mano.