El 20 de septiembre del año 2000 se inauguraba la nueva casa azul en un amistoso frente al Partizán de Belgrado
20 sep 2016 . Actualizado a las 17:19 h.Un día como hoy, con un Oviedo en plenas fiestas de San mateo, se daba la bienvenida al nuevo templo oviedista a ritmo de gaita. A pesar de que ya se había jugado un partido de liga regular frente a Las Palmas, con un resultado final de empate a dos, el amistoso frente al Partizán era el elegido como inauguración oficial del estadio.
Todos los equipos de categorías inferiores fueron presentados junto al primer equipo al inicio del partido; presentación que concluiría con varias bandas de gaitas interpretando el "Asturias patria querida". La alineación inicial estuvo formada por Esteban, Pablo, Danjou, Martinovic, Ivo, Nadj, Onopko, Jaime, Rubén Reyes, Rubén y Oli, aunque debido al carácter especial del encuentro Radomir Antic dio minutos a todos los suplentes (Unzúe, Elio, Moreno, Boris, Rabarivony, Oscar Pérez, Bango, Juan González, Fabio Pinto y Moller). El destino es caprichoso y el encargado de hacer el saque inicial aquel día fue el histórico jugador azul Antón, el cual se encargaría de tirar por la borda toda la admiración de la parroquia azul al ser posteriormente socio fundador del ya difunto Oviedo ACF.
Desafortunadamente, la historia de los carbayones desde esa fecha no ha sido la esperada; al nuevo Tartiere le ha tocado vivir los peores tiempos del club, con cuatro años en Tercera división y ocho en segunda B. Un campo como este, creado para las grandes ocasiones, se vio sumido en una crisis que parecía no terminaría nunca, pero lo que nunca faltó en las gradas fueron oviedistas. El juego en el templo de la capital del Principado quizás no fue de primera, pero la afición se hizo fuerte bajo su techo azul y consiguió sacar el equipo adelante.
Es ahora cuando parece que todo comienza a estar en su sitio. El Carlos Tartiere vuelve a albergar fútbol profesional y tiene unas expectativas de futuro viables, esperando impaciente volver a acoger partidos del más alto nivel. Las opiniones respecto a la arquitectura del mismo no son positivas; es un estadio demasiado abierto y no lo suficientemente azul, pero poco a poco, con la colaboración de las peñas oviedistas y con la originalidad de Symmachiarii, este está empezando a recuperar el color de la ciudad. La entrada del Grupo Carso, fundamental en la historia reciente del Real Oviedo, ha ayudado de manera notable en mejorar un césped que nunca acababa de estar bien. Los partidos en los que la lluvia y el barro hacían desaparecer cualquier atisbo de fútbol parecen extintos, lo mejor aún está por llegar.