Hace 13 años arrancaba la leyenda del 9

En Pola de Lena Diego Cervero estrenaría una cuenta goleadora imprescindible para entender la historia del Real Oviedo

Diego Cervero celebra su gol número 100 al estilo de Michu
Diego Cervero celebra su gol número 100 al estilo de Michu

Oviedo

Diego Cervero Otero, nombre completo que toda la ciudad ya sabe de carrerilla, nunca ha sido hombre de un sólo gol, y la prueba de ello la tenemos en la fecha en la que marcaba su primer tanto con el primer equipo del Real Oviedo. Ya han pasado 13 años desde ese primer gol, pero también son trece de su segundo, su tercero y su cuarto. Aquel día, 2 de noviembre de un difícil 2003, el 9 del Oviedo pudo celebrar cuatro goles en un partido frente a un Lenense que vio en directo la entrada de Diego a los libros de historia azul. 

El delantero ovetense y oviedista debutaba ese mismo año en el equipo de la capital del Principado, pero tuvo que esperar a esa décima jornada en Pola de Lena para encontrar puerta. En una de las temporadas más difíciles, tanto para el equipo como para la afición, Cervero llegaría a los 10 goles; marcaría también un gol en la fase de ascenso frente al Arteixo, pero el destino fue cruel y decidió que 2004 no fuera el año de dejar la tercera división. En ese partido grada y jugador se hicieron uno, y el terreno de juego sirvió como escenario de la aceptación de Diego Cervero como uno de los miembros más queridos de la parroquia carbayona. 25.000 almas vieron caer a su equipo, y 25.000 almas olvidaron su tristeza para apoyar a sus jugadores y pensar en la próxima temporada desde ese mismo momento. Cervero lloraba y la afición le alentaba, era sólo el principio.

El año siguiente el equipo si salió de tercera división, y una vez más Diego fue protagonista consiguiendo anotar 18 goles, ocho más que en la 2003/2004. Se fue en la temporada posterior pero volvió en 2007, de nuevo a un Oviedo en tercera división, y se convirtió en pichichi de la categoría con 26 goles, ocho más que en la 2004/2005. Seguiría en el club azul otro año más y marcaría 35 goles, nueve más que en la pasada campaña, pichichi de nuevo, y ascenso en Mallorca. Impensable imaginarse lo que podría haber sucedido durante todos esos años sin Diego con el 9 a la espalda.

El resto de la historia ya la conocen niños y mayores. Diego juró por su padre y por su madre que sacaría al Real Oviedo de tercera, y que hasta no conseguirlo no se iría del club. Pues bien, se quedó corto; dos ascensos a segunda B y la tan ansiada vuelta al fútbol profesional corren de su cuenta. En el gol ante el Cádiz todo aficionado al club carbayón pudo ver reflejado uno de esos goles frente al Lenense, el penalti marcado al Mallorca B en el Carlos Tartiere, o cualquier gol del delantero en los campos de barro asturianos.

Hoy es el Fuenlabrada el que disfruta de sus goles, pero en el templo azul sigue la sensación de que no se ha ido, de que en cualquier centro de Susaeta desde la esquina va a aparecer la cabeza de Diego para enviar el balón a la red, de que podrá cazar un rechace tras una falta lanzada por Curro, o de que controlará un balón de espaldas y se la pondrá en los pies a Manu Busto para hacer gol.

Sólo Lángara o Herrerita pueden hacerle sombra en cuanto a goles con la camiseta azul se refiere, pero como oviedista de corazón no se puede comparar con nadie. Cada parte del escudo del Real Oviedo le echa de menos, desde la corona hasta la cruz.

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