La Pizarra: Una idea en la que creer

Análisis del partido propuesto por Juan Antonio Anquela

Anquela Real Oviedo Horizontal.Anquela da órdenes durante un entrenamiento
Anquela da órdenes durante un entrenamiento

Oviedo

Nota: 7, notable.

La pasada fue, con diferencia, la semana de lo que va de curso en la que más se habló de táctica, sistemas y recursos a utilizar por el Real Oviedo de Juan Antonio Anquela. La crisis de resultados unida a la lesión de Toché hicieron que el entorno oviedista se pusiera como loco tratando de encontrar una salida a tanta desgracia. Mientras tanto, en El Requexón, Anquela comenzó a probar nuevas variantes, nuevas vías para enderezar un rumbo que parecía demasiado torcido.

No fue pequeña la sorpresa cuando, tras anunciar a los once jugadores titulares que evocaban claramente al cacareado esquema de tres centrales, el Oviedo comenzó el encuentro con el 4-3-3 que venía siendo habitual. El partido se puso más difícil todavía con el gol del Lugo, y tras un amago de revolución a mediados del primer tiempo, los azules aclararon ideas tras el paso por los vestuarios y levantaron un encuentro que puede marcar la temporada y, por qué no decirlo, el proyecto de Anquela.

El aspecto táctico

Como dijimos en la introducción, el técnico jienense apostó por la continuidad y únicamente cambió alguna pieza. Christian sustituyó a Valentini en el centro de la zaga, Diegui Johannesson a Cotugno, Forlín a Rocha y Linares al lesionado Toché. La entrada de Forlín supuso la salida de Folch del pivote, actuando de interior por la izquierda con Mariga a la derecha. Dicha medular fue totalmente superada en los primeros compases del encuentro. El Lugo, quizá el equipo con las ideas más claras que ha pasado por el Tartiere esta temporada, fijó a Seoane y Azeez en un rocoso doble pivote, liberando en ataque a los Campillo, Fede Vico, Herrera y Polaco con el objetivo de hacer trizas al Oviedo. Y vaya si lo hicieron.

Si a la media hora de encuentro el resultado es de 0-3 nadie se hubiera sorprendido. Ni Carlos ni Christian supieron leer los movimientos de Polaco y Herrera, algo que aprovechaban Campillo y Vico para atacar la espalda de la defensa azul. El 0-1 representó bien el dominio lucense: fallo de Mossa saliendo al corte, Fede Vico ataca el espacio y mete un preciso centro que Herrera, libre tras un grotesco error de marca de Carlos, transforma en gol. Y como ese pudieron caer otros dos. 

Mientras tanto, el Oviedo adolecía de los mismos problemas de siempre: el tridente ofensivo aislado completamente del juego, inofensiva salida de balón de los centrales y problemas para ocupar espacios y encontrar líneas de la medular. Anquela reaccionó y, esta vez sí, cambió a tres centrales. Pero no fue hasta el segundo tiempo cuando dicho esquema comenzó a dar sus frutos. 

Poco a poco, Juan Forlín se convirtió en el mariscal absoluto de la defensa. Interpretó a la perfección los principios de la línea de tres cuajó un segundo tiempo brutal, tanto en el juego aéreo como corrigiendo a Carlos y Christian. Un Christian que se supo adaptar bien al nuevo dibujo, persiguiendo a los delanteros lucenses cuando salían a recibir y estando pendiente en todo momento de la espalda de Mossa. Al contrario que Carlos, que completó un muy discreto partido ante sus ex. 

Mientras, en lo que se refiere a la parcela ofensiva, Mossa y Diegui disfrutaron como niños en los costados. Si bien el primero se juntaba en la izquierda a Saúl creando así el principal canal de juego carbayón, Johannesson hacía suyo el típico dicho de "no hay que estar, hay que aparecer" y aprovechaba el espacio creado por un hiperactivo Aarón para llegar a línea de fondo. Solo el doble pivote pareció perdido en el segundo tiempo, tirando Mariga de repertorio físico para cubrir su espacio y el de un Folch desorientado. 

Habrá que ver si el técnico jienense opta por potenciar este nuevo sistema que, por lo visto ayer, se puede adaptar bien a los jugadores azules. Quizás estemos ante el nacimiento de un nuevo Real Oviedo.

Los cambios

«No veía a nadie más a quien quitar. Lo que va bien no se toca. Hacer cambios por hacer, no. Todo el mundo estaba bien físicamente y no quería cambiar algo que me estaba gustando. Hoy no lo he visto y no lo he hecho». Estas fueron las palabras exactas con las que Juan Antonio Anquela explicó que Owusu, y en el 87', fuese el único cambio del Real Oviedo.

En un partido muy intenso y con un intercambio de golpes final que bien pudo costar varios infartos en la grada del Tartiere, el jienense no quiso tocar nada y solo Owusu saltó al cesped para sustituir a un desfondado Miguel Linares e intentar sorprender a los centrales lucenses en alguna contra.

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