El encuentro contra los sorianos fue un punto y aparte para el conjunto de Anquela
28 abr 2018 . Actualizado a las 09:46 h.Si de algo hay que acordarse del encuentro de la primera vuelta entre Real Oviedo y Numancia fue del comienzo de una impresionante racha de resultados que llevó a los azules a disfrutar del ascenso directo en el transcurso del enfrentamiento ante el Cádiz.
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Fueron los mejores momentos del Real Oviedo en la temporada. Los de Anquela mostraron su mayor solidez defensiva y efectividad ofensiva. Se trataba de un conjunto que se basaba en una defensa de tres centrales y que tuvo su entreno desde el minuto uno frente a los sorianos.
Aquel día, un 25 de noviembre, los de la capital del Principado vencieron por 3-1 a los de Arrasate en un encuentro en el que los azules mostraron su cara más convincente. Fue el día que el preparador oviedista apostó por la defensa de tres desde el pitido inicial. Hasta ese día, lo había utilizado en distintas fases de encuentros, pero nunca como apuesta principal.
Se trata, también, del día en el que Alfonso Herrero estrenó titularidad liguera con el Real Oviedo. Hasta entonces, el cancerbero toledano había jugado un partido copero y un puñado de amistosos, pero ninguno oficial en campeonato de Segunda División. Al final de los 90 minutos, su actuación le encumbró a un puesto que no ha abandonado en estos 21 partidos.
Aquel 3-1 supuso el punto de despegue para el equipo de Anquela. Tras muchas dudas, el preparador oviedista encontró un equipo base sobre el que apoyarse durante muchas jornadas: Herrero, Johannesson, Carlos Hernández, Forlín, Christian Fernández, Mossa, Folch, Rocha, Yeboah (Aarón), Saúl y Linares.
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