Pese al acelerón en los despachos, el equipo sigue necesitando un buen número de refuerzos
27 ago 2020 . Actualizado a las 05:15 h.A falta de la confirmación oficial de las cesiones de Cedric Teguia y Gabriel Brazão, el Real Oviedo ha cerrado esta misma semana tres incorporaciones. Todas ellas a préstamo y todas ellas de futbolistas jóvenes y con un notable futuro por delante. Una apuesta arriesgada que, de salir bien, permitirá a la dirección deportiva disponer de gran parte del límite salarial para afrontar las operaciones de verdadero calado.
Con el capítulo de la portería ya cerrado y una defensa en la que puede haber más salidas (Diegui Johannesson, Andoni Ugarte y Javi Fernández) que llegadas (hipotético interés en un lateral izquierdo), todos los esfuerzos de aquí en adelante se centrarán en reforzar la medular, las bandas y la punta de ataque. José Ángel Ziganda ya lo avisó en su primera rueda de prensa de la pretemporada. Si tiene que elegir, la prioridad es un pivote.
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Pero lo cierto es que la dirección deportiva se ha apresurado a incorporar piezas para poder mirar con perspectiva lo que resta de mercado. El Real Oviedo se afana en obtener acuerdos con sus futbolistas para la reducción de salarios a cambio de prolongar la vinculación entre ambas partes. De conseguirlo, Arnau y los suyos afrontarían las operaciones pendientes con un margen de maniobra mucho más amplio e interesante. La primera guerra de la temporada se libra en los despachos.
Renovar o fichar para las bandas
Si algo parece claro en este momento del verano es que el club carbayón tendrá que acudir al mercado para poder sustituir a Luismi Sánchez y Alfredo Ortuño. Ambos se encuentran muy lejos de poder vestir un año más la elástica azul. Situación que no es parecida, ni mucho menos, a la que viven Saúl Berjón y Yoel Bárcenas, prioridades para las bandas. El director deportivo sabe que la continuidad de ambos es viable y para nada imposible. El capitán ya cuenta con una oferta por parte del club y el problema, lejos de ser principalmente económico, se centra en reconocimiento y estatus, dos componentes pocas veces valorados en las negociaciones, en las que parece que el acuerdo es únicamente cuestión de euros.