Oviedo, por todo y ante todo

Adrián Bernárdez

AZUL CARBAYÓN

El nacimiento de un club llamado a unir a una ciudad

01 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

 «...Es necesario que la afición responda, que todos arrimemos el hombro y pongamos el mayor empeño en que la sociedad naciente pueda ostentar la representación de Oviedo deportivo... Oviedo por todo y, ante todo: ese debe ser en adelante nuestro lema.»

Estas líneas fueron firmadas hace ya 100 años, pero están más vigentes que nunca. La fundación del Real Oviedo es una historia de vida y muerte, de resurgimiento y de esperanza. En los años 20, el fútbol en Oviedo estaba repartido entre dos entidades: el Real Stadium Ovetense y el Real Club Deportivo de Oviedo. Cada uno representaba a un estrato de la sociedad ovetense de la época. 

El Real Club fue fundado por pudientes empresarios vinculados a la industrialización asturiana, mientras que el Stadium estaba formado por estudiantes y obreros de la Fábrica de Armas. Los primeros años del fútbol en Oviedo fueron de crecimiento constante. En la década de 1920, ambas entidades habían convertido aquel novedoso deporte en un auténtico fenómeno social gracias a su rivalidad.

Una rivalidad que estuvo a punto de dinamitar cualquier posibilidad de lo que hoy conocemos como Real Oviedo. De hecho, la retrasó. El primer intento de fusión llegó en 1924, en pleno auge del Real Stadium Ovetense. Los leones de Llamaquique, uno de sus apodos, ganaron esa misma temporada el Campeonato Regional ante el Real Sporting de Gijón, nueve años después de su fundación.

Primeros pasos

Tras el primer título del Stadium llegó un año de fracasos para ambas entidades y, con ellos, la fusión volvió a la palestra. Los malos resultados, la falta de partidos contra rivales de alto nivel, la pérdida de interés del público y la bajada de ingresos en los establecimientos de la ciudad, derivados de la ausencia de grandes encuentros, llevaron al tejido empresarial ovetense a impulsar la creación de un equipo fuerte que pudiera codearse con los grandes clubes de España.

Así, el 14 de marzo de 1926, representantes de ambos equipos redactaron un acta prefundacional del actual Real Oviedo. Doce días después, el 26 de marzo de 1926, a las siete de la tarde, en los locales de este diario, La Voz de Asturias, se firmaba el acta fundacional del club.

Un acta en la que figuraba el nombre de Carlos Tartiere como presidente del club resultante, el Real Oviedo C. F. Solo el tiempo demostraría lo acertado de aquella decisión. Los motivos que llevaron a tomarla, sin embargo, son fácilmente explicables.

Carlos Tartiere, hijo de José Tartiere Lenegre, nació en Lugones en 1900. Su padre fue uno de los grandes emprendedores de la industrialización asturiana y, además, principal impulsor y presidente honorífico del Real Club Deportivo de Oviedo. Carlos Tartiere mostró desde muy pronto su pasión por el fútbol y por el Real Stadium Ovetense. Llegó incluso a ocupar cargos directivos en el club.

Esa mezcla de pertenencias —la cercanía al Stadium como aficionado y directivo, sumada a su posición en la élite ovetense— convirtió a Carlos Tartiere en el hombre adecuado para mediar entre ambas partes de la ciudad. Bajo su presidencia, el Real Oviedo vivió su etapa de mayor esplendor.

El Real Oviedo llega a España

El primer año de vida del club estuvo marcado por las complicaciones. Se tardó en encontrar entrenador; los fichajes, que tanto habían ilusionado al inicio del curso, se fueron apagando con la entrada en la Liga Regional; y la pérdida del Campeonato negó al Real Oviedo la participación en la Copa del Rey, vaciando de contenido competitivo el tramo final de la temporada. Pero con el cambio de campaña y de entrenador, el Real Oviedo alzó el vuelo en la temporada 1927/28 para ganar su primer Campeonato de Asturias.

Y no lo hizo de cualquier manera: registró unos números casi perfectos, con 45 goles en diez encuentros y una sola derrota. Este primer campeonato le sirvió al club para participar por primera vez en la Copa del Rey, aunque su debut no fue el más feliz.

A comienzos de la década de 1930, el Real Oviedo ganaba adeptos a pasos agigantados y el Campo de Teatinos se quedaba pequeño. Fue entonces cuando nació el proyecto del Stadium Municipal, inaugurado el domingo 24 de abril de 1932 con un España 2-1 Yugoslavia. En aquel encuentro jugó y marcó, como no podía ser de otra forma, Isidro Lángara.