Volver a contarlo

AZUL CARBAYÓN

Héctor Herrería

03 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Si estás leyendo esto tienes un poco de historia entre las manos. Es el verdadero propósito del artículo y del objeto. El Real Oviedo, que cumple 100 años, se fundó en La Voz de Asturias, fruto de una unión que se celebró en la narración de su nacimiento: «A trabajar, pues, bien unidos, perfectamente compenetrados y dejando en el rincón del olvido cosas que por lo mismo que fueron ya no son ni deben volver. Oviedo por todo y ante todo: ese debe ser en adelante nuestro lema», impresa en las páginas del periódico, y por eso como oviedista yo mismo, dar cuenta del centenario en el mismo diario es algo especial. Todos los oviedistas tienen su historia personal con el Oviedo, yo voy a contar aquí la mía porque de alguna manera creo que es como puedo explicar el sentimiento genuino de la de todos.

Cuando yo nací tenía unas botas de fútbol guardadas en un cajón aguardando que se calzaran. Mi padre fue futbolista, y me dijeron los que le vieron jugar que era bueno, «tu padre era futbolón». Muy joven y precoz, con 16 años resaltó y acabó jugando en el Oviedo B que hoy es Vetusta, a punto de terminarse la década de los 60. Recuerdo estar de niño sentado con mi abuela junto a la cocina de carbón y sacar ella la carpeta, esa carpeta de cartón azul grisáceo, de carpeta como es debido, con los recortes de los periódicos que glosaban las hazañas deportivas de mi padre desde el Siero hasta el Caudal. Y el Oviedo, por supuesto. Todo lo voy contando en pasado porque un accidente de coche se cruzó en esa historia, apenas llegado a la veintena mi padre tuvo secuelas que no le permitieron seguir con su carrera deportiva y vivió una vida distinta, una en la que nací yo.

Pero, aunque había unas botas en mi legado, realmente yo siempre fui malísimo con el balón y desde muy pronto se vio claro que lo mío iban a ser más bien las letras. Siempre fui del Oviedo en todo caso y llegué al periódico en el que se fundó el equipo como becario en diciembre de 1999, a punto de echar al siglo XX de un puntapié. La Voz de Asturias tuvo una sede histórica en Gil de Jaz, en medio de la ciudad, luego en General Elorza, y más tarde en Lugones (antes de regresar a la última en la Lila). A la que estaba en la frontera del concejo, todavía con rotativa debajo de la redacción que rugía al empezar la madrugada, a esa redacción llegué yo y viví muchas de sus vicisitudes hasta la desaparición del periódico en papel, cuando La Voz de Asturias dejó de publicarse. Por una casualidad, la última columna de la última página del último número impreso en papel de La Voz de Asturias la firmaba yo.

Y el caso es que el periódico volvió, recuperado su nombre y su marca, ya sólo para ser publicado digitalmente; y será casualidad o no, pero yo estaba también en ese regreso ahora en un diario que se hace entre portátiles y teléfonos móviles. En él, desde un inicio nos comprometimos con una sección como es Azul Carbayón que ha acogido a algunas de las mejores firmas que han escrito de la actualidad oviedista, lo sigue siendo en el presente de forma muy destacada con la labor de Pablo Fernández. Ellos han narrado algunos de los episodios más épicos del oviedismo en el presente, y poder dejarlo por escrito yo aquí con el nombre de La Voz me parece algo indescriptible como periodista y oviedista.

Porque muchas de nuestras historias en el Oviedo, de los del Oviedo, son de hechizos rotos, de caminos que se tuercen y que no se pueden seguir. Y aún así de encontrar la vereda, una salida, otra opción, para seguir adelante. Yo empecé a volver a ver los partidos del Oviedo ya con mi hijo, que se hizo aficionado acérrimo desde el primer partido pero que también tuvo que aprender a digerir muchas derrotas. Él vio el regreso a Segunda y el ascenso a Primera. Es que yo no voy a contar ninguna historia del barro ni de la increíble leyenda de este equipo que no se haya dicho ya o que no esté entre estas páginas. Es que en el centenario, aquí estamos, en Primera, y conseguimos contarlo. Y volveremos a hacerlo.