Mucho antes de que llegara el Real Oviedo, el fútbol femenino ovetense ya había echado raíces en La Corredoria
05 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.24 de junio de 1980, La Corredoria. En torno al bar México y tras un partido entre mujeres celebrado durante las fiestas del barrio comenzó a tomar forma una historia que, con los años, sería fundamental para el fútbol femenino asturiano. La Corredoria fue el punto de encuentro y primer sostén de un club que durante mucho tiempo tuvo que abrirse camino casi a pulso.
Con aquel primer empujón, y todavía sin estructura ni respaldo, Ana Lacalle y Luis Miguel Cienfuegos pusieron en pie ese equipo. Durante dos años crecieron a base de amistosos por Asturias, sin estar siquiera federadas, hasta que en la temporada 1982/83 el proyecto dio un paso decisivo y pasó a competir oficialmente como México-La Corredoria C. F.
Tras varios campeonatos a nivel regional, la empresa Tradehi invirtió en el club y este cambió su nombre a C. F. F. Tradehi hasta 1996. Bajo ese nombre, el club logró el ascenso a Primera División Nacional, alternando el campeonato nacional y el astur-leonés, ganando este en siete ocasiones.
Desembarco entre las mejores
No tardó mucho en lograr otro ascenso a la División de Honor, la categoría más alta. Corría la temporada 89/90, menos de diez años desde su fundación, y ya estaba en el nivel más alto del fútbol español. Descendería la temporada siguiente, pero volvería a ascender inmediatamente, confirmándose como uno de los grandes clubes españoles de la década.
Gracias al apoyo económico y a los buenos resultados, se permitió consolidar un equipo cada vez más competitivo, pero también ser una auténtica cantera de talento para el fútbol representativo.
El club llegó a aportar nueve jugadoras a la selección asturiana y varias internacionales a la española, desde Mercedes González Laviada, la primera en ser convocada en 1988, hasta María Antonia Is Piñera en 1989, una de las futbolistas más importantes y con más partidos en la historia de la entidad. A ellas se sumaron después Montserrat Sirgo y Sita, además de la internacional Inmaculada Castañón, incorporada al equipo en la temporada 88/89.
En 1996, el club afrontó una reordenación interna marcada por la creación de un segundo equipo en Liga Regional y por la pérdida del patrocinio principal, al tiempo que el fútbol femenino español vivía sus propios cambios. Así pasó a denominarse Peña Azul Oviedo Femenino y siguió ganando peso dentro del panorama nacional, no solo por sus resultados, sino también por su papel en la visibilización del fútbol femenino en Asturias.
Más adelante, con el respaldo del Ayuntamiento y de la Universidad de Oviedo, adoptó el nombre de Club de Fútbol Oviedo Moderno Universidad, antes de quedar fijado definitivamente en la memoria colectiva como Oviedo Moderno.
La era Oviedo Moderno
El comienzo de siglo trajo consigo una etapa de expansión para el club, que llegó a contar con un equipo en la Superliga, otro en Liga Nacional y otro en Liga Regional. Más allá de los resultados, el club fue ensanchando su estructura y reforzando su apuesta por la base, hasta convertirse en una de las entidades con mayor presencia en Asturias. En 2009, tras el descenso a Primera Nacional, el primer equipo reaccionó de manera brillante, proclamándose campeón de liga, mientras el Oviedo Moderno B conquistaba la Copa Federación, que repetiría al año siguiente.
Tras varios playoffs de ascenso de vuelta a la Primera División, el Oviedo Moderno consiguió el ascenso en la temporada 2012/13 en los despachos, gracias a los problemas económicos del Torrejón, que permitieron al club jugar en Primera pese a perder su eliminatoria contra el Granada.
La siguiente temporada, el Oviedo Moderno fue el único club asturiano en Primera División entre los equipos masculinos y femeninos. Ese año logró salvarse del descenso a falta de tres jornadas del final, marcando su mejor puntuación en la Superliga, que volvería a superar la temporada siguiente.
Un cambio de etapa
Los años siguientes fueron más ásperos. Tras aquel techo competitivo, el Oviedo Moderno entró en una etapa de desgaste en la que ya no podía sostenerse entre las mejores. El descenso de 2016 marcó el final de un ciclo y dejó al descubierto una realidad cada vez más evidente: el fútbol femenino español avanzaba hacia estructuras más potentes, mientras proyectos como el Oviedo Moderno resistían como podían.
Y en 2017 llegó la vinculación con el Real Oviedo, un acuerdo que dio al equipo un nuevo escaparate y un impulso simbólico para competir bajo un nombre y unos colores de enorme peso en la ciudad. Aun así, aquella unión fue sobre todo una colaboración: el club seguía siendo el mismo Oviedo Moderno que llevaba décadas sosteniendo el fútbol femenino asturiano desde una estructura propia.
El cambio verdaderamente decisivo no llegó hasta 2023. Con la entrada de María Suárez al frente, el club encontró por fin un marco más sólido desde el que proyectarse hacia el futuro. Quedaba atrás una larga trayectoria construida desde el esfuerzo de sus pioneras y se abría otra distinta, ya bajo el amparo azul, con más respaldo, más estabilidad y la posibilidad de que toda aquella herencia encontrara por fin una continuidad a su altura.