«Alcalde, el estómago no me lleva asumir la desaparición del Real Oviedo»

Manolo Lafuente EXPRESIDENTE DEL REAL OVIEDO

AZUL CARBAYÓN

Manolo Lafuente recibe la medalla de oro del Real Oviedo
Manolo Lafuente recibe la medalla de oro del Real Oviedo Real Oviedo

02 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Febrero de 1949, sábado. Mi padre era obrero de la Fábrica de Armas en Oviedo y, como por la tarde no trabajaba, estaba en la Fuente de la Teja, ahora Bermúdez de Castro, haciendo madreñas. Mi madre, en Gratila (Nava), estaba a punto de dar a luz a su segundo hijo, al que esperaban que fuera niña, pues el primero ya era niño. La llamada a media tarde confirmó otro niño y la respuesta de mi padre fue: «Ya cogeré mañana el tren para ir a verlo». De ser niña, hubiera ido aquella misma tarde.

Lo que aún no intuía mi padre es que, además de niño, le saldría oviedista. A él, que era sportinguista. Tres meses después, comencé a vivir mi vida en Oviedo, con visitas frecuentes a Gratila, donde vivían mis abuelos con el resto de mis tíos maternos y donde fui creciendo entre ovetense y aldeano. Mezcla que forjó mis primeros años y de la que me siento total y absolutamente orgulloso.

Ahora que el Real Oviedo ya es centenario, no puedo dejar de pensar que más de la mitad de ese tiempo me ha tocado vivirlo y, en muchos años, quizá demasiados, con una intensidad y un protagonismo que jamás hubiera previsto. Viví aquella infancia en la que rezar formaba parte de una creencia: pensabas que podía ayudar a ganar partidos imposibles y que, en más de una ocasión, funcionó. Años más tarde, habiendo sido presidente, a algún niño hijo de sportinguistas (nieto de oviedistas) algo debí de transmitirle, porque, repitiendo el procedimiento —consiguiendo entrar en el descanso de un partido en el que íbamos perdiendo en la iglesia de su pueblo para rezar—, el partido terminó en victoria. Hoy acude a los partidos del Oviedo acompañado de sus padres y pudo disfrutar del reciente ascenso por las calles de Oviedo, a pesar de que viven a más de 100 kilómetros.

Recordar los tiempos en los que, siendo alumno del Alfonso II, piraba alguna clase para bajar corriendo hasta la calle Santa Cruz, con libreta y bolígrafo en mano, para conseguir los autógrafos de Caldentey, Toni, Marigil, Paquito o Iguaran es algo que me aproxima a Jacobo, el niño del que acabo de hablar y al que conseguí hacer oviedista. Todos ellos, en cierta medida, culpables de que el virus del oviedismo me calara tan adentro que terminara asumiendo un papel que estoy convencido —yo el primero— de que muchísimos creyeron que me quedaba demasiado grande. Pero la vida es así: de aquellos vientos y aquellas lluvias surgieron estos lodos. Primero en el Uni, por decisión del rector Julio Rodríguez, a propuesta del secretario de Universidades Rafael Anes. Y, a la vista de los éxitos logrados con el equipo, Gabino de Lorenzo, alcalde de Oviedo, me incluyó en la denominada comisión de notables, y aquello terminó inevitablemente con la frase que me ha quedado grabada para siempre: «Alcalde, el estómago no me deja asumir la desaparición del Real Oviedo».

Aquello fue, inevitablemente, la conclusión de algo que ni yo mismo podía esperar: una proposición para asumir la presidencia del club en una situación caótica y desesperada. Tardé en aceptarla, por cuanto no quería asumir el compromiso sin el acuerdo mayoritario, no de los accionistas en función del número de acciones, sino con una participación de un accionista, un voto. El resultado fue unánime. Tenía ya complicado dar marcha atrás.

Por todo esto, poder vivir el centenario en Primera División es algo que tenemos necesariamente que ver y vivir como un hecho digno de disfrutar, con independencia de que otras circunstancias no sean las deseadas. No sabemos qué puede ocurrir en el futuro. Es posible, incluso probable, que al final de temporada nos veamos abocados al descenso, pero no es seguro. Lo que sí es induditable es que el centenario lo vamos a celebrar siendo un equipo de Primera División, a pesar de todo lo vivido, de todos los sufrimientos pasados, de habernos visto desahuciados por muchos y de no haber creído posible este milagro.

Pues sí, aquí estamos y aquí continuaremos, porque, ocurra lo que ocurra, por afición, por orgullo, por valor y por garra, el Real Oviedo siempre será un equipo de Primera División.