La marca imborrable de un club histórico
02 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Confirmamos hoy la noticia dada ayer sobre la adquisición de un nuevo interior derecha para el Real Oviedo (...) el jugador Lángara (...) se tienen excelentes referencias, tanto por su conocimiento del juego, fuerte tiro y dominio y control de balón, como por su bravura». La década de 1930 comenzó con un nuevo proyecto. Nuevo estadio, nuevas caras y un nuevo comandante al frente de este Real Oviedo.
Entre el invierno de 1930 y la primavera de 1931 llegaron dos nombres que cambiarían la historia del club azul: Tonijuán, un entrenador recientemente retirado procedente del Español, e Isidro Lángara, delantero llegado desde el Tolosa. El delantero vasco arrancó pronto a demostrar su valía. Marcó 17 goles en la temporada 1930-31, acabando segundo en la tabla de goleadores. Esta sería su peor marca en los años posteriores.
Los primeros años de la década estuvieron marcados por las goleadas que el Real Oviedo fue capaz de propinar a unos y otros. La delantera del Real Oviedo asombraba allá por donde pasaba con su ‘eléctrica’ delantera formada por Casuco, Gallart, Lángara, Galé e Inciarte. A esta delantera se la conocía como ‘La Eléctrica’, y este mismo diario relataba así, el 18 de septiembre de 1932, un enfrentamiento en el Stadium de Buenavista entre el Oviedo F. C. (actual Real Oviedo) y el Sporting de Gijón:
«La velocidad y la inspiración fueron sin duda el vehículo que condujo a la ‘eléctrica’ (permítasenos ese calificativo) a una formación que, de seguir en el segundo tiempo, hubiese causado asombro en España. Es el caso del chutazo de Lángara, algo que no se puede describir, algo trasunto de lo fenomenal que yo no acierto a reseñar. ‘Eléctrico’, no más».
Y por fin, el ascenso
1932 era el año. Ya había un gran equipo, un gran estadio y una ciudad deseosa de dar el salto a los grandes escenarios de España. La temporada 1932/33 siguió repitiendo un mismo patrón: goleadas por aquí y por allá. A falta de la última jornada, los registros ya eran estremecedores: 16 partidos, 11 victorias, 2 empates, 3 derrotas, 51 goles a favor, 23 en contra y 24 puntos.
El ascenso a Primera División se decidiría el 19 de marzo de 1933 en el campo de Buenavista, ante el segundo clasificado, el Athletic de Madrid (actual Atlético de Madrid). En 49 minutos, el Real Oviedo puso el jorobu en Buenavista y se proclamó campeón de Segunda División y el primer club asturiano en ascender a Primera División. Historia del fútbol asturiano.
La edad dorada
Con el ascenso llegó la «segunda delantera eléctrica». Galé se retiró para dedicarse a su carrera profesional y llegarían Eduardo Herrera Herrerita y Emilín, el primer jugador de la cantera, que con muy buena mano dirigía Fiver, técnico checoslovaco que llegó tras la salida de Ank Burton como entrenador del Real Oviedo a finales de los años 20, y que puso los pilares de esa cantera ovetense.
Este remodelado Real Oviedo quiso estrenarse antes del comienzo liguero y se escogió al Sporting de Gijón como rival y El Molinón como escenario. El resultado fue de 2-8 para el club azul, demostrando que la delantera eléctrica estaba en muy buenas manos.
Tres temporadas consecutivas pasó el Real Oviedo en Primera, en las que consiguió asentarse como uno de los grandes clubes de España, cerrando con dos terceros puestos de manera consecutiva en 1934/35 y 1935/36.
Estallido de la guerra
Dicen que a la tercera va la vencida, pero en el Real Oviedo no hubo una tercera. El 11 de junio de 1936 se publicó el calendario de la temporada 1936/37, que arrancaría el 15 de noviembre, pero nunca se llegó a disputar. Seis días después estalló la Guerra Civil española.
La guerra llevó a los jugadores del Real Oviedo a distintos destinos, aunque muchos de ellos volverían al Oviedo tras la reanudación de la liga. Una liga que se volvió a disputar sin el Real Oviedo en un primer momento, debido a que la guerra había destruido casi por completo Buenavista. Casualmente, su sustituto, el Atlético Aviación, club fusión del Athletic de Madrid y Aviación Nacional, sería el campeón nacional.
La década posterior a la guerra para el Oviedo estuvo marcada por la recuperación de un equipo que parecía destinado a grandes cosas gracias a hombres de la talla de Herrerita u Óscar Álvarez.