La Guerra había dejado al Real Oviedo sin estadio y con la miel en los labios de un posible trofeo liguero, pero Óscar Álvarez y Herrerita se harán cargo de devolver al equipo el lustre perdido
02 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Con el desastre de la Guerra Civil, el Real Oviedo se encuentra ante una reconstrucción en mayúsculas, no solo deportiva, también en infraestructura. Gracias a la dispensa por la situación del campo de Buenavista, el club azul pudo rearmarse para la temporada 1940/41, con la condición de ceder a sus jugadores a otros equipos durante la reconstrucción del estadio.
Ante la vuelta a la competición, las cesiones se dieron por terminadas y los jugadores volvieron a la capital del Principado, a pesar de las muchas quejas de clubes como Zaragoza o Barcelona. Estos últimos veían cómo Herrerita y Emilín hacían las maletas de vuelta a casa. La vuelta a la competición liguera fue en Sarriá, el 29 de septiembre de 1940, contra el Espanyol y sirvió para marcar el camino al Real Oviedo: cinco a cero para los catalanes. Quedaba mucho trabajo por delante.
Esta temporada no pasaría apuros para mantener la categoría, no así en la 1941/42, donde se jugaron la permanencia en Primera División ante el Sabadell. No hubo rival: tres a cero para el Real Oviedo. Otro año más en Primera. El susto de la promoción sirvió para que la zona noble del club se activara y animar así a la afición ovetense. Para la temporada 1942/43, el Real Oviedo contaría con su tercera «Delantera Eléctrica». Esta estaría formada por Antón, Goyín, Echevarría, Herrerita y Emilín. Pero no será oro todo lo que reluce.
La gran delantera formada para mediados de la década se veía contrarrestada por los terribles problemas defensivos del club azul. Es cierto que era la esencia de ese fútbol, pero en el Real Oviedo se veía especialmente acentuado. El Stadium de Buenavista volvería a disfrutar de un fútbol entretenido y de un equipo a la altura de los mejores de España, pero al que le temblaban las piernas si no tenía el balón.
Y en plena euforia, tras dos temporadas esperanzadoras, llegó un mazazo en plenas fiestas de San Mateo. El gran goleador de la Tercera Delantera Eléctrica, Esteban Echevarría, sufría un accidente en su coche antes de comenzar la temporada.
El ánimo del equipo no decayó. En la cantera encontraron una claraboya a la que agarrarse: Ángel Cabido Sotelo. Debutaría un año después del fallecimiento de Echevarría, en San Mamés, marcando cuatro goles, los que sirvieron para remontar a los leones el 2-0 inicial, gracias a un gran planteamiento de Herrerita, que, a pesar de ser jugador, también hacía de entrenador cuando no gustaban los planteamientos del banquillo.
Tras varios años asentándose en la Primera División, Carlos Tartiere cree que es el momento de dar el salto y busca en el pasado un jugador que recuerde al gran Oviedo previo a la Guerra Civil. No sería otro que Isidro Lángara, exiliado tras la guerra en México.
Vuelve Lángara
Lángara volvió tal y como se fue, congregando a miles de aficionados en su primer entrenamiento y goleando en su primer partido en Buenavista. Cuatro goles le marcó al RRC de Santander en un amistoso el 15 de septiembre de 1946, un pequeño aperitivo de lo que sería esa temporada, ya con 34 años a sus espaldas, pero con un saco de goles por marcar. Esa misma temporada llegaría a los 100 goles: lo hizo en 81 partidos. Leyenda. Tan solo estaría dos temporadas más antes de volver a Argentina, marcando así el final de una carrera para la historia. Aun sin saberlo, también marcaría el final del gran Real Oviedo.
La temporada 1949/50 sería el final del camino. Ya sin Lángara ni Emilín, que se marchó esa misma temporada al Sporting de Gijón, con Herrerita en sus últimas galopadas y sin un relevo generacional que asegurara la permanencia, el Real Oviedo solo se pudo agarrar a un aumento en las plazas de la Primera División.
La liga aumentaba en dos plazas; por tanto, ya no habría descenso automático. Último y penúltimo jugarían una promoción frente a los ascendidos. Al Real Oviedo le tocó el Murcia y se jugaría a partido único en el Estadio Metropolitano de Madrid.
Apenas empezado el partido, el emblema de ese Real Oviedo, Herrerita, se retira lesionado. Parecía una señal del cielo: a la Primera División llegasteis juntos y a la Segunda os vais juntos. El partido finalizaría dos a cero para el Murcia, poniendo punto final a una era preciosa y comenzando otra más oscura.