Jesús Martínez, el Real Oviedo y el modelo Pachuca: a mi manera, hasta el final
AZUL CARBAYÓN
Reflexiones tras la comparecencia dada por el máximo accionista azul tras el descenso a Segunda División
29 may 2026 . Actualizado a las 11:27 h.Sin el folclore y los titulares grotescos de aquella rueda de prensa de octubre, pero con un mensaje de reafirmación en sus ideas incluso más contundente y palmario que lo visto hace más de siete meses. Eso fue la comparecencia que ayer dio Jesús Martínez, presidente del Grupo Pachuca y máximo accionista del Real Oviedo. ¿Por qué más contundente y palmario? Porque este «¿No quieres caldo? Pues toma dos tazas» escuchado a través de un plasma llega tras la peor temporada de la historia del club en Primera División y tras un sinfín de pésimas decisiones en los despachos que afectaron al día a día del equipo tanto o más como la planificación deportiva. A mi manera, hasta el final.
Migajas de profesionalidad
Reconocer el error de traer de vuelta a Luis Carrión y reconocer el error de permitirle a Veljko Paunovic cierta libertad a la hora de fichar, ya que parece que las incorporaciones que llegaron con la firma del técnico serbio fueron las que peor salieron en esta 25/26. A partir de ahí, reafirmación. Durante 55 minutos, que no fueron más por orden directa de México a pesar de que los periodistas -y no todos- solo pudieron realizar dos preguntas, Jesús Martínez habló de lo que ya hizo y seguirá haciendo en Oviedo y, más de lo que le gustaría a cualquier oviedista, de lo que ya hizo y seguirá haciendo en México. 17 preguntas en total y muchos, demasiados, temas que se quedaron en el tintero.
«De todos modos, en mi sistema no afecta...». Así empezó Jesús Martínez cuando le preguntaron por la no contratación de Cata y la posibilidad más que evidente de que el entrenador de la próxima temporada fiche antes por el Real Oviedo que el director deportivo que, en teoría, lideraría el proyecto desde la capital del Principado y, entre otras cosas, elegiría a dicho entrenador. No se le puede acusar de mentir al patrón. La duda está en qué le ofreció Agustín Lleida al secretario técnico de Osasuna para que su desembarco en el Carlos Tartiere estuviese muy cerca de producirse. Salir de El Sadar, donde lleva nueve años sin queja y con total libertad para dirigir al lado de Braulio el rumbo de los rojillos, y meterse en un club cuyo propietario tiene esta forma de trabajar no tiene mucho sentido.
Sí reconoció Jesús Martínez que hay que «reforzar a Agustín y a Roberto», pero dejando claro el motivo. «Cuantos más elementos preparados tengamos, más elementos tendré yo para elegir mejor». Nunca nadie explicó mejor el modelo Pachuca, por algo lo inventó él. Visto lo visto, y también por lo que dejó caer el dirigente mexicano en un par de momentos de su comparecencia, este Real Oviedo igual no necesita un director deportivo. ¿Para qué? Reforzar la secretaría técnica y, con el sueldo que se iba a llevar ese supuesto capitán de lancha -el barco lo capitanea otro-, fichar varios pares de ojos que se sumen a Agustín Lleida, Roberto Suárez, Álex Díaz y Julio Llanos. Migajas de profesionalidad, por así decirlo. Algo más de lo que hay ahora, pero sin venirse arriba.
Y ojo, así ha sido desde la llegada del Grupo Pachuca en el verano de 2022. Siempre. Unos fichajes con sello de los que están en España y a los que Jesús Martínez -seguramente sin conocerlos, aunque vea mucho fútbol de Segunda, mexicano, chileno y europeo- les daba el visto bueno y otros fichajes de Jesús Martínez y Rafa Monge que en muchos casos los que están en España empiezan a conocerlos cuando están fichados y cruzando el charco en avión. Lo extraño fue lo del pasado verano, cuando un técnico -Paunovic- se puso al frente de no pocas operaciones. Trabajando así el Oviedo llegó a dos finales del playoff y consiguió el ascenso. Trabajando así el Oviedo firmó la peor temporada de su historia en Primera División. Ambos casos son fruto del modelo Pachuca.
Lo social y el creer que todo esto nació en 2012
Más allá de lo deportivo, está lo social. Hasta septiembre de 2025, el Grupo Pachuca hizo gala de una agresiva gestión comercial que, aunque dejó demasiado al margen factores emocionales de su afición y ya dio alguna pista de lo que estaba por venir, sirvió para multiplicar por mucho los ingresos en patrocinios y darle unos beneficios al Carlos Tartiere que no eran los habituales taquillazos en un posible derbi o playoff. Eso está ahí. Luego, esa gestión voraz hizo que por momentos el centenario pareciese más una ráfaga de anuncios radiofónicos que un homenaje a la historia del Real Oviedo.
Pero no nos desviemos. Un factor evidente que explica la pésima temporada del Real Oviedo fueron las decisiones tomadas desde los despachos. Casi al mismo nivel que lo visto sobre el césped o en los mercados de verano e invierno. La misma plantilla que ganó 6 partidos, marcó 26 goles en 38 jornadas y que ya había dado con sus huesos en Segunda a falta de tres jornadas por disputarse hubiese tenido un mejor rendimiento si los de arriba -despido del héroe del ascenso en septiembre, Carrión, rueda de prensa de octubre, Almada y el Valladolid, centenario- hubiesen remado un poco a favor. La misma. El modelo Pachuca se lleva viendo desde el verano de 2022, pero lo que no se había visto es esa desconexión y pasotismo con cualquier cosa que esté relacionada con el orgullo y el respeto a la afición que dicen defender y representar.
El tema de Vicente González-Villamil es otro buen ejemplo, un charco totalmente innecesario que en vez de ayudar a cicatrizar la herida existente con la afición la aviva con un poco de sal. Un charco innecesario, evidentemente por el quién pero sobre todo por el qué, que es más sangrante, ya que el Real Oviedo ya tenía y tiene embajador. Una decisión del presidente Peláez, el mismo que hace menos de un año era coreado por el oviedismo en la plaza del Ayuntamiento. Cuesta pensar que si los azules hubiesen conseguido una salvación milagrosa dichos cánticos se hubiesen repetido, y eso corresponde más a lo social que a lo deportivo.
En varias ocasiones, Jesús Martínez repitió que nadie ha puesto más dinero que Pachuca y Carso, poniendo en foco en la entrada del capital mexicano de 2012 y haciendo ver que el Real Oviedo tiene más historia que los últimos 14 años solo para dejar claro que el club llevaba más de dos décadas sin pisar Primera División. Una moda, esta del revisionismo, patente en documentales como el realizado por la televisión mexicana Claro Sports hace unos meses. Como casi todas las aficiones de España, la del Oviedo se cree la mejor. Y no lo es. Ninguna es la mejor porque es imposible de cuantificar cuál es la mejor. Eso sí, la afición del Oviedo es la que tiene más experiencia. La experiencia de caer más abajo en menos tiempo, más que cualquier club de fútbol que tuviese en su haber más de tres décadas en Primera División. Y de esa experiencia se sacó un aprendizaje, nada más y nada menos.
¿Debe esa experiencia guiar el destino del club? Pues igual no, todo en su justa medida. ¿Debe ser olvidada? Tampoco. Y el Grupo Pachuca ha demostrado en los últimos meses, en no pocas ocasiones y también por obra y omisión de los que están en Oviedo, que tampoco pasaría nada por olvidarla. Eso es lo que abrió una herida que, tras lo visto ayer a través de un plasma, parece estar lejos de cerrarse.