Una conversación con Dani Villahermosa: «Cuando David Fernández me llamó tenía claro que quería fichar por el Real Oviedo»

Pablo Fernández OVIEDO

AZUL CARBAYÓN

Dani Villahermosa, jugador del Real Oviedo, posa para La Voz de Asturias en El Requexón
Dani Villahermosa, jugador del Real Oviedo, posa para La Voz de Asturias en El Requexón Héctor Herrería

El centrocampista catalán concede a La Voz de Asturias su primera entrevista como jugador oviedista. «Seguro que te han dicho que me gusta defender y tal», le dijo Calero el primer día que hablaron

20 ago 2026 . Actualizado a las 14:13 h.

Una de las primeras cosas que hizo David Fernández cuando supo que iba a asumir la dirección deportiva del Real Oviedo -al menos la que está asentada en la capital del Principado- fue llamar a Dani Villahermosa (Barcelona, 2001). No es una exageración, fue así. Tenía claro que era el perfil que necesitaba la plantilla oviedista, algo que se entiende bien cuando sabes que fue el propio David el que reclutó a Villahermosa para la cantera del Espanyol cuando solo tenía 8 años. Tras dar un paso crucial en Castellón y asentarse en el Andorra, Dani Villahermosa está listo para ser una de las piezas importantes del Oviedo de Calero. A las puertas de la segunda jornada liguera, concede a LA VOZ DE ASTURIAS su primera entrevista como futbolista azul. 

—Casi un mes en Oviedo ya.

—La verdad que muy bien. Conociéndola un poco y muy contento. Ya sabía que era una ciudad muy bonita, vine dos veces a jugar la Oviedo CUP siendo juvenil con el Espanyol y sabía que era un sitio donde me gustaría vivir.

—¿Lo de los jabalíes en El Requexón cómo lo lleva?

—Bueno, nos habían avisado ya los jugadores que llevan más tiempo aquí. Es una ciudad deportiva especial por dónde está situada y solo es adaptarse.

—¿El primer día que llegó a la ciudad deportiva conducía?

—También me avisaron de eso [risas]. Llegué con GPS y sabía que muchos llaman de camino porque piensan que se han equivocado. De momento no me ha tocado maniobrar y los camiones se apartaron cuando me los he cruzado por la carretera.

—Vayamos al principio de todo. Estuvo 14 años en el Espanyol y se fue cuando ya sumaba tres seguidos en el filial.

—Siempre dije que mi sueño era jugar en Primera División y lo cierto es que estuve cerca en el Espanyol. Jugué tres temporadas en el filial, pero finalmente no me dieron la oportunidad y me tocó salir para buscarme la vida. Siempre he intentado dar lo mejor de mi y estar al 100% para dar pasos hacia delante.

—Penúltima jornada de la 21/22, Espanyol-Valencia. Su debut en Primera División.

—El recuerdo más bonito que puedo tener. Debutar en Primera División con el equipo de vida fue algo alucinante, un día increíble que se lo tengo que agradecer a Luis Blanco. Me conocía del filial y fue el que asumió el banquillo cuando despidieron a Vicente Moreno.

—En el verano de 2023 sale de su casa y aterriza en el Castellón de Bob Voulgaris y Dick Schreuder.

—Llegué a un club que ya estaba haciendo las cosas muy bien. Desde que entró Bob el Castellón fue para arriba y acertó con el fichaje de Dick. La gente piensa que la idea de juego del equipo de ahora es arriesgada y sorprendente, pero ni comparación a lo que era en 2023, en Primera RFEF. Ahí sí que era disruptiva, pero funcionó. Ahora es algo más conservador y mira que siguen jugando bien, pero con Dick arriesgábamos muchísimo.  

—¿A usted le fichan gracias al big data?

—No creo, la verdad [risas]. A mí me fichó Ramón Soria, diría, que es el que echa el ojo al mercado español.

—Usted siempre fue un 6 en la cantera del Espanyol, un pivote o mediocentro posicional. En Castellón cambió todo.

—Es como dices, sí. Durante toda mi etapa en la cantera del Espanyol fui un 6, un pivote defensivo. Llegué a Castellón y me inculcaron que jugase más adelante, como interior, y que rompiese al espacio e hiciese muchos esfuerzos de ida y vuelta. Poco a poco me fui adaptando, pero me costó, porque estaba acostumbrado a ser un pivote que veía todo el juego de cara y pasar de eso a recibir casi siempre de espaldas no es sencillo. Aprendí muchísimo. A fin de cuentas, también me sirvió para encontrar mi sitio en el fútbol profesional, porque es una realidad que para ese puesto de mediocentro posicional los entrenadores muchas veces buscan perfiles más físicos y esto me ha ayudado a ganar registros. Ahora ya puedo decir que incluso me gusta más esto que cuando era pivote.

—Imagino que fliparía cuando empezó a entender lo que pretendía Schreuder.

—Fue la temporada más enriquecedora de mi vida, seguramente. También porque salí de casa por primera vez. Me pilló por sorpresa lo que me encontré, no sabía la idea de juego del entrenador y claro, flipas. Recuerdo que en pretemporada nos ponía vídeos de su último equipo en Holanda, de lo que hacía allí y quería intentar aquí, y nos mirábamos asustados. Salían de atrás haciendo paredes, todos los jugadores rompían al espacio, partidos de seis o siete goles… Pensábamos que era imposible hacer eso en una categoría como Primera RFEF y lo hicimos. Arrasamos.

—Tras el ascenso a Segunda pierde protagonismo en Castalia.

—Pues decisiones técnicas, poco más. No contaron tanto conmigo como la temporada anterior y me tocó decidir. En enero del siguiente año salimos al Andorra porque quería jugar, no era momento para esperar la oportunidad y sí para buscarla.

—Desde fuera, el Andorra parece el lugar ideal para jugadores asociativos. Por filosofía de club, perfiles de entrenadores y la poca presión del lugar.

—Sin duda. Es un escenario perfecto para la gente joven que quiere conseguir minutos en un entorno futbolístico que le favorece. Tanto en Primera RFEF como en Segunda, la idea es casi siempre la misma.

—Allí ya sí que siguió siendo pieza clave en Segunda División.

—Tampoco creas que noté mucha diferencia con mi primera aventura en la categoría. Ni lo que era yo como futbolista ni lo que era la Segunda, solo que el año pasado sí apostaron más por mí y en el Castellón prefirieron otras opciones. Con más confianza, claro, pero tras ese primer año en el Castellón creo que era el mismo futbolista.

—¿En qué momento conoce a David Fernández, director deportivo del Real Oviedo?

—Conocerlo como tal yo lo conocí en mi temporada en el cadete A, cuando fue mi entrenador. Hicimos un año increíble. Eso sí, él me conocía de antes, porque fue el que me puso el ojo y me fichó cuando solo tenía 8 años y jugaba en la Guineueta, el equipo de mi barrio. Primero me llevó al Espanyol siendo benjamín de primer año y luego me entrenó en cadetes, así que viene de largo esto.

—Cuénteme cómo se gestó el fichaje.

—Cuando David ya lo tenía todo cerrado con el Oviedo y sabía que iba a venir aquí me llamó y me dijo que me quería. Esa llamada me hizo mucha ilusión y ya pasó a ser mi primera opción, tenía claro que quería fichar por el Oviedo. Hice una buena temporada en Andorra y tampoco en ese momento estaba obsesionado con salir, no tenía nada en mente y estaba a gusto, pero vino el club perfecto para seguir progresando. Todo encajó.

—¿Qué club se ha encontrado?

—Lo primero que me sorprendió fue la afición. No voy a ser original aquí. Me puse vídeos de todo, de partidos, del ascenso, de las celebraciones… Es una locura cómo se vive aquí. El Oviedo lleva años haciendo las cosas bien, también antes de ascender, y está siendo lo que esperaba.

—No tiene Julián Calero la etiqueta, por así decirlo, de ser entrenador de centrocampistas de su perfil.

—Recuerdo que justamente eso fue lo primero que hablé con él. «Seguro que te han dicho que me gusta defender y tal», me dijo, pero me aseguró que todo lo contrario. Es un entrenador que si puede le gusta someter al rival a través del balón, pero para él es fundamental ser verticales y no dar pases por dar. Si tienes a tu disposición un pase que puede hacer daño, no se la des al que está al lado, esa es su filosofía. Ese juego de ir al espacio y sorprender desde segunda línea es algo que llevo haciendo desde el Castellón y en muchas situaciones del juego Calero me pide lo mismo. Me resulta familiar, de verdad.

—¿Y qué tal el míster en las distancias cortas?

—No esperaba que fuese alguien tan cercano, la verdad. La primera impresión ha sido buenísima y desde el primer día está muy implicado en que la cohesión del grupo sea la mejor posible.

—En el día a día están trabajando muchos aspectos ofensivos del juego. En ocasiones se piensa que solo se ensaya la presión y la defensa, pero no.

—Se trabaja, sin duda, más de lo que la gente piensa, pero creo que lo más importante para mejorar en ese aspecto es el tiempo. Cuantos más minutos pases sobre el terreno de juego con esos compañeros, mejores van a ser las asociaciones y más entenderás lo que te pide cada situación del juego. Conocer al que está tu lado lo es todo y eso se consigue entrenando y, sobre todo, compitiendo.

Dani Villahermosa, jugador del Real Oviedo, posa para La Voz de Asturias en El Requexón
Dani Villahermosa, jugador del Real Oviedo, posa para La Voz de Asturias en El Requexón Héctor Herrería

—¿Cómo es ese reparto de tareas entre Alberto Reina y usted, por ejemplo?

—No es que Reina pueda tener un rol y yo otro, creo que ambos podemos hacer de todo. Somos complementarios y podemos hacer las mismas cosas, tanto ayudar en la base como llegar a los últimos metros, es algo difícil de defender para los rivales.

—Aldasoro y Reina ya eran muy conocidos para todos, pero Youness y Enzo Pérez no tanto.

—A Youness lo conocía del año pasado, pero verlo en el día a día me ha sorprendido. Abarca mucho campo y recupera, pero tiene muy buen trato de balón y tener un pivote así nos da la vida a los que estamos por unos metros por delante.

—Enzo Pérez.

—Me ha sorprendido más, claro, porque no lo conocía de nada. Me recuerda a mí cuando empecé a subir con el primer equipo del Espanyol. No se arruga, tiene personalidad y calidad para estar con nosotros y que no se noten sus 17 años.

—La 25/26 fue una temporada muy dura, más allá del descenso. ¿Cómo respira ese vestuario? ¿Queda algo de aquello o se ha empezado de cero?

—La verdad es que noto lo segundo. No sé si es un cambio de chip porque lógicamente soy nuevo y no sé lo que se vivió antes, más allá de ver cómo iba el equipo desde fuera, pero no veo a nadie saturado o quemado. El vestuario está muy metido, con la mente limpia y con mucha ilusión y ganas de asumir este reto.