Roberto Aguirre, técnico del Vetusta: «Desde que se decidió que Enzo Pérez entrenaría con el primer equipo sabía que no volvería con nosotros»

Pablo Fernández OVIEDO

AZUL CARBAYÓN

Roberto Aguirre, técnico del Vetusta
Roberto Aguirre, técnico del Vetusta Real Oviedo

El técnico del filial del Real Oviedo se sienta con LA VOZ DE ASTURIAS para analizar este inicio de temporada, varios nombres propios y su etapa en el banquillo azul. «Nunca pensé que podía llegar a disfrutar tanto de un proyecto»

15 oct 2026 . Actualizado a las 21:46 h.

La grada de El Requexón, desde la que se ve tanto el campo nº1 como el nº2, sirve de escenario perfecto para charlar de fútbol en general y del filial del Real Oviedo en particular. Tras dos años y medio al frente del Vetusta, el técnico Roberto Aguirre (Candamo, Asturias; 1968) atiende a LA VOZ DE ASTURIAS. Y no faltan temas sobre la mesa. La renovación veraniega del filial, su lugar en el proyecto carbayón, el inicio de curso -los azules suman 10 puntos y están a cuatro del liderato- y varios nombres propios: desde el impacto de Enzo Pérez en el primer equipo carbayón a la llegada al filial de jugadores jovencísimos como Xavi Vicente y Enzo Cazorla. 

—Estamos aquí sentados y no puedo no preguntarle por el césped donde entrena el Vetusta. No parece estar muy bien.

—Está claro que la calidad de las instalaciones favorece el día a día y ya desde pretemporada el campo ha estado irregular. Lo llevamos de la mejor forma posible. Se está avanzando en las obras del Tensi y creo que eso nos ayudará a darle descanso al césped de aquí sacando algún entrenamiento. Somos dos equipos trabajando aquí, vino un verano caluroso y bueno… Intentamos de todas maneras no sacar excusas para completar las sesiones de la mejor forma posible. En el fondo somos unos privilegiados, porque habría que ver las condiciones en las que entrenan muchos de los equipos de la categoría. Nosotros tenemos más privilegios que otros, aunque nos quejemos de que pueda estar mejor el césped.

—Vamos con el fútbol. ¿Este Vetusta 26/27 es más filial que nunca? Al menos de momento, mucho ida y vuelta, poco control...

—Lo veo igual. Me gusta esa definición de “muy filial”. Primero por edad, se ha producido una incursión de chicos muy jóvenes. El otro día ante el Rayo Cantabria fueron titulares tres juveniles y la edad media del once creo que estaba en unos 19 años y algo. Luego a nivel de funcionamiento hace también que durante el partido haya muchos vas y vienes, mucha ida y vuelta. Esto hace que los encuentros tengan diferentes fases y eso es más o menos natural en equipos tan jóvenes. Intentaremos ir asentando los puntos más débiles para que podamos convivir en un filial, pero algo más armado en todo. Intentar que se vayan haciendo a la exigencia de la categoría de forma más estable.

—¿Busca solucionarlo o adaptarse y fomentarlo?

—Bueno, al final es parte del proceso. Nosotros tenemos un objetivo muy claro, y es intentar que cada jugador llegue a su pico más alto de rendimiento durante la temporada. Hay unos que lo consiguen y lo mantienen durante más tiempo, otros menos. Buscamos, desde la parte individual, ese proceso de desarrollo de cada chico para alcanzar su pico. Luego, con esto, hay que conseguir que se pueda enriquecer el colectivo. Unas veces es inestable, consigues los de unos, pero no los de otros, y la idea es estabilizarlo todo y encontrar el paralelismo en todos para que el equipo tenga estabilidad. Luego, a nivel de funcionamiento colectivo, buscamos dotar a los jugadores de herramientas para que puedan manejar los partidos durante el mayor tiempo posible. Hay partes que son para ti y otros para el rival, y cuando pasa lo segundo tenemos que intentar ser algo más fiables.

—¿Llevar este tiempo entrenando a un filial le ha hecho no mirar tanto el resultado y fijarse en otras cosas?

—Hay cosas que sí son diferentes. Entrenar a un filial requiere tener mucha expansión a nivel de trabajo. Es muy importante, vuelvo a lo de antes, conseguir que cada jugador consiga alcanzar su pico de rendimiento. En los filiales la mayoría de los jugadores son elegidos, por así decirlo, con su cuota de talento. Y eso es muy importante revalorizarlo a nivel de equipo. Darle ese punto de autonomía al jugador para que pueda exportar al máximo su condición, su técnica, su talento. Siempre y cuando sea para el bien del equipo. Como entrenador pienso que debo adaptarme al equipo y buscar ese desarrollo de cada futbolista, llevarlos a un marco en el que no estén cómodos y reduzca las posibilidades del jugador solo porque pienso en una idea de equipo muy concreta no ayuda.

—¿También durante los partidos?

—Cuando estás en un filial, incluso a la hora de alinear o hacer cambios durante los partidos, no siempre priorizo el resultado de ese partido. Priorizo la movilidad de la plantilla. Puedo empezar a preparar un plan de partido y pensar que unos jugadores son los indicados por el momento y por el rival, pero a la vez pienso que me gustaría dar entrada a estos dos que están jugando menos. Eso pasa en un filial. Buscamos ganar, está claro, pero estar aquí te exige ampliar la mirada. En otros proyectos solo piensas en cada partido y en el resultado de dicho partido, aquí no. Intentando no poner en mucho peligro el resultado, claro, pero sí priorizo a veces ese punto de tengo ganas de meter a este que viene entrenando bien o a este otro que lleva unas semanas desenganchado.

—Este ha sido el verano en el que la reconstrucción del Vetusta ha sido más exagerada.

—Nos ayudaron mucho los test de pretemporada, fíjate. Nos dieron confianza, salieron muy bien y vimos una versión muy buena de cada chico muy rápido. Sí es verdad que el cambio ha sido grande, es otra plantilla prácticamente. Veníamos de trabajarlo todo de memoria y por eso también el salto de categoría fue más o menos sencillo, porque el modelo de juego estaba muy asimilado. Con los cambios de este verano sí entendía que todo iba a llevar más tiempo, con unos días buenos y otros malos. Dentro de esa inquietud inicial, fui viendo cómo se comportaban desde el primer día de pretemporada y me dieron confianza para afrontar la competición.

—¿Cómo gestiona el apartado anímico en esos futbolistas que parece que van a dar el salto y luego regresan? Espi hizo la pretemporada con el primer equipo y volvió, Guille Berzal también y luego se marchó.

—Es otro de los asuntos a gestionar en los filiales. Al final todos los jugadores tienen sus expectativas y sus miras. Algo que detecté muy rápido en el comportamiento en general desde que aterricé en el filial es la inestabilidad emocional que tenían los chicos en situaciones como las que comentas. Pero ojo, también en otras tan básicas como las del propio rendimiento. Salir mal de un partido cuando no te salen las cosas veía cierta debilidad, al final por edad son personalidades que se están forjando todavía. Una de las más agudas era cuando veían posibilidad de llegar al primer equipo y se frenaba por cualquier circunstancia.

—Es que pasa mucho.

—Ese tipo de situaciones debilitan mucho al jugador, por eso tratamos de trabajar mucho desde lo individual, para que entiendan que hay procesos y hay momentos. Hay chicos que, inesperadamente, les puede llegar el salto por diversas causas, y hay otros a los que no les llega dicho salto. Intentamos orientarles para que comprendan que no todo llega en el momento que uno quiere, que aparecen por la suma de determinados factores. Gestionarlo con normalidad, básicamente, y dotarles de herramientas para que sepan cómo moverse sin que actúen a la tremenda. «Lo dejo», «me voy», «aquí no cuentan conmigo». Ese tipo de comentarios existen y son equivocados, intentamos hacer que tengan una visión más amplia de cada situación.

—Siempre hay mucho debate sobre la cantera, en el fútbol en general y en el Real Oviedo en particular. ¿Cómo lo ve desde su posición?

—Ahora mismo hay cuatro chicos en el primer equipo que estaban el año pasado en el Vetusta. Tenemos a Miguel (Narváez) y Enzo, que ya han jugado como titulares, y a Marco Esteban y Dieguito. Creo que es un impulso importante al valor que está cogiendo la cantera del Real Oviedo y muchos de esos jugadores llevan toda la vida aquí. Los que convivimos día a día con los chicos muchas veces vemos que hay jugadores con condiciones con capacidad para estar arriba, lo ves, pero luego hay que ponerse también en la posición de los que tienen que tomar decisiones. Y ahí se juntan muchas cosas. Creo de verdad que hay sensibilidad por la cantera en el club, veo inquietud e interés. Hay momentos en los que se toman decisiones y se producen los saltos, como más o menos pasó este verano. Otras en las que no. Es un tema más complejo de lo que parece y en nuestro caso lo importante es hacer un buen trabajo y preparar a los chicos lo mejor posible para que estén preparados por si les dan esa oportunidad. Es un buen momento el actual en la cantera del Real Oviedo.

—¿Cuenta con Marco Esteban y Dieguito en algún momento o no se contempla?

—En principio son futbolistas de la primera plantilla y de momento no. Lo que me consta, al menos, es que no van a bajar. Están funcionando como jugadores del primer equipo desde el verano y no hay orden de contar con ellos, no sé cómo será en un futuro. Solo puedo hablar de ahora y ahora no son opción para el filial, desconozco el futuro.

—¿Cómo lleva el ‘boom’ de Enzo Pérez en el primer equipo?

—Lo llevo con emoción. Es un chico que vino al Vetusta hacer la pretemporada el año pasado y desde el primer momento su rendimiento fue buenísimo. Tuvo el problema del hombro y salió de la lesión con una fuerza mental impropia de un chico de su edad y ahora estoy viendo que en el primer equipo está exactamente igual. Las alturas no le dan ningún tipo de miedo y las condiciones son los que son, muy buenas. Esté en el marco en el que esté, compite y saca su máximo nivel. Está viviendo un sueño y me alegro de que esté aprovechando la oportunidad. A veces los chicos tienen muy buenas condiciones, llegan a ese escenario y desaparecen, porque no es fácil, pero Enzo no. Ha dado el salto con éxito y muy pronto. Lo veo un futbolista de importancia en el primer equipo ya desde ahora hasta el final de su trayectoria en el Real Oviedo.

—¿En qué momento pensó que ya no volvería por el filial?

—Desde el primer día. Desde que decidieron subirlo a hacer la pretemporada, si algo tenía claro es que Enzo no iba a volver. Insistía mucho a la secretaría del club en perfiles de centrocampistas porque sabía que ahí perdíamos un recurso muy importante. Vamos, tienes ahí testigos en las oficinas [risas]. Desde el primer momento. Y no era por protegerme a mí, que los entrenadores muchas veces somos así, pero es que sabía que iba a tener muchas posibilidades de quedarse en el primer equipo.

—Otro que ya ha debutado es Miguel Narváez, que durante dos temporadas fue clave en su Vetusta.

—Fue muy importante, en todos los sentidos. Demostró una madurez tremenda desde el primer día. Veo en él una fiabilidad total, sabía que cuando le tocase actuar iba a dar un comportamiento estable seguro, más allá de que saliese bien el partido o no. Por su carácter y por su inteligencia cuando está en el campo. Tiene una dificultad añadida, que es que tiene por delante al mejor portero de la categoría, pero creo que, en Elda, más allá de la derrota, su actuación fue destacable. Demostró estar preparado y lo veo asentándose en el primer equipo. Portero solo juega uno, claro, pero Miguel es fiable.

—Antes le preguntaba por cómo gestionar a esos jugadores que creen que el salto o que el final de su etapa en el filial puede estar cerca. La generación de 2005, por ejemplo, ya lleva años. Cheli es uno de ellos.

—Su nivel y su importancia en el equipo es altísima. Lo veo, seguramente, como el jugador con más jerarquía dentro del equipo. Cheli es un jugador que te aporta en todas las facetas del juego, con mucha calidad y capaz de dar un nivel altísimo. Somos un equipo en el que no predomina el físico y el músculo y él aporta mucho. Está actuando con mucha autoridad. Siempre lo vi con esa capacidad, aunque siempre necesitamos que esté físicamente muy fino para lograrlo, porque es un jugador de esfuerzo muy altos, de muchos duelos, de hacer sobresfuerzos cuando protege el balón ante el rival y luego sale en conducción. Retiene el balón tanto que ahí se incrementa el esfuerzo y eso genera un desgaste acumulado a lo largo de la temporada. Ahora está a un gran nivel y por eso es uno de los destacados.

—De los 50 goles marcados el año pasado por el Vetusta, ya no están los autores de 39. De la Hera tuvo su momento hace unos meses y ahora parece que Jaime Coballes sale del cascarón.

—Lo veo. Cuando conocí a Coballes en juveniles aluciné con su calidad y su talento. Me pareció buenísimo. Cuando dio el salto al filial es verdad que el primer año tuvo problemas con las lesiones, se lesionó en la pretemporada y luego se perdió la mitad del curso. La pasada temporada le costó encontrar su máximo nivel, había mucha competencia en la plantilla y a veces los jugadores si no se ven importantes bajan esa confianza y les hace estar por debajo de su rendimiento. Siempre les digo que se olviden de jugar más o menos partidos, que buscamos ese pico de nivel en todos. Trabajamos mucho con él a nivel físico, porque quizá donde más dudas generaba era en ese aspecto, pero él también se puso el mono de trabajo. Consiguió grandes mejoras en ese entrenamiento invisible, fuera del campo. Llegó a la pretemporada más fino que nunca, con más chispa y más resistente que nunca.

—Y eso repercute en su juego.

—Ya no se cae tanto en los partidos, aguanta los choques, tiene equilibrio. Repitiendo esfuerzos y todo, algo que le costaba. El otro día en Santiago empezó el segundo tiempo en banda izquierda y tuvo capacidad para hacer daño. Está en un gran momento, dando el mejor nivel de siempre. Es que incluso en los datos defensivos está siendo el más eficaz de centro del campo en adelante, cosa que antes era impensable. Está ganando nivel y recursos, dándonos muchísimos.

—Se esperaba que Arturo Arribas y Marcos Sánchez estuviesen en el filial, no tanto lo de Xavi Vicente y Enzo Cazorla, juveniles de segundo año. ¿Cómo surge?

—Bueno, sabía desde hacía meses que se iban a incorporar a la pretemporada. En principio era lo de Enzo Pérez el año pasado, venían para eso y ya. Pero claro, los tiras ahí en el campo y ves el nivel que dan, lo que aportan al equipo y las habilidades que tienen y muestran ante equipos potentes durante la pretemporada, y no dudamos. Ante una dificultad tremenda, incluso en ciertos momentos del partido marcaban diferencias, cada uno desde su posición. No resultó difícil decidir que se quedasen con nosotros. La decisión la tomaron ellos con su rendimiento, básicamente. Los veo con un nivel de influencia alto en el equipo y dirían que van a ser capaces de estabilizar ese rendimiento durante la competición.

—Es la primera vez que apuesta por un central tan joven y sin apenas experiencia. ¿Se gestiona de forma diferente el tema de la edad en una demarcación así?

—Intento no ser muy destructivo donde pueden tener ellos debilidades. Hay que potenciar las habilidades y eso les da confianza para actuar sin miedo. Cuando actúas sin miedo, el rendimiento se incrementa. En su día, en una temporada en el Zamora, tenía una plantilla con gente muy joven en la defensa y siempre me quedé con el recuerdo de que los chicos pueden cometer errores por falta de experiencia y por eso siempre quise tener ahí un punto de veteranía, pero también que si dibujabas un marco de confianza el jugador joven se puede crecer ante la dificultad. Ahí está el momento del desarrollo. Es normal que un juvenil de segundo año pierda duelos ante futbolistas de 30, pero esas situaciones les sirve para crecer y ganar en inteligencia para salir de situaciones nuevas. Es un estímulo para acelerar el aprendizaje y le está pasando a Xavi. Es muy importante confiar, porque cuando confías en ellos, los chicos se crecen. Tenemos que hacer esfuerzos para trasladar esa confianza.  

—Su primer año como juvenil fue buenísimo, pero esto es otra cosa. ¿Le está sorprendiendo el impacto de Enzo Cazorla?

—Bueno, entendía que el talento lo tenía. Lo había visto, pero es verdad que me sorprendió su aportación en pretemporada. Me sorprendió incluso los registros que podía dar. Recuerdo verle el año pasado en un partido del juvenil B en Grao, ante el Mosconia. Ellos todos de tercer año, con un físico más potente que lo que teníamos nosotros en el filial, vaya. Enzo estaba en la izquierda y con muchas vigilancias puestas en él con la clara misión de que no tocase el balón y no participase. Y en un campo pequeño, de hierba sintética. Cada vez que participaba, la jugada acababa en peligro. Siempre. No lo podían parar. Conseguía llevarla al área, asociarse por dentro, salir de los duelos individuales… Ahí vi que no tenía temor a lo que podía tener enfrente y que tenía capacidad para resolver.

—Era Liga Nacional, claro.

—Claro, pero es que volví a ver eso este verano, contra rivales de muchísimo nivel. Recuerdo contra la Ponferradina, que solo lo podían parar con faltas. Lo vi con una superioridad en el juego ante rivales de potencial y realmente me sorprendió. Incluso sin balón lo vi con un comportamiento táctico inteligente y capacidad para ser resolutivo en la presión. No esperaba que tan rápido mostrase esto. Y vaya si lo está mostrando. No pasa desapercibido e incluso se muestra diferencial, en todos los partidos. Toda acción que llega al área rival en la que participa él acaba en peligro.

—Siempre digo que es muy bonito de ver, pero es que también es venenoso en todo lo que hace.

—Totalmente. Es muy influyente, esa es la palabra. Cuando toca el balón te puede girar y encontrar el pase, te anula una línea de presión del rival, ve siempre el pase favorable. Cuando invade campo rival, pasa algo. Y luego tiene el duelo individual, sale del regate con visión alta y esa capacidad de tomar la mejor decisión. Las situaciones que crea, también. Le hacen una cantidad de faltas tremenda, todos los partidos estamos incidiendo en las faltas frontales porque en todos los partidos las saca. Incluso penaltis, que a veces no los pitan. Agita tanto a los rivales que los llega a desarmar y recurren a la falta. Me gustó lo de venenoso, es algo que tiene.

—Por edad, las redes sociales forman parte de su día a día, él y sus amigos conviven con ello con naturalidad. Y es hijo de quien es, claro. ¿Cómo lo gestiona?

—La verdad es que, aquí dentro, se lleva todo con mucha normalidad. Lógicamente su padre es quién es y eso está ahí, no pasa desapercibido, pero sí noto esa naturalidad. Claro, conociendo también la personalidad de Santi, que con todo lo que representa y con todo lo que ha significado en el fútbol y en la sociedad es como es, receptivo y cercano con todos. Viendo al padre cómo llevó su éxito, veo a Enzo llevando con naturalidad su situación actual y lo que pueda llegar en un futuro. Aquí dentro lo veo muy discreto, callado incluso. No veo rasgos por los que preocuparse. Es muy joven, pero lleva tiempo acostumbrado a lo que le rodea por la posición del padre, y por eso también está muy bien educado para gestionar todo de manera adecuada.

—Acabemos con unas más personales. ¿Se imaginaba cuando llegó en abril de 2024 seguir aquí a estas alturas?

—Nunca pensé que podía llegar a disfrutar tanto de un proyecto, sinceramente. Entrenar es para mí una satisfacción enorme y tengo pasión por esto, por mi trabajo, pero nunca pensé que podía salir todo tan bien y que lo iba a disfrutar tanto. Es uno de los momentos más felices de mi carrera, sin duda. Disfruto con los equipos, con los chicos, y estoy feliz en el club. Siempre hemos ido con viento a favor, eso está claro, pero es así. Estoy feliz. Uno siempre entra en un proyecto con esperanza e ilusión para hacer un buen trabajo y cumplir con los objetivos, pero nunca creí que pudiese salir todo tan bien en esta dimensión como la del Real Oviedo.

—¿Un entrenador de filial debe tener fecha de caducidad? Se han visto casos de todo tipo.

—Miguel Álvarez, por ejemplo, es un ejemplo a seguir. Estuvo ocho años en el Villarreal B y ya lo admiraba ya desde hacía mucho tiempo, cuando estaba en el Alcorcón. Todo depende del trabajo que haces, de cumplir con los objetivos que te marquen y, sobre todo, del grado de motivación del entrenador por estar en el marco en el que está. Independientemente de que sea un filial o no, los entrenadores se pueden desgastar y se pueden cansar, nos ha pasado a todos. Cuando el entrenador está donde quiere estar, motivado y estimulado con el proyecto, quién sabe. Si tienes pasión no hay fecha de caducidad, o no hay que marcarla al menos. Ahora mismo tengo todos esos ingredientes.

—¿En un futuro se ve en otro puesto en el club? Fuera de los banquillos, por ejemplo.

—Me gustaría ser un Pellegrini [risas]. Estar ahí incombustible y entrenar lo más lejos en el tiempo posible. Soy muy del momento, de centrarme mucho en el ahora e intentar hacer bien mi trabajo. Es lo que me obsesiona. No miro mucho al futuro, aunque todos tengamos nuestras ilusiones. Desde siempre me ha gustado tener el foco en el momento. No sé lo que puede pasar mañana y lo llevo a cabo hasta en el trabajo diario. No pienso ni en el partido del domingo, pienso en el entrenamiento de mañana. No sé lo que me deparará el futuro ni pienso en ello. Cuando entré en el Oviedo no pensaba en que pudiese estar aquí ahora, son situaciones que van apareciendo. El resultado de esos momentos son los que van haciendo camino, unas veces puedes elegir y otras no.