Desde Campiello al consistorio de Pola de Allande

La quinta etapa, una ruta de 14,3 km, deja a la elección del peregrino tomar la variante de Hospitales. Los caminantes pueden visitar enclaves como la iglesia de San Roque, el castro de San L.luis, el palacete de Ramos Ron o el Palacio de Cienfuegos, entre otros

Un grupo de peregrinos se dirige hacia Borres.
Un grupo de peregrinos se dirige hacia Borres.

Redacción

Lo que hay que hacer

Salir de Campiello es fácil: sólo hay que seguir la carretera general, retomando el sentido que traíamos a nuestra llegada, y no tardaremos mucho en llegar a El Fresno, donde una pequeña ermita esconde una talla románica de María Magdalena que merece unos minutos de nuestra atención. Pasamos por El Espín antes de tomar a mano izquierda la carretera local que se dirige a Pereda, Orrea y Sangoñedo, y unos pocos metros después la dejaremos para introducirnos en una senda que nace a la derecha y que, en un agradable paseo, nos llevará hasta Borres. El pueblo trae consigo la primera pendiente de la etapa, porque hay que subir un buen trecho hasta llegar a la parte alta de la aldea -conviene detenerse y volver la vista para sobrecogernos ante el espectáculo que dibuja todo aquello que ya hemos dejado atrás- y dar después con la pista forestal que nos llevará hasta un doble mojón en el que se indica que, llegados a este punto, el itinerario se bifurca: podemos seguir por el Camino «oficial» o decantarnos por la llamada «variante de Hospitales», de la que hablaremos más adelante.

Un rincón para el descanso.
Un rincón para el descanso.

Si elegimos la dirección de Pola de Allande, continuamos caminando en línea recta hasta llegar a la aldea de Samblismo, preludio de una pista pavimentada que nos llevará a La Mortera, donde habremos de cruzar el río y ascender después una nueva senda que nos deposita en la carretera. Este trecho de la etapa puede poner a prueba la paciencia de más de un caminante: las señales están bastante espaciadas y el hecho de que el itinerario se vaya repartiendo entre senderos y carretera puede provocar que en más de una ocasión alberguemos la razonable duda de si están o no siguiendo la dirección correcta. Sabremos que venimos siguiendo el rumbo adecuado cuando nos veamos en Colinas de Arriba, que se inscribe dentro de la parroquia de Santiago de Cerredo. Desde aquí abandonaremos una vez más la carretera para tomar un sendero que nos conducirá hasta el puente sobre el río Villaverde, el cual da paso a una pista que lleva de nuevo a la carretera. Por sus arcenes llegaremos al alto de Porciles. El pueblo, presidido por una pequeña y coqueta ermita dedicada a San Roque, constituye el preludio de la parte más complicada de la etapa. Cuando parece que todo está casi hecho, y una vez se ha recorrido el sendero que nos desciende a las profundidades por las que discurre el río Porciles, una inesperada y fortísima subida nos va elevando de forma tan brusca que incluso en un pequeño trecho hay dispuestos unos ínfimos escalones que ayudan a salvar el diabólico desnivel. El esfuerzo termina en el alto de Lavadoira, donde el municipio de Tineo para dar paso al de Allande y donde nace una senda en descenso que supondrá la última prueba de fuego de la etapa. Se trata de una bajada continuada de unos tres kilómetros que conviene hacer con tino para no castigar demasiado los gemelos y que tras superar Ferroy y el regueiro del Caleyo nos dejará a las puertas de Pola de Allande. El Camino entra en la localidad por la avenida de América, se mete después por Alcalde Ramos y desemboca en el centro por la calle Mayor para dejarnos frente a la casa consistorial de una de las villas con más sabor del suroccidente asturiano.

La aldea de Porciles, con la iglesia de San Roque en primer término.
La aldea de Porciles, con la iglesia de San Roque en primer término.

La variante de Hospitales [Borres-Berducedo: 25,8 km]

Como se ha dicho, una vez superado Borres el itinerario ofrece la alternativa conocida como «variante de Hospitales». Se trata de la ruta que seguramente siguieron los peregrinos primigenios tal y como demuestra su propio nombre, que hace alusión a los hospitales de peregrinos, hasta cinco, que se levantaban en su recorrido. Hoy se conservan las ruinas de dos, el de Fonfaraón y el de Valparaíso, y casi se puede decir que constituyen, junto con las huellas de los propios peregrinos, el único rastro que delata una cierta presencia humana en la zona. La pregunta suele acechar en todos los albergues, sobre todo a medida que la ruta se va acercando a Tineo: ¿puerto del Palo u Hospitales? Los defensores del Palo argumentan que el de Hospitales es un paso especialmente duro y que el ahorro de una etapa (quienes opten por esta vía no tendrán que pernoctar en Pola de Allande porque se dirigirán directamente a Berducedo) no compensa todo el sufrimiento que pueden acarrear esas altitudes. Quienes se confiesan partidarios de Hospitales replican que más dura es la subida del Palo porque en ella el desnivel se acumula en unos pocos kilómetros, mientras que en Hospitales el ascenso es gradual. Lo único cierto es que lo ideal sería hacer las dos, porque ambas ofrecen un soberbio espectáculo paisajístico capaz de reconciliar con el mundo a la mentalidad más derrotista. No obstante, cabe decir que la variante de Hospitales, que cuenta con una señalización perfectamente adecuada a sus exigencias, sólo debería hacerse en días de cielo diáfano y escaso o nulo riesgo de precipitación o climatología adversa: realmente el itinerario discurre a mucha altura -en más de la mitad de su recorrido lo hace por encima de los 1.100 metros- y no hay en toda la ruta un solo núcleo habitado en el que nos puedan prestar auxilio en caso de necesitarlo, así que vale más minimizar todos los riesgos que pudieran darse. Se han dado casos de peregrinos que optaron por pasar la noche en medio de la ruta, provistos únicamente de un saco de dormir: su hazaña se saldó sin ninguna clase de problemas, pero cabe señalar que no es lo más aconsejable.

El Camino, a punto de llegar a la encrucijada de Hospitales.
El Camino, a punto de llegar a la encrucijada de Hospitales.

Lo que hay que ver

Hay en los alrededores de Pola de Allande vestigios que hablan de la presencia humana en el periodo castreño (el famoso castro de San L.luis), y también ejemplos notables de arquitectura románica como el que nos depara la iglesia de Santa María de Celón, que datada en el siglo XI alberga en su interior pinturas murales y un Cristo del siglo XV digno de contemplar. El inconveniente es que nada de esto queda a mano del peregrino, que además tiene ante sí el inicio de las etapas más difíciles del Camino Primitivo. No obstante, cabe advertir que Pola de Allande (o La Puela, como se la llama en asturiano) es uno de esos lugares que, sin tener ningún elemento verdaderamente singular, resultan especiales por el encanto que desprenden en su totalidad. Vale la pena pasear demoradamente por las calles de la villa, dotada con todos los servicios, y dejarse sorprender por los ejemplos de arquitectura indiana, todos ellos datados en los primeros compases del siglo XX, que sosegadamente nos irán saliendo al paso. Iremos viendo, así, el palacete de Ramos Ron, de estilo neoclásico; la casona de los Olalla-Valledor, que tiene aires de caserío vasco; Villa Rosario, con un estilo nítidamente montañés; y la casa Las Veigas o chalet de Ramos-Valledor, de líneas modernistas debidas al arquitecto Ignacio Álvarez Castelao. En el parque del Toral, frente al edificio del Ayuntamiento -levantado por Regino Pérez de la Sala en 1907 y que también destaca por la armonía de su alzado-, se encuentra un curioso monumento al emigrante concebido por el arquitecto catalán Antonio Prats Ventós que tiene réplicas en Puerto Rico y Santo Domingo. Por último, la iglesia de San Andrés, aunque se encuentre desvirtuada por determinados añadidos modernos, se erigió en el siglo XVI y cuenta con un buen retablo manierista que presenta ciertas reminiscencias de la escuela de Berruguete.

El centro de Pola de Allande, desde el monumento al emigrante.
El centro de Pola de Allande, desde el monumento al emigrante.

El Palacio de Cienfuegos, también llamado el Palacio de Cienfuegos de Peñalba o El Palaciu, a secas, sí constituye una pieza singular dentro del patrimonio histórico-artístico de La Puela. Domina toda la villa desde una colina y se levantó en el siglo XIV, aunque fue reedificado en el XVI por el nuevo señor de Cienfuegos. Presenta una planta dispuesta en «L», consta de tres pisos y su aspecto exterior es tremendamente sobrio por las evidentes necesidades defensivas. Fue reformado en el siglo XVIII, cuando se adaptó para servir de residencia palaciega a su nuevo propietario, el conde de Peñalba. Cuenta con tres torres, de las cuales las dos más antiguas tienen planta cuadrada mientras que a la moderna, de planta rectangular, se le añadió una galería en el siglo XIX.

La bajada a Pola de Allande.
La bajada a Pola de Allande.

Comer y dormir

Como ya se ha dicho, el Albergue de Santa María de Borres (Borres, s/n; tfnos: 985 800 232 / 985 801 067) es una buena opción si no se desea pernoctar en Campiello ni llegar del tirón a Pola de Allande, o si se prevé transitar por la variante de Hospitales. También en Borres, justo a la entrada del pueblo, está El Barín, un local muy adecuado para tomar el desayuno o repostar si se llega hasta allí escaso de fuerzas. Más adelante, en Porciles, también encontramos dos establecimientos con solera, tradición y demostrada eficacia en estos lances de dar de comer y beber al peregrino. Se trata del Bar San Roque y el Bar Casa Boto. Se encuentran al pie del Camino, al principio y al final del pueblo respectivamente, por lo que no hay pérdida posible.

Vista parcial de Pola de Allande.
Vista parcial de Pola de Allande.

El Albergue de peregrinos de Pola de Allande (avda. de América, 46; tfnos: 985 807 137 / 637 190 192) se encuentra a la entrada de la villa y dispone de todas las comodidades. No obstante, el pueblo ofrece más opciones para pasar la noche, como el Hotel Lozano (avda. de Galicia, 5; tfno: 985 807 102 / 985 807  768), que también dispone de cafetería y restaurante. En general, en Pola de Allande hay excelentes fogones, pero sería un pecado pasar por esta villa sin detenerse en La Nueva Allandesa (c/ Donato Fernández, 3; tfno: 985 807 027). Tienen habitaciones económicas, cómodas y aseadas, y sobre todo disponen de un restaurante de amplia fama en toda Asturias que no deja de sorprender con sus especialidades culinarias. El menú del peregrino incluye una amplia muestra de ellas a un precio más que razonable: el pote asturiano, el pastel de verduras y los repollos rellenos de ternera constituyen tres delicias que devuelven la entereza al cuerpo y al espíritu y preparan al caminante para las duras pruebas que le aguardarán a partir de la próxima etapa.   

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