Del puente de Lugo al de Ferreira

La etapa número 11 enlaza ambas localidades, que cuentan con sendas pasarelas, y descubre algunas iglesias y santuarios romanos

Puente romano de Lugo.
Puente romano de Lugo.

Oviedo

Lo que hay que hacer

Dos itinerarios nos conducen a las afueras de Lugo. Como ya hemos dicho, el Camino entra en la ciudad por la Puerta de San Pedro y recorre la calle del mismo nombre para desembocar en la plaza Mayor. Una vez allí, desciende las escaleras del Poeta Luis Pimentel para encontrarnos con la catedral. La primera de las posibilidades que se nos ofrecen consiste en caminar pegados a la basílica por la Rúa do Bon Xesús hasta llegar a la plaza de Pío XII y, una vez ahí, salir de la muralla por la Puerta de Santiago o del Postigo, una de las que ya formaban parte de la construcción romana. La otra vía, la que respeta el itinerario original del Camino, también respeta el eje de la Rúa de San Pedro y la plaza Mayor, pero cambia las tornas en cuanto desciende las escaleras que conducen al exterior de la girola catedralicia. Una vez allí, en vez de seguir adelante por Bon Xesús, se desvía hacia las escaleras que llevan a la plaza del Obispo Basulto para desembocar en la Rúa da Cruz y girar a la izquierda hacia la Praza do Campo. La Rúa y la Travesía dedicadas al Río Miño conducen a los peregrinos hacia la llamada Porta Miñá, la más antigua de la muralla y en cuyas proximidades se levantó en tiempos el Hospital de San Miguel, lo que explica su importancia en las rutas jacobeas. Quienes sigan este itinerario habrán de recorrer una vez extramuros la Ronda da Muralla en dirección a la Rúa de Santiago, donde confluyen las dos rutas que alejan a los peregrinos de la vieja Lugo.

Un trecho del Camino.
Un trecho del Camino.

Hay que acometer a continuación una pronunciada bajada hacia el Miño, primero por la propia Rúa de Santiago y luego por las escaleras de la Calzada da Ponte, para pasar más tarde bajo la Ronda del Carmen y la N-VI.  Quedaremos así al pie del magnífico puente romano, rehabilitado en 2013 que cruzaremos para dejar atrás definitivamente la ciudad por la Rúa Vella da Ponte y la Rúa de Fermín Rivera, que nos deja a la vera de la fuente y la capilla de San Lázaro, donde hubo antiguamente un hospital de leprosos. Tras un breve ascenso que culmina en el alto de Louzaneta, hemos de caminar sobre la senda que discurre paralela a la carretera LU-P-2901 en un tramo no muy agraciado que concluirá con la aproximación a la parroquia de O Burgo. La fuente de Ribicás preludia la entrada en San Vicente, desde donde llegaremos a la parroquia de Poutomillos y al punto en el que arranca el desvío a la iglesia de Santa Eulalia de Bóveda. Una vez pasada esta indicación, hay que andar con cuidado: el Camino se separa de la carretera por un pequeño sendero que surge a mano derecha y que, si se transita por el arcén izquierdo (como se debe hacer según marcan las normas no escritas de los caminantes), es fácil pasar por alto. Dicho sendero nos lleva al regato de Mendo, primero, y posteriormente a Bacurín, lugar situado al pie de un castro y de cuyas proximidades nace otro desvío, éste de apenas cien metros, que nos permite contemplar la iglesia románica de San Miguel, que se conserva junto al pazo del mismo nombre y constituye una de las pequeñas maravillas de esta comarca del Mera. El Camino vuelve a desembocar en la carretera para superar O Paso y Hospital y, aunque la abandona brevemente, regresará a ella para dejar atrás San Pedro de Abaixo y conducir a los peregrinos hasta las casas de Taboeiro. Estamos ya a un paso de la iglesia de San Román de Retorta. Se abren aquí, de nuevo, dos posibilidades. El itinerario oficial -es decir, el reconocido como tal por la Xunta de Galicia- prosigue por carretera hasta Ponte Ferreira y As Seixas. El que seguiremos nosotros por obedecer más fielmente a los orígenes del Camino se conoce como la «variante de la calzada romana» y para seguirla hemos de rodear la iglesia de San Román, llegar al pueblo y, tras pasar junto a la réplica del miliario romano, tomar la dirección de Castrelo. Se encuentra aquí el albergue público de peregrinos, que superaremos para seguir por una pista forestal y tomar la primera salida a la derecha. Tras culminar un breve ascenso, emprenderemos la bajada sin alterar la dirección en los distintos cruces que nos saldrán al paso para girar finalmente a la izquierda y llegar, tras subir nuevamente en un ascenso bastante plácido, llegar a O Burgo de Negral. No tardaremos mucho en llegar a Villacarpide y O Pacio, y tras cruzar la carretera seguiremos la dirección de Merlán hasta llegar a A Covela. Muy cerca se encuentra ya Mosteiro, donde se conserva el puente de Ferreira o Ponte Ferreira, a cuyo pie confluye nuestro itinerario con la ruta oficial y en el que damos por finalizada esta undécima etapa.

Lo que hay que ver

El puente romano de Lugo (ss. I-II) no conserva demasiado de sus orígenes, ya que lo que hoy se observa de él obedece a las restauraciones y reformas acometidas en los siglos XII, XIV y XVIII. En su origen, marcaba la salida de la Vía XIX del Itinerario Antonino, que conectaba Lucus Augusti (Lugo) con Bracara Augusta (Braga) pasando por Iria Flavia (Padrón). Desde él se alcanzaba la ciudad ascendiendo por la Calzada da Ponte hasta la Porta Miñá, en un recorrido inverso al que llevan a cabo los peregrinos jacobeos que dejan la ciudad con rumbo a Compostela.

Iglesia de San Vicente de O Burgo.
Iglesia de San Vicente de O Burgo.

Vale la pena detenerse a echar un ojo a la iglesia parroquial de San Vicente de O Burgo (s. XVIII), aunque la verdadera joya se encuentra unos kilómetros más adelante y apartada del Camino. Santa Eulalia de Bóveda (s. III) es, en realidad, un santuario tardo-romano que estuvo originalmente dedicado al culto de la diosa Cibeles y en el que se conserva un conjunto de pinturas murales único en España. Aunque se sabe que contó con dos plantas, en nuestros días sólo se conserva la cripta, de planta perfectamente cuadrada. Se cree que antes de que el espacio se dedicara al culto cristiano, la planta superior cumplía las funciones de taurobolio, es decir, de espacio destinado al sacrificio de un toro cuyos órganos genitales y cuya sangre eran trasladados a la planta inferior una vez muerto. Se trataba ésta de una práctica muy extendida en los cultos a la diosa Cibeles, y los investigadores creen posible que ese ritual se desarrollase en Santa Eulalia de Bóveda de forma continuada. La decoración pictórica del recinto hace referencia a la relación que las aves y sus cantos tenían con el santuario, así como a su función de oráculo. Se sabe que algunas pinturas desaparecieron al destinarse el edificio al culto cristiano, lo que hace suponer que se referían a cuestiones propias de la diosa a la que estaba dirigido originalmente. No está muy lejos la iglesia de San Miguel de Bacurín (s. XII), en la que también vale la pena detenerse unos instantes para apreciar su ábside, sus portadas o sus canecillos. También de estilo románico, la iglesia de San Román de Retorta (s. XIII) se presenta arropada por el cementerio a la entrada del pueblo, en el que no debe dejar de contemplarse la réplica del miliario romano. El original, fechado en el 40 d. C., se encuentra en el Museo de las Peregrinaciones de Astorga, y su inscripción reza: «Caio César Augusto, bisnieto de Augusto, Pontífice Máximo, tercero en el poder, tribuno, cónsul por tercera vez, Padre de la Patria». Se trataba de uno de los postes que señalizaban la calzada romana de la Vía XIX que unía Lucus Augusti e Iria Flavia. Otro importante vestigio de aquellos tiempos nos aguarda en el destino. El puente romano que cruza el río Ferreira (el famoso Ponte Ferreira) puede sorprender por sus reducidas dimensiones, pero es uno de los hitos más emblemáticos y característicos del Camino Primitivo.

Comer y dormir

Es tradición que los romeros se detengan a reponer fuerzas en el bar As Searas, de San Vicente de O Burgo. No tiene pérdida, ya que varios carteles salvadores anuncian su ubicación una vez que se ha llegado al pueblo, pero por si acaso haremos constar que se encuentra al lado de la iglesia. Se trata de uno de los establecimientos más entrañables del Camino Primitivo y sus propietarios tienen una amplia experiencia en el arte de atender a los caminantes. Quienes se planteen la posibilidad de desviarse luego para visitar Santa Eulalia de Bóveda pueden recabar aquí toda la información que necesiten acerca de horarios y tarifas.

Réplica del miliario de San Román de Retorta.
Réplica del miliario de San Román de Retorta.

Hay quienes, en vez de dirigirse hasta Ferreira, optan por finalizar la etapa en San Román de Retorta. Allí, en el barrio de O Castrelo, existen dos opciones de alojamiento. El Albergue de peregrinos de la Xunta de Galicia (no dispone de teléfono ni admite reservas) ofrece 12 plazas en litera, mientras que el Albergue O Cándido (tfno: 693 063 146 / 982 214 081; www.ocandido.com) eleva esa cifra hasta las 21 plazas y ofrece la posibilidad de ocupar habitaciones. En Ferreira, el Hotel Rural Casa da Ponte (Ferreira, s/n; tfno: 982 183 077) ofrece comodidad, limpieza y un servicio exquisito que incluye servicio de cenas con cocina verdaderamente casera, mientras que el Albergue de Peregrinos Ponte Ferreira (O Carballal, s/n) presume de haber conseguido impregnar sus modernas instalaciones de un auténtico espíritu jacobeo que llega a su culmen con las cenas comunitarias o las veladas en la terraza.

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