Cómo el espíritu colaborativo de Poreñu la convierte en una aldea universal

Los vecinos han convertido al pueblo en un ejemplo de identidad comunitaria e intergeneracional. «Trabajan juntos, hay mucho trato cercano y están siempre abiertos al forastero»

.Vecinos de Poreñu
Vecinos de Poreñu

Redacción

El pueblo de Poreñu (Villaviciosa) está de celebración. Tras seis años de perseverancia se han alzado con el galardón de Pueblo Ejemplar de Asturias 2017 y sus habitantes se sienten «en una nube». Así lo afirma Isabel Lanzón, secretaria de la Asociación de Vecinos La capilla de Poreñu, quien asegura que después de tantas candidaturas, este año «estábamos más desinflados», por lo que la noticia les ha pillado «totalmente desprevenidos porque no esperábamos para nada salir». Y la reacción ha sido unánime. Loli Rivas, presidenta de la Asociación, afirma que «no contábamos con ello» y que «ha sido una sorpresa increíble».

Esta pequeña aldea, destacada por el trabajo colaborativo y la solidaridad, decidió adentrarse en el proceso de las candidaturas con el objetivo de dar a conocer eso que la convertía en un pueblo especial. «Nos habíamos empezado a presentar porque nos parecía que el pueblo tenía su historia y sus méritos y era bueno darlo a conocer al resto de Asturias para que el pueblo sonara», cuenta Lanzón. Poco a poco, entre los miembros de la Asociación empezaron a impulsar una actividad continua y comunitaria, tal que «una vez que empezamos no podíamos dejarlo», sostiene.

Su candidatura tenía una base sólida: el altruismo y la colaboración de su gente. Lanzón afirma que, a través del modelo de trabajo de las sextaferias, esto es, un día de trabajo llevado a cabo por los vecinos de un pueblo para la reparación y limpieza del mismo, Poreñu se izó. «Desde tiempos ancestrales se hicieron en el pueblo sextaferias para todo: se abrieron carreteras, se trajeron fuentes públicas… todos hacíamos sextaferias y ahora, dos veces al año, se hace una sextaferia para limpiar el pueblo y salen todos, desde el ingeniero, al maestro, al médico y al peón de albañil».

Aquellos tiempos ancestrales que trae a colación Lanzón no solo fueron años de sextaferias sino tiempos para dar a los demás lo que necesitaban. Por eso, durante las épocas más difíciles se dice que «mucha hambre quitó Poreñu a la cuenca minera» gracias a sus cosechas y a su buena gente.

Orgullo y ganas de más

Alejo Baños, tesorero de la Asociación, siente este galardón conjunto con mucho orgullo porque «antes llegabas al pueblo y casi te daban ganas de marchar nada más llegar pero ahora está muy vivo. Abrimos el centro social para hacer actividades en cada momento. Cuando no es algo solidario, es teatro, baile o las partidas de tute». Todo ello no se hace para ser reconocidos sino con la intención de que «el pueblo esté bonito y que cuando vengas estés a gusto; que la gente esté contenta. Lo hacemos porque queremos que el pueblo sea así y si con ello hacemos que el pueblo sea ejemplo, mejor», asegura Baños.

Por su parte, Modesto Novoa, secretario de la Comunidad de Aguas, afirma que «el esfuerzo de estos años se ha visto también en otros pueblos que han empezado a copiar también el tipo de trabajo de las sextaferias». Esta labor que reúne a los habitantes del pueblo para la limpieza del mismo, de los manantiales, de los caminos, sendas y rutas, supone continuar «la labor de nuestros abuelos adaptándola a nuestras circunstancias actuales», argumenta Novoa.

De cara a la visita de los reyes todavía no tienen pensado nada. El ajetreo del día de la noticia no les ha dejado tiempo para parar y elaborar un itinerario. Si bien, a lo largo los siguientes «nos pondremos a pensar qué vamos a hacer», asegura Riva.

Pero este galardón no significa que su actividad vaya a cesar. Baños, asegura que «aunque hayamos ganado el premio no entra en nuestra mente parar. La gente demanda actividad». Pensamiento compartido también por Novoa que comenta que «no tiramos la toalla al tercer año, quisimos seguir haciendo lo que ya hacíamos, por el pueblo y por los demás».

Una historia sobre el papel

Álvaro Solano, profesor de historia en la Universidad de Oviedo, inició su relación con el pueblo de Poreñu de una manera «casual». Hace dos años presentó su tesis doctoral sobre el concejo de Villaviciosa durante la edad media y en 2016, las jornadas culturales que anualmente lleva a cabo Poreñu contó con su presencia «para participar dando una conferencia sobre la historia del pueblo, que yo trataba entonces un poco dentro de mi tesis». Ese fue el germen de lo que acabó siendo este año Poreñu, Coto y Señorío. Su historia y sus documentos, una obra que recorre la historia del pueblo durante los 500 años que fue un coto señorial.

El afecto de Solano por Poreñu se afianzó por la amabilidad de sus habitantes. «Desde el primer momento me sorprendió la excelente acogida». Asimismo, a pesar de ser un pueblo pequeño «su agenda es muy apretada durante el año», cuenta Solano, «tienen varias iniciativas solidarias, actos con los socios, actos culturales y, por supuesto, las sextaferias que organizan».

La gran sorpresa de esta aldea de Villaviciosa es que siga manteniendo esa identidad comunitaria. «Trabajan juntos, hay mucha convivencia intergeneracional, se unen en torno a una mesa o un desfile. Hay un trato muy cercano entre todos y están siempre abiertos al forastero. De hecho, cuando llegas te das cuenta de que muchos de ellos son también forasteros que se quedaron prendados, como yo», cuenta Solano. Porque son un pueblo que, como comenta Rivas, está «en las buenas y a las malas»; y esta vez ha tocado estar para celebrar.

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