Así envenenaba el agua de sus compañeros de hospital

La acusada contaminaba las botellas de sus víctimas durante el turno de noche con una jeringuilla

La acusada de envenenar el agua de sus compañeros de hospital durante el juicio
La acusada de envenenar el agua de sus compañeros de hospital durante el juicio

Oviedo

La acusada de contaminar las botellas de dos de sus compañeros de trabajo en el Hospital del Oriente ha aceptado una pena de 18 meses de cárcel por dos delitos de lesiones y dos contra la integridad moral, así como el pago de 6.000 euros a cada una de las dos víctimas, que ya han sido abonados.

En un principio no hubo acuerdo y la vista comenzó a celebrarse con la declaración de la acusada, M.C.N.C., que se acogió a su derecho a no declarar, y las de varios testigos, entre ellos las víctimas de la contaminación del agua. Sin embargo, en uno de los recesos entre declaraciones y tras varias testificales que corroboraban la versión de las víctimas, el abogado de la acusada ha iniciado conversaciones con el fiscal y el abogado de la acusación particular para tratar de llegar a un acuerdo. En este sentido, M.C.N.C. ha aceptado el acuerdo propuesto por ambas partes y ha confesado ser la autora de los delitos que se le imputaban.

Durante sus declaraciones, las víctimas, dos técnicos de laboratorio del Hospital del Oriente de Asturias, han señalado que denunciaron los hechos tras varios episodios, entre marzo y septiembre de 2015, en los que encontraron sus botellas de agua con un color «amarillento», olor «pestilente» y sabor «ácido», y motivados por la inacción del gerente del centro, que fue advertido por la jefa de Servicio sin tomar ningún tipo de medida. Una de ellas, A.A.N. ha asegurado que llegó a analizar el contenido de una de estas botellas, y que dio positivo en hematíes. Por este motivo, A.A.N. y J.L.B.G. decidieron guardar las botellas contaminadas en un cajón a medida que iban apareciendo y comprobaban las carteleras del día anterior para certificar quién había trabajado en el turno de noche anterior a la aparición de las botellas manipuladas.

Tras la denuncia, la Guardia Civil recibió las botellas guardadas para ser analizadas posteriormente, e instaló cámaras de seguridad en el laboratorio. J.L.B.G. ha relatado que en una de las grabaciones aparecía la acusada entrando al área de microbiología con una jeringuilla de insulina, anexo al laboratorio, y que en un periodo de 10 segundos aproximadamente se veía cómo salía del mismo e inyectaba el contenido en la botella de A.A.N., la agitaba y la volvía a dejar en el mismo sitio.

Sobre este asunto, la encargada del área de microbiología ha incidido en que en esas fechas hubo una serie de incidencias que no fueron anotadas por las técnicas de laboratorio que estaban de servicio en aquel momento. Además, ha subrayado que analizó los reactivos que tenía en ese momento en su laboratorio y que comprobó que había alteraciones extrañas, algo que sumado a la aparición de jeringuillas en el cubo próximo a su microscopio, material que no debería tirarse allí, le hizo sospechar que alguien estaba entrando y manipulando reactivos en el área de microbiología.

El escrito de la Fiscalía detallaba que en dos ocasiones la acusada inyectó en las botellas un líquido compatible con ácido clorhídrico (salfumán), provocando que el contenido de las botellas presentase un pH ácido (1,85 y 2,04 respectivamente, nocivo para la salud humana) y altas concentraciones de cloruros. En otras dos ocasiones inyectó vinagre y en otra sangre, bien humana o de algún animal. A consecuencia de los hechos, sus dos compañeros sufrieron un cuadro de ansiedad que precisó para su curación tratamiento médico con baja laboral. 

La Fiscalía considera que los hechos son constitutivos de dos delitos de lesiones y de otros dos contra la integridad moral, y pedía una pena total de cuatro años de cárcel y el pago de sendas indemnizaciones a las víctimas de 6.000 euros.

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