El oriente arría las banderas azules

Los concejos de Ribadesella, Llanes y Ribadedeva eligen otros sistemas para certificar la calidad de sus playas. Aseguran que los criterios para conceder las enseñas no se ajustan a las características naturales de los arenales del Cantábrico

Playa de Santa Marina, RIbadesella
Playa de Santa Marina, RIbadesella

Redaccion

Rodiles marca el límite de las banderas azules en Asturias. Al este de la muy frecuentada playa del concejo de Villaviciosa, ninguna otra lucirá este verano que se avecina esos distintivos de calidad en la gestión del agua, la arena y los servicios de una zona de baño. No hay posibilidades de que esa situación cambie en un futuro próximo al menos en tres de los cuatro municipios costeros situados entre Villaviciosa y la frontera con Cantabria. Ribadesella, Llanes y Ribadedeva se mantienen voluntariamente al margen del sistema de las enseñas porque no comparten los criterios con los que la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor (Adeac), la fundación privada y sin ánimo de lucro que gestiona su concesión, califica las instalaciones.

Ribadesella nunca ha participado del sistema de Adeac, representante español y miembro fundador en 1982 de la Fundación Europea de Educación Ambiental (FEE), que garantiza la igualdad de los criterios para la concesión de las banderas a playas, puertos y otras instalaciones costeras en todo el continente. Llanes lo hizo hasta el 2017, pero a principios de este año anunció su retirada, lo que se ha traducido en la pérdida del reconocimiento para las cuatro playas del concejo (Toró, Sablón, Barro y Palombina) que habitualmente lo solicitaban y conseguían. La desconfianza ya venía de antes y llegó al punto de ruptura el pasado verano tras un vertido accidental que afectó durante una jornada al Sablón.

Las argumentaciones de ambos ayuntamientos para justificar su desapego por las banderas azules tienen puntos en común: los criterios para su concesión se hicieron teniendo en mente el tipo de playa urbanizada que abunda más en las costas del Mediterráneo que en el norte de España, que aún conserva arenales mucho más cercanos a su estado natural y, además, existe otro sistema de certificación, la 'Q' que concede el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE), más riguroso, muy exigente y con menos condicionantes para los municipios. Sus calificaciones tienen una validez comparable a la que la normativa ISO adjudica a los productos industriales.

Disfunciones del sistema

«El sistema de las banderas azules no cuesta dinero a los ayuntamientos, más allá de las inversiones en los equipamientos públicos exigidos para conseguirlas, aunque sí a las comunidades autónomas», advierte el concejal de Playas de Llanes, Javier Ardines, partidario también del sistema público de la 'Q' y defensor antiguo de la idea de que el Principado cree su propio sistema para reconocer a la playas que destaquen en limpieza y servicios a los bañistas. «Adeac usa unos criterios muy respetables, pero no los compartimos. Y hemos visto de cerca casos de disfunciones. El Aula del Mar de nuestro concejo tuvo la bandera durante años, a pesar de que estaba cerrada y de que hasta el año pasado, cuando este equipo de gobierno decidió recuperarla, era una ruina», añade.

A la alcaldesa de Ribadesella, Rosario Fernández Román, que tiene la titulación y una experiencia laboral acreditada como técnica de Turismo, también le parecen mucho más exhaustivos los exámenes para que una playa consiga la 'Q' que los necesarios para la bandera azul. «Tiene unos requisitos más exigentes y adecuados. Son requerimientos, además, que no se agotan en los criterios medioambientales. Ofrecen una evaluación mucho más completa para los usuarios», afirma. La rapidez con la que algunas playas gallegas contaminadas por los vertidos de fuel tras el hundimiento del petrolero Prestige en el 2003 recuperaron sus banderas azules demuestra, a su juicio, que pueden superarse los criterios sin que eso signifique un estado, ni mucho menos, intacto.

Porque, al exigir servicios y facilidades para los usuarios, las banderas azules excluyen de entrada a muchas de las playas del litoral cantábrico cuya situación hace imposible o poco recomendable la construcción de aparcamientos cercanos o de accesos adaptados a las necesidades de las personas con discapacidad. «A veces, además exigen obras ajenas a las competencias de una administración pública. En Barro, por ejemplo, nos pedían ampliar el párking del Hotel Kaype. Pero ese es un terreno privado y unas instalaciones que no son del Ayuntamiento. Y a veces también nos han pedido mover las casetas de los socorristas hacia puntos que no son los mejores para controlar una playa y saber si hay algún bañista con problemas», expone Ardines.

El remate a los desencuentros es que, aunque a veces el nombre de banderas europeas confunda a los usuarios, la fundación que la gestiona es privada y sus reconocimientos no tienen la validez oficial que les daría proceder del Gobierno español o de la Comisión Europea. El Principado, en todo caso, sí colabora con Adeac y el año pasado el propio consejero responsable del turismo, Isaac Pola, animó a los ayuntamientos a solicitar las banderas azules. Si en el oriente de Asturias no lo hacen no es por ningún problema de siglas políticas. En Ribadesella gobierna Foro Asturias; en Llanes, una coalición de cuatro fuerzas (Foro, PP, IU, a la que pertenece Ardines, y Vecinos por Llanes, que ocupa la alcaldía); y en Ribadedeva, el PSOE.

Sin efectos sobre el turismo

Fernández Román no cree que la falta de las banderas azules perjudique al sector turístico de su concejo ni que se traduzca en una pérdida de visitantes para las playas. «La gente no va a un sitio por la bandera. Verá si le compensan los servicios, la accesibilidad, la limpieza y la presencia de socorristas con formación. Y una de las condiciones para conservar la 'Q' es la mejora continua, eso es importante», argumenta. En Ribadesella, se encuentran tanto una gran playa cercana al casco urbano de la villa, la de Santa Marina, y un gran arenal situado entre dunas protegidas y en un entorno natural, Vega. «Vega, directamente, nunca tendrá una bandera azul. Con el río y el paisaje protegido no caben los accesos para discapacitados», aduce.

En Llanes, concejo salpicado de playas, no hay, sin embargo, grandes espacios abiertos, más allá de Torimbia y San Antolín. El resto son pequeñas calas en las que es difícil hacer obras y cuyos accesos no siempre son fáciles. «Tenemos playas naturales, no urbanas, y no son las más adaptadas a la sensibilidad de la bandera azul. Aun así, alguna llegó a conseguirla, como Cuevas del Mar, que tenía la bandera en una época en la que el pueblo de Nueva, que está al lado, aún no tenía saneamiento y echaba aguas sin tratar al Cantábrico», apunta Ardines. En todo caso, el concejal de Llanes se atreve con un vaticinio. Sin distintivo alguno, las playas de Llanes volverán a estar repletas este verano con la única condición que siempre debe cumplirse en Asturias: «Solo necesitamos que el tiempo venga bueno».

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