Las barreras arquitectónicas cercan Covadonga

El santuario, inmerso en tres centenarios, no es accesible. Colocar una rampa de madera en la cueva para salvar las escaleras solo costaría 35.000 euros. El abad pide un mecenas para financiar el proyecto

Escaleras de acceso a la cueva de Covadonga
Escaleras de acceso a la cueva de Covadonga

Redacción

En pleno siglo XXI, en un año en el que se conmemoran tres centenarios diferentes y en el que se espera miles de visitas, el santuario de Covadonga no es accesible a los peregrinos con movilidad reducida. Las escaleras de acceso a la imagen de la virgen, dentro de la propia cueva se han convertido en una barrera insalvable para mayores o personas con discapacidad. Es habitual ver a grupos que llevan en volandas a visitantes y que dejan la silla o el andador en el exterior o también a otros que solo pueden ver la talla a través de la fotografía que sacan sus acompañantes. Solo han hecho falta diez meses para que el nuevo abad, Adolfo Mariño, haya sido consciente de que es «vital» salvar estas barreras, así que ha comenzado a dar pasos. El primero ha sido encargar un anteproyecto que proponga una alternativa. La solución que se ha encontrado, sin alterar la estructura, ha sido colocar una rampa de madera noble y antideslizante en la parte izquierda. Su precio ronda los 35.000 euros, un dinero con el que no cuenta ahora mismo. Así que el abad busca un mecenas que lo sufrague.

Es urgente. En el año 2014, el último con datos cerrados definitivos, visitaron el santuario 1,2 millones de personas. Para este años se esperan cientos de miles más. No es nada descabellado. El abad señala que la afluencia está siendo masiva incluso fuera del fin de semana. Su objetivo es que no termine el año sin que todos los peregrinos que acudan a Covadonga puedan acceder hasta la talla de la Virgen sin importar su situación física. Con las escaleras muchos tendrán que quedar fuera. Mariño cree que es una oportunidad única. La ley de Mecenazgo aprobada por el Gobierno coincidiendo con el triple centenario ofrece condiciones interesantes para los empresarios que quieran colaborar. Así que hace una llamada a todos aquellos que estén sensibilizados con la accesibilidad y a aquellos que quieran colaborar en la mejora de un centro de peregrinación de proyección internacional.

Primeros pasos

El nuevo abad pronto se dio cuenta de qué fallaba en Covadonga. Comprendió que no se pueden tolerar las imágenes de visitantes en sillas de ruedas, con andadores o muletas esperando junto a las escaleras. Es habitual recibir llamadas de grupos de excursionistas que preguntan si la cueva accesible. Adolfo Mariño tenía que admitir desde el otro lado de la línea que no, que en la cueva hay barreras. «Nos falta sensibilización con un tema que es muy importante», reconoce. Ha presenciado escenas curiosas que le han terminado de convencer del apremio de encontrar una situación. «He visto a nietos sacar fotos a la Virgen y luego mostrársela a la abuela, que rezaba a la pantalla de un móvil», explica el abad.

Covadonga no ha entrado en el siglo XXI. Pero quiere hacerlo. Un pequeño grupo de colaboradores ha elaborado de manera desinteresada un proyecto para solucionar este cerco. Aunque barajaron la posibilidad de colocar rampas portátiles como las que se colocan, por ejemplo, en los portales, finalmente se aparcó. Esa opción es muy poco práctica en un recinto que visite cientos de visitas diarias y que obligaría a cortar el paso cada vez que se tiene que instalar. La mejor alternativa, que es la que está valorada, consiste en colocar una rampa de madera noble y antideslizante por la parte izquierda de las escaleras. Ese sería el camino de entrada para todos los peregrinos, tanto los que tienen movilidad reducida como no. La rampa sería también la salida para los que tienen dificultades y el resto bajaría por las escaleras. Con esta medida se tendría un flujo constante y organizado y se evitarían tapones.

El abad ya ha hecho consultas previas para ver cómo lo ven las administraciones que tendría que implicar. Patrimonio no lo ve con malos ojos. Tampoco el Ayuntamiento de Cangas de Onís, del que dependen las competencias en Urbanismo. Construir y colocar esta rampa costaría unos 35.000 euros. No es un precio cerrado pero sí muy aproximado. El problema radica en que Adolfo Mariño no cuenta con ese presupuesto, así que se necesita un mecenas. Cree que no es nada descabellado intentar involucrar a una empresa privada. No en vano, Covadonga es «un buque insignia» del turismo en Asturias. Sería «la guinda» para el centenario y «un motivo de orgullo» para aquel que contribuya a solventar el problema.

Una fecha clave

El 2018 es un año clave para el santuario. Se conmemora el primer centenario de la coronación de la Santina y del nacimiento del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, además del decimotercer centenario de la batalla de Pelayo. El Principado se está volcando con los eventos. Acaba de aprobar un plan de medios para la publicidad, ha designado un coordinador y la agenda de actos comienza a llenarse. Abarca desde exposiciones, a la ruta cicloturista que se celebró ayer, concursos de pintura, charlas, conciertos o actividades religiosas. El programa indica, como principios, que quiere abarcar todas las perspectivas, la cultural, espiritual y de la naturaleza.

Hasta el momento está funcionando. El abad no es capaz de calcular cuánta gente ha pasado ya por el santuario pero asegura que la afluencia está siendo masiva y en plena temporada alta más. Covadonga, recuerda Mariño, es un centro de peregrinación muy conocido a nivel internacional, al que no solo acuden los asturianos.

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