El Valledor busca guardianes para recuperar sus bosques

Sureyna Muñiz, vecina del valle abrasado por grandes incendios en 2011 y 2017, hace un llamamiento a voluntarios para reforestar a partir de octubre las zonas de monte público más afectadas con especies autotóctonas

Sembrando canchales
Sembrando canchales

El fuego ha arrasado El Valledor en demasiadas ocasiones. La última, en octubre del año pasado, convertía en cenizas más hectáreas incluso que el gran incendio que ya arrasaba la zona en el mismo mes de 2011. El Valledor es una zona aislada y silenciosa, que era hermosa, en las montañas del suroccidente de Asturias que ocupa los concejos asturianos de Allande, Salime, Ibias y Narcea, y el lucense Negueira de Muñiz. 

Los continuos incendios de los últimos diez años, y sobre todo los de 2011 y 2017, «arrasaron por completo con pueblos emblemáticos, pinares y calcinaron ejemplares de animales de toda especie». Sureyna Muñiz vive en El Valledor, en Allande, y quiere pasar de la tristeza, de la impotencia o de la rabia que se siente al presenciar cómo las llamas devoran un valle antaño hermoso para recuperarlo sembrando sus canchales. Y necesita muchas manos que la ayuden.

«Con la erosión, el terreno acaba siendo un canchal, que son desprendimientos de piedras que se ven mucho por esta tierra. La erosión del terreno, al final, acaba dejando toda la roca viva, que se va deshaciendo hasta que todo son piedras», explica. Sembrando canchales es como ha llamado al proyecto con el que pretende sembrar semillas y plantar árboles de ejemplares autóctonos en las zonas de monte público más afectadas por los incendios, con la ayuda de personas que sientan su misma necesidad de hacer algo por recuperar los bosques del paraíso natural que debería ser toda Asturias. 

5.000 hectáreas arrasadas salvo los bosques autóctonos más densos

Los incendios arrasaron con más de 5.000 hectáreas, en cada ocasión en muy pocas horas. Solo se salvaron las zonas más densas de los bosques autóctonos más antiguos y los pueblos rodeados por esos árboles. «Estoy cansada de ver cómo el bosque autóctono, que es donde se apaga el fuego, acaba rebrotando. Aquí hay muchas zonas con árboles autóctonos en las que todo alrededor está quemado y, sin embargo, en ellas el bosque permanece más o menos vivo o vuelve a brotar». 

Son bosques de abedules, robles, castaños, alcornoques, madroños… «Hay una erosión tremenda de quemar, quemar y quemar, pero ves que en donde hay bosque autóctono se mantiene más o menos la fauna y la flora, y que a los dos años se regenera», insiste Muñiz, «entonces ¿por qué no reforestar con árboles autóctonos que son los que protegen el monte?» Muñiz, con la ayuda de un pequeño grupo de personas, ya ha ido recogiendo semillas de abedul y serbal. «Somos muy pocos, pero la idea es conseguir un voluntariado más fuerte», confía, «mucha gente me está escribiendo porque lo han visto por Facebook». En concreto, en su perfil y en el del grupo de la Red Ibérica de Guardianes del Bosque, que se creaba este mismo año para aglutinar otras iniciativas similares de reforestación en el resto de la península. 

Mil árboles de abedul y alcornoque donados por La Mata

Esta red de ayuda mutua fue puesta en marcha por la Asociación Reforest-Acción, cuyos voluntarios reforestan desde hace tres años la Sierra de Gata, en el norte de Cáceres. «Me inspiró bastante para hacer lo mismo en El Valedor un taller en el que explicaron cómo hacer un proyecto de esta índole», explica Muñiz, que indica que este año la reforestación de la Sierra de Gata ha sido un éxito de participación. «Han plantado muchísimos árboles y también trabajan con semillas», añade Muñiz, que agradece el apoyo que está recibiendo de esta red en forma de recursos humanos y materiales, así como enseñanzas fundamentales para llevar a cabo este proyecto. 

«Estoy aprendiendo mucho, que exista esta red me ayuda mucho», dice Muñiz, que estudió Artes Gráficas, trabajó en ello diez años y ahora otros diez trabajando la tierra. «La idea es evitar que siga la erosión, cortarla, y regenerar el suelo por medio de semillas y de planta». Muñiz cuenta que ya disponen de mil árboles de alcornoque y abedul, donados por el vivero forestal de La Mata, propiedad del Principado de Asturias. Las labores de reforestación comenzarán el 30 de octubre y se alargarán, en principio, durante dos meses y medio. 

Cómo ponerse en contacto para colaborar

O hasta que la climatología lo permita, «habrá que parar en invierno porque aquí nieva mucho» y quizá no todos los árboles resistan. «Empezaremos a poner las plantas en mosaico y, entre ellas, las semillas d otros árboles para que, entre los que plantamos y los que vayan a nacer, se pueda ver algo a largo plazo. De todas formas, el abedul ya está saliendo», dice, refiriéndose a las semillas que se le cayeron en la zona delantera de su vivienda de El Valledor cuando hizo limpieza. 

Como la fecha de inicio está cerca, ha iniciado una campaña de divulgación para reunir voluntarios. Ayer presentó el proyecto en Cambalache (Oviedo), mañana lo hará en El Tenderete de Cabranes y, el 29 de septiembre, en el Llar El Mataderu de Pola de Siero. Para ponerse en contacto con ella, ha habilitado el correo sembrandocanchales@ gmail.com. «Cuando lleguen se les dará cama y herramienta. Vamos a tener un lugar de alohamiento con cocina, baño y todo», explica. El Valedor es un lugar recóndito en el que, para poder trabajar en la reforestación, hará falta hacer noches. «Trabajaremos por las mañanas, con un día de descanso a la semana, durante los dos meses y medio. Tras parar en invierno, volveré a convocar para la primavera», indica Muñiz, que anda también atareada con la solicitud de los permisos al Principado para poder llevar a cabo la reforestación en esas zonas más afectadas del monte público. 

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