La última Navidad del pozo María Luisa

La explotación minera dejará de sacar carbón el 30 de diciembre tras siglo y medio de actividad. Unas 80 personas seguirán trabajando en ella otros dos años para recuperar material

Castillete del pozo Maria Luisa.Castillete del pozo Maria Luisa
Castillete del pozo Maria Luisa

Langreo

Al pozo María Luisa se le agota el tiempo. La emblemática explotación minera, ubicada al final del distrito de Ciaño, dejará de sacar carbón el próximo viernes 30 de diciembre cumpliendo con lo firmado en el plan de empresa de Hunosa y lo hará tras más de siglo y medio -en concreto 158 años- de actividad durante los cuales se arrancaron millones y millones de toneladas de mineral de un subsuelo que pasó su factura quedándose la vida de decenas de mineros. Así, la de 2016 será la última Navidad del María Luisa, un pozo del que el mundo entero tiene referencia por ser el pozo con el que empieza el himno minero Santa Bárbara Béndita. Sin embargo, aunque del mismo ya no se vaya a sacar más carbón en 2017, seguirá teniendo actividad, ya que se estima que de los 250 trabajadores que tiene en la actualidad se queden unos 80, que continuarán trabajando en la recuperación de material, tarea que se puede prolongar durante casi dos años.

La sentencia de cierre del pozo María Luisa llegó la madrugada del 16 de mayo de 2014, cuando los representantes de Hunosa y de los sindicatos SOMA-FITAG-UGT y CCOO firmaron el preacuerdo del plan de empresa para el periodo 2013-2018, en el que se contemplaba también los ya ejecutados cierres de los pozo Sotón y Monsacro. Entonces quizá parecía aún lejano el 31 de diciembre de 2016, pero el tiempo no perdona y lo que se pueda estar sacando estos días será el último carbón que salga de esta explotación minera de Langreo, que dejará sólo en mitad del valle del Nalón a Carrio, como único pozo con actividad extractiva en la comarca.

 Hacia el pozo lavianés o hacia el área de Sueros o el pozo Aller, en la cuenca del Caudal irán destinados los trabajadores para los que deje de haber tarea en el pozo María Luisa. Según han indicado fuentes sindicales, los traslados se harán «de forma escalonada», como mínimo, «a lo largo de los meses de enero y febrero» del nuevo año. Lo que está sin concretar aún es cuántos trabajadores irán para cada uno de los tres pozos que quedan en activo, y lo que sí se sabe es que unos 80 se quedarán en la explotación de Ciaño para recuperar material, que podrían tener tarea para todo el 2017 y una gran parte del 2018. Esos 80 trabajadores que continuarán en el María Luisa supondrán tan sólo el 5% de la plantilla máxima que tuvo en el pasado, que llegó a sobrepasar los 1.600 mineros y que comenzó un descenso vertiginoso en 1992 con el comienzo de la reconversión.

 Símbolo y emblema a raíz de una tragedia

 El accidente más trágico de cuantos se han producido en el María Luisa fue el que tuvo lugar en 1949, cuando una explosión de grisú acabó con la vida de 17 trabajadores. Como recuerdo para siempre de aquella catástrofe le ha quedado al mundo el popular y triste himno Santa Bárbara Béndita, canción que también se conoce por el título En el pozo María Luisa y que narra a Maruxina la muerte de cuatro mineros aunque se refiere a aquel accidente de mediados del siglo XX. Lo cierto es que no hay acto minero, sea homenaje, movilización o la celebración de la patrona el 4 de diciembre, en el que no se entone respigando a cuanta persona esté presente y sea conocedora de que lo dramático de su letra es, ha sido y será la cruda realidad que se puede vivir en cualquier mina del mundo, porque por mucho que se mejore la seguridad en las explotaciones mineras, las minas siempre serán minas que dan la vida y la quitan.

El María Luisa ha sido también escenario de protestas. Concretamente, la última que acogió fue a finales de marzo de 2014. La movilización que se organizó como culmen a ocho jornadas de huelga de los trabajadores de Hunosa a causa de la negociación del plan de empresa concluyó en las instalaciones del pozo de Ciaño tras partir una multitudinaria manifestación de la plaza del Ayuntamiento de Langreo. Allí los mineros de la entidad estatal, apoyados por miles de personas, reivindicaron un futuro para la minería de Hunosa que en menos de una semana dejará sin actividad productiva al simbólico pozo María Luisa.

Tan simbólico ha sido por lo malo como popular por recibir tan importantes visitas como la de Sus Majestades los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, que en 1976 se pusieron el traje minero y bajaron a las entrañas del María Luisa. Dos años después haría lo mismo el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez.

 «Bajo tierra lo pasas mal»

Quizá ellos sintieran algo similar a lo que sintió Montse Freire la primera vez que entró en el pozo María Luisa hace 10 años, porque aunque había recibido la pertinente formación e información de cómo es la mina por dentro, la misma asegura que poco tiene que ver con lo que son los primeros días de trabajo en el interior de la mina, «donde tienes que estar las horas de una jornada de trabajo, que pueden parecer eternas, con lo cual bajo tierra lo pasas mal». A día de hoy, Montse dice que no tiene miedo a la mina, «pero sí respecto, sobre todo a la jaula». Así, apostilla que «vas ganando confianza en el día a día, pero nunca se puede bajar la guardia porque eso te puede llevar a tener un accidente». Ella tuvo uno en el que se le quedó atrapado un brazo y aunque no fue grave si se llevó un buen susto tanto ella como su familia.

Es que no fue casualidad que esta langreana, de 47 años y vecina de Sama, entrara a trabajar en la mina. Si lo hizo, como tantos otros mineros, fue «porque hubo una muerte en la familia». «Yo nunca pensé que iba a trabajar en la mina, pero surgió la oportunidad y me decidí», admite con el pesar de lo que supuso tal decisión en su casa por aquel entonces cuando ya habían vivido una tragedia.

 Montse Freire es electromecánico de segunda y cada día tiene que coger la jaula para entrar en el María Luisa porque ella es trabajadora de interior. Su labor es el mantenimiento y reparación de las máquinas y, como cualquier otro minero, trabaja a relevos de mañana, tarde y noche, turnos a los que se ha acostumbrado su cuerpo a lo largo de esta década como al esfuerzo de andar por el interior de la mina porque, como matiza, «caminar por ahí dentro no es caminar por la calle Dorado de Sama», y recuerda que los primeros días de trabajo tenía agujetas por todos lado «y parecía que llevaba un siglo».

Sobre el ambiente de trabajo, señala que es bueno y que aunque la minería históricamente fue cosa de hombres, hoy en día «a las mujeres nos tratan bien», con lo que para ella sus compañeros y compañeras son «otra familia».

 La paralización de actividad extractiva genera cierta incertidumbre a Montse Freire sobre su futuro o, más bien, sobre su destino, ya que por el momento desconoce si se quedará realizando las tareas de recuperación de material en el pozo de Ciaño o será trasladada para alguna de las tres explotaciones que mantendrán la actividad, al menos, hasta 2018. Para ella el tiempo es medido, ya que con el coeficiente reductor, ella se prejubilará dentro de dos años.

 El Sotón obliga al mantenimiento de María Luisa

 Pero el cierre del María Luisa no será un cierre literal y mucho menos podrá acabar inundado como les ha ocurrido a otras explotaciones mineras una vez se concluyó el proceso de recuperación de material. La conexión que el pozo de Ciaño tiene con el Sotón, ubicado este ya en el vecino concejo de San Martín del Rey Aurelio, obligará a realizar mantenimiento en el primero en tanto que el segundo está reconvertido en Centro de Experiencias en el que se llevan a cabo visitas turísticas por su interior. Por tanto, una inundación de María Luisa trasladaría más agua al Sotón por las galerías que los interconectan.

 Y como no, para la posteridad quedará su castillete, modificado en dos ocasiones por Hunosa para adaptarlo a las necesidades de cada momento. Así, si en 1973 se dotó de una nueva máquina de extracción dotada de polea Koepe, que conllevó también la construcción de una nueva casa de máquinas, en 2008 se inició una segunda modificación para incorporarle una segunda polea Koepe que permitiera sacar hasta 2.000 toneladas de carbón diarias por la caña del pozo. De este modo se daba salida al carbón que antes del incendio del plano inclinado salía en una cinta transportadora hacia Modesta.

Además, el castillete del pozo María Luisa, construido originalmente en 1940, está incluido en el inventario del Patrimonio Cultural de Asturias junto con la sala de embarque, que data del año siguiente. La Consejería de Cultura aprobó la inclusión de estos dos elementos en el inventario en febrero de 2013.

Esta Navidad en lo alto del castillete del María Luisa luce la estrella Polar, que quizá guíe los destinos de esta explotación cuyo interior se quedará en la más absoluta oscuridad cuando ni lo iluminen las lámparas de los que habrán sido sus mineros.

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