A la empresa minera, creada el 9 de marzo de 1967 como banco malo, sólo le quedan 1.200 trabajadores en los tres yacimientos abiertos. Llegó a tener cerca de 28.000 mineros
07 mar 2017 . Actualizado a las 21:00 h.Hunosa, empresa estatal minera, gigante carbonero de referencia para Asturias, clave socioeconómica de las comarcas mineras, cumplirá en unos días su 50 aniversario y aunque, como se suele decir coloquialmente, ya no es ni su sombra, bien es cierto que la compañía (propiedad de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) intenta reinventarse emprendiendo en otros ámbitos y generando nuevas actividades que le posibiliten un futuro a ella y a unas comarcas mineras que con el progresivo cierre de sus pozos se sienten heridas de muerte. Es más, de todos es sabido que la estocada final para estos territorios podría llegar con el cierre de los tres últimos pozos de Hunosa a finales de 2018, fecha fijada por la Unión Europea para la clausura de la minería del carbón no competitiva. Y no es que la crisis industrial y minera de finales del siglo pasado le haya restado competitividad a la gran empresa hullera. En realidad, nunca lo fue y siempre ha necesitado de las ayudas a la producción para sobrevivir desde el mismo momento de su creación.
Su historia es parte de la historia de Asturias, de las comarcas mineras, de las miles de familias que en este medio siglo han estado vinculadas a la compañía. Y en su historia están las millones de toneladas de carbón extraído de un subsuelo plagado de galerías, los miles de accidentes con cientos de muertes, las luchas mineras, las huelgas, las negociaciones, los hitos rotos con la entrada de las mujeres a las minas, la cultura minera…
Fue por el Decreto 486/1969, de 9 de marzo de 1967, por el que nació la empresa Hulleras del Norte S. A. (Hunosa). Lo hacía con la finalidad de explotar minas de carbón y cuantas actividades estuvieran relacionadas con ello pero, sobre todo, fue una operación de salvamento puesta en marcha por el Instituto Nacional de Industria con la que se aglutinó a casi una veintena compañías del sector del carbón durante los tres años que duró el proceso de integración de esas empresas, todas con enormes deudas y falta de competitividad para continuar de forma independiente. Por tanto, Hunosa se creó hace medio siglo a modo de «banco malo», que se dice hoy en día, a partir de empresas como Duro Felguera, Fábrica de Mieres, Carbones Asturianos, Hulleras de Turón y Carbones de La Nueva o Hullera Española. La constitución oficial con escritura pública tendría lugar tres meses después, el 14 de julio de ese mismo año, con un capital de 3.380 millones de pesetas.
Tras aquella «nacionalización» de 1967, las plantillas de las empresas que se incorporaron en una primera tanda superaban los 20.000 trabajadores, aunque con los otros dos procesos de integración de empresas llevados a cabo entre 1968 y 1970, Hunosa llegó a rozar los 28.000 empleados a principios de los años 70 que trabajaban en el casi medio centenar de pozos y minas que llegó a tener en funcionamiento. La cifra de trabajadores nada tiene que ver con los 1.208 trabajadores que tiene en la actualidad la empresa estatal minera, de los cuáles 967 de interior, 202 de exterior y 39 de la térmica. Esto significa se han perdido un 95,68% de los empleos, una reducción que fue progresiva durante las décadas de los setenta y los ochenta y que cayó en picado a partir de 1991 cuando se pactó el proceso de ajuste y comenzó el cierre paulatino de pozos tan emblemáticos como el Barredo, el San Luis, el Entrego, el Fondón, Figaredo, Monsacro, Candín, Sotón o María Luisa, de donde se dejó de extraer carbón el 30 de diciembre de 2016, aunque sigue teniendo 80 trabajadores que se encargan del cierre ordenado de la explotación.
Las cifras de producción de los comienzos de Hunosa y las de ahora también reflejan el desmantelamiento del gigante carbonero, que al año siguiente de su constitución extrajo de las entrañas de las cuencas 3.238.100 toneladas de carbón y siendo 1972 uno de los mejores años al alcanzarse la cifra de 4.629.400 toneladas, según recoge la publicación de Manuel Díaz-Faes Intriago, La Minería de la Hulla en Asturias. Un análisis histórico. La previsión para este año 2017, según el plan de empresa está en las 542.000 toneladas brutas, mientras que para 2018 está previsto que salgan 466.000 de los tres pozos en activo, que son Carrio, Aller y Sueros.
Sin embargo, ni el año pasado, cuando se rondaron las 270.000 toneladas, ni en la década de los 90, ni en 1972 con aquellas 4,2 millones de toneladas, ni tampoco en los años siguientes a su constitución Hunosa ha sido competitiva. De hecho, a principios de 1970 las pérdidas acumuladas por la empresa hullera ya superaban el capital social de su constitución, con lo que se decidió reducir ese capital a cero y fijar un nuevo capital de 3.900 millones de la antigua moneda española. Sin embargo, los accionistas no participaron en la nueva suscripción y el Instituto Nacional de Industria (INI) se vio obligado a desembolsar la totalidad del capital, pasando a ser el único accionista y en su haber numerosas explotaciones, lavaderos, talleres, almacenes, economatos… un pasivo en casi todos los casos obsoleto en el que Hunosa también ha tenido que realizar importantes inversiones en este medio siglo de historia.
Todos estos datos dan cuenta de la evolución que ha tenido Hunosa y constituyen un buen barómetro del impacto que han tenido en las comarcas mineras los diferentes planes firmados para el sector del carbón, unos acuerdos en los que siempre han estado palabras como reconversión y diversificación. Y hacia ello trata de tender la empresa estatal minera, para lo que utiliza a filiales como son Sadim, Fusba o Sodeco, con las que trata de generar un nuevo tejido económico «que dependa lo menos posible de la ayuda pública» y «tire por la economía local y regional manteniendo un nivel adecuado de empleo», manifestaba en su día la presidenta, María Teresa Mallada, quien pretende que la empresa estatal minera sea «un símbolo de la renovación industrial asturiana», según decía en uno de sus discursos. Así, Hunosa apuesta por las nuevas energías, como la geotermia, el biogás o la biomasa; por sacar rentabilidad a una reserva de suelo industrial, que se calcula que supera el millón de metros cuadrados; por aprovechar el valor que le puede suponer estar en grupo que puede ofrecer servicios de minería, obra civil, seguridad, medioambiente, museos o nuevas tecnologías; y por impulsar actividades e iniciativas ajenas a través sus filiales.
Los sindicatos apuestan por la continuidad de Hunosa
Encargadas de velar por Hunosa a lo largo de sus 50 años de historia han estado las centrales sindicales, desde donde hoy en día entienden que a lo largo de este medio siglo ha sido «perenne la influencia decisiva que la empresa tiene, ha tenido, y tendrá, en la socio-economía de la comarcas mineras». Así lo trasladan desde el SOMA, desde donde siguen defendiendo el mantenimiento de la extracción de carbón como actividad principal, «ancla de todas las demás posibilidades, y que dentro del contexto sectorial, con las medidas oportunas, básicamente de inversión, se proyecte mucho más allá del 2018», horizonte temporal fijado por la orden 787/2010 de la Unión Europea, y es que para este sindicato «el binomio carbón-energía es inseparable».
No obstante, en el SOMA son conscientes de que «la realidad cambia a pasos agigantados», y por ello recuerdan su compromiso «a que se abran nueva líneas de negocio, en diferentes campos, muy ligados a la energía y el medioambiente, sin descartar ningún campo en el que se pudiera explorar la posibilidad de que aporte valor a la firma, y contribuya a la mejora de la cuenta de resultados», aunque se matiza desde la central que todo ello «sin perder la perspectiva original».
Lo que no falta es el convencimiento de que «Hunosa sigue teniendo mucho futuro, tanto en su actividad troncal, la minera, como en otras líneas de negocio que se puedan implantar», por lo que desde el sindicato se manifiesta que «para nosotros es indiscutible que Hunosa debe seguir siendo la empresa de referencia en la comarcas mineras centrales, de su estructura económica y social, de manera directa o indirecta, como siempre lo ha sido».
En la misma línea va CCOO de Hunosa, donde se tiene clara «la importancia que el carbón tiene y seguirá teniendo durante décadas en la garantía de suministro energético de España». Por este motivo, defienden la continuidad de Hunosa después del 1 de Enero de 2019 como empresa energética «donde la extracción de carbón siga jugando un papel importante a la vez que se apueste claramente por investigar el aprovechamiento comercial de los recursos propios que tiene Hunosa como son el agua, el gas metano y la madera». Así, lo que CC OO exige al gobierno del Partido Poular es «que de los pasos necesarios para impedir que se haga efectiva la decisión 787/2010 que obliga a cerrar las minas no competitivas el 31 de diciembre de 2018 y que a la vez apueste de verdad por la diversificación en Hunosa y la reactivación de las comarcas mineras».