Hunosa, conquistada por las mujeres mineras

Las mujeres representan alrededor del 12% de la plantilla actual. En 1992 una sentencia del Tribunal Constitucional les abrió las puertas. Concepción Rodríguez y Blanca Colorado hablan de su experiencia

Blanca Colorado
Blanca Colorado

Redacción

Durante 25 de los 50 años que ahora cumple Hunosa se pensó que la mina no era para las mujeres, que éstas no tenían cabida ni puesto en una empresa como esa, dedicada a arrancar carbón a las entrañas de la tierra, más allá de las enfermeras que pudiera haber para procurar los primeros auxilios a los mineros que se mancaban. En 1992 el Tribunal Constitucional quitó la razón a quienes pensaban así y a partir de entonces se abrió un nuevo capítulo en la historia del gigante estatal carbonífero, un capítulo en el que alrededor de 180 mujeres han sido protagonista al demostrar que sí eran y sí son capaces de trabajar dentro o fuera de un pozo al igual que los hombres, porque como dice Blanca Colorado, en la mina también se puede aplicar el «más vale maña que fuerza» y en la actualidad las mujeres representan alrededor del 12% de la plantilla de la empresa estatal minera, que se cifra en unos 1.200 personas.

Que Blanca Colorado pudiera entrar en 2001 a trabajar en el interior del pozo Sotón como auxiliar de minera para paliar carbón fue, fundamentalmente, por la lucha «larga y dura» que Concepción Rodríguez mantuvo con Hulleras del Norte S. A. entre 1985 y 1992, año en el que el Tribunal Constitucional reconoció el derecho de las mujeres a entrar en la mina tras una demanda presentada por esta última. Hoy, cuando además coincide que se celebra el Día Internacional de la Mujer, Concepción y Blanca son ejemplos de mujeres que rompieron hitos en esa empresa estatal minera que mañana cumple medio siglo, la primera por pelar por sus derechos contra Hunosa y la segunda por haber sido pionera en ocupar un cargo directivo en la rama en un sindicato minero.

Blanca Colorado, en la actualidad secretaria de Organización de CC OO de Industria, reconoce la lucha de Concepción Rodríguez y de aquellas primera mujeres que en 1996 «abrieron la puerta» de los pozos a las mujeres para que después un centenar más tuvieran la misma oportunidad que los hombres de tener un trabajo estable. «La mina es dura, pero te permite desarrollar la vida personal», comenta Blanca que con 27 años y después de haber trabajado en el sector servicios entra en Hunosa en la categoría de auxiliar minera, donde encontró una «estabilidad laboral y derechos» que en otros trabajos no había tenido. Eso no le hace olvidar que los primeros días en los que tuvo que bajar a la octava planta del pozo Sotón fueron «duros» y más cuando su entrada en la empresa minera había sido por preferencia absoluta al haber perdido a su padre en 1991 en el pozo Pumarabule. «Entras y te encuentras el negro absoluto y el miedo a lo desconocido, por lo que tienes que activar los cinco sentidos», cuenta Blanca Colorado mientras parece que revive aquella «inseguridad» de sus primeras jornadas en la mina.

Y es que esos miedos y esas inseguridades las tuvo que interiorizar durante «días, meses e, incluso, años» porque reconoce que en una casa azotada ya en una ocasión por la tragedia minera trataba de «minimizar el miedo que había pasado ese día para no preocupar». Y más aún después de que su hermano, unos años más pequeño que ella, decidiera un tiempo después incorporarse también a la mina.

Sobre su experiencia con los compañeros, Blanca Colorado no tiene nada malo que decir y señala que en el pozo Sotón cuando ella empezó de una plantilla de 450 trabajadores sólo 17 eran mujeres, pero destaca que siempre hubo «una situación global de respeto». Su trabajo en la cabeza de un pánzer paliando carbón explica que requería esfuerzo físico, aunque matiza que, en su opinión, «vale más maña que fuerza» puesto que nunca tuvo impedimento para desarrollar su trabajo mientras estuvo en el interior de la mina.

Un interior que reconoce que a veces extraña, porque aunque desde 2004 está vinculada a la labor sindical, asegura que «es bueno volver a las raíces y mantener siempre la vinculación con el puesto de trabajo y con los compañeros». De echo, en 2012 tuvo que reincorporarse durante nueve meses a su puesto en el pozo Sotón y ahora sigue siendo delegada sindical en el pozo María Luisa, lo que compatibiliza con su puesto como secretaria de Organización de CC OO de Industria, aunque sus comienzos en el sindicato fueron primero como delegada y después como secretaria de Mujer y Juventud en la Federación Minerometalúrgica de CC OO, lo cual supuso romper un hito. Por eso, Blanca Colorado insta «a que más mujeres se animen a dar un paso al frente y a irrumpir en ámbitos sindicales» y en trabajos que quizá se piense que no son para mujeres «porque todo se aprende y sólo hace falta las ganas de trabajar».

La sentencia que permitió a las mujeres entrar en la mina

Y esas ganas de trabajar como minera las tenía Concepción Rodríguez, aunque ella tuvo que iniciar una «larga y dura» pelea con Hunosa en 1985 después de que la empresa estatal minera la dejara sin puesto de trabajo «ni dentro ni fuera» pese a haber superado todas las pruebas y reconocimientos médicos al igual que los hombres que entraron en aquella convocatoria de empleo. Concepción está prejubilada desde hace cinco años de la empresa estatal minera, pero recuerda perfectamente que fue «una lucha muy dura» la que tuvo durante siete años tras haber demandado a la empresa y haberla llevado al Tribunal Constitucional que, finalmente, en 1992 reconoció con una sentencia el derecho de las mujeres a trabajar en las minas. «Sin esa sentencia no habría ninguna mujer en el interior de las minas», explica Concepción, quien pese a haber ganado a Hunosa nunca llegó a trabajar dentro de una mina.

Unos meses antes de esta sentencia del Tribunal Constitucional, en 1991, esta langreana consiguió entrar en Hunosa como peón de exterior en los almacenes generales de El Trabanquín, aunque el puesto al que accedió «nada tiene que ver con la categoría de ayudante minero» a la que ella aspiraba. Así, explica que su empeño y su decisión de demandar fue «porque fui rechazada por ser mujer, porque yo había superado todas las pruebas». Es más, recuerda Concepción Rodríguez que una vez se incorporó a la empresa, por aquel entonces ya había diferencias salariales y «a nosotras nos pagaban menos que a los hombres», por lo que si se le pregunta si fue discriminada su respuesta es que sí, «por la empresa, porque me pagaban menos que a los hombres», aunque apostilla que «por lo demás, trabajando, otra discriminación no tuvo» por parte de los compañeros. Igualmente, asegura que después le costó mucho sacar la plaza de auxiliar administrativo.

Pese al fallo del Tribunal Constitucional en 1992, Concepción señala que «no fue hasta 1996 cuando las mujeres pudieron entrar», aunque hoy en día se muestra satisfecha de haber contribuido «a que las mujeres rompieran barreras» en Hunosa. Así, considera importante la sentencia como modo de dejar claro «que las mujeres son personas que pueden decidir» y, hoy por hoy, las anima «a seguir luchando» por su futuro y por el de la empresa estatal minera demandando «que se mantenga el pacto nacional por la energía» ante los continuos «incumplimientos de los planes del carbón».

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