Alemania, Polonia y República Checa reabren sus minas mientras Asturias cierra sus pozos

Los cielos abiertos, de los que se extraen mayoritariamente lignito, mantienen la producción europea de carbón, que en 2015 alcanzó los 500 millones de toneladas. España tan sólo aportó ese año 3 millones de toneladas, de las cuáles 1,2 fueron de mineral asturiano

Carbón almacenado en el puerto de El Musel
Carbón almacenado en el puerto de El Musel

Langreo

Si hay algo que revuelve las tripas de quienes sienten el carbón en su sangre, de quienes lo han trabajado, de quienes lo han sufrido y de quienes pelean por un futuro para el mineral autóctono es escuchar que mientras en España, en general, y en Asturias, en particular, se cierran minas, en países europeos como Alemania, Polonia o República Checa se abren explotaciones y se siguen extrayendo toneladas y toneladas. Entonces ¿cuál es la clave? Pues la competitividad de las propias minas, ya que la decisión de la Unión Europea es dejar de dar ayudas al sector más allá de 2018, por lo que las que se están concediendo en la actualidad son ayudas destinadas a facilitar el cierre de las minas de carbón no competitivas que, aunque no guste, son las de interior por los elevados costes de explotación. Otra cosa es lo que con razones reclaman Carbunión y las centrales sindicales, como que el carbón autóctono debe mantenerse en el mix energético nacional en el 7,5% comprometido para garantizar el suministro y equilibrar los precios de la electricidad. Es por ello que algunas voces apuntan a que el carbón debería ser tratado como Obligación de Servicio Público, cambio que le permitiría recibir ayudas indirectas y, por tanto, presentar batalla al carbón de importación.

En la comparativa con la situación europea, la principal diferencia de España con los principales países que siguen extrayendo carbón es, justamente, el tipo de carbón. Mientras la mayoría de explotaciones mineras españolas son de antracita o hulla, es decir, de interior, las que se mantienen abiertas en la actualidad con producciones significativas en Alemania, Polonia, República Checa, Turquía, Serbia, Bulgaria, Grecia o Rumanía son minas de lignito que, por lo general, son a cielo abierto. Estas minas son más competitivas porque, como explica el presidente de Carbunión, Pedro Iglesias, «es una minería extensiva, en la que se utiliza mucha maquinaria y menos personal, y se obtiene mucha producción». Así, considera que el futuro de la minería española pasa también por la producción a cielo abierto, «ya que soportan mejor la explotación sin ayudas», aunque apostilla que «para Asturias sería más complicado» ese tipo de minería que sólo se da en el suroccidente de la región.

La realidad, según los datos de Euracoal (Asociación Europea para el Carbón y el Lignito) de 2015, los últimos disponibles, es que en la Europa de los 28 se movieron 690 millones de toneladas de carbón el citado año, de los cuáles 399 fueron de lignito, 100 de hulla y antracita y 191 millones de toneladas fueron de carbón importado, siendo Alemania el mayor importador al requerir 55,5 millones de toneladas. No obstante, su producción autóctona fue de 185 millones de toneladas (178,1 de lignito y 6,7 de hulla y antracita). El segundo país productor de carbón autóctono es Polonia, que extrajo de sus minas más de 135 millones de toneladas (72,2 de hulla y 63,1 de lignitio), con lo sólo requirió importar 8,2 millones de toneladas. Ucrania es otro ejemplo de autoabastecimiento, ya que sacó 39,7 millones de toneladas de hulla e importó 14,6. Reino Unido, sin embargo, importó 25,5 millones de toneladas, aunque sacó 8,5 millones de toneladas de carbón autóctono.

La española, en cambio, es otra realidad pese a ser un país con aún grandes reservas carboníferas. Los datos de 2015 indican que en nuestro país se produjeron 3 millones de toneladas de carbón (1,2 en Asturias) y se importaron 19 millones de toneladas. Es decir, que España produjo el 0,6% de la producción total de la Europa de los 28 y sólo un 1,6% de lo que llegó a extraer Alemania.

Las cifras de 2016 hablan de que sólo se extrajeron de nuestras minas 1,7 millones de toneladas (865.000 en Asturias) mientras que de fuera llegaron 14,7 millones de toneladas. El otro dato que lleva al secretario Sectorial Minero de UGT-FICA a considerar que el pasado año fue «un desastre» y al presidente de Carbunión a definirlo como «annus horribilis» es ese 1,8% de hueco térmico que tuvo el carbón nacional, cuando lo pactado es un 7,5%. De todos modos, tanto Víctor Fernández como Pedro Iglesias reclaman al menos sea un 5%, de forma que la producción nacional que comprarían las térmicas alcanzaría las 4 millones de toneladas, «una producción que hace mucho que no se da», señala el presidente de Carbunión, quien apostilla que habría que echar la vista atrás hasta 2011 para encontrar datos de más de 6 millones de toneladas, que sería la traducción de ese 7,5% de hueco térmico para el carbón nacional.

Lo que tiene claro Pedro Iglesias analizando los datos de Euracoal, que indican que la producción propia en Europa fue de 500 millones de toneladas, es que «ningún país que dispone de carbón se olvida de sus recursos», por lo que considera «una lástima que en España, habiendo recursos competitivos, aún no se haya establecido un espacio reservado» para el mineral nacional y no se esté cumpliendo ese 7,5% comprometido de quema de carbón autóctono.

En lo que respecta a Asturias, el presidente de Carbunión considera que la región «podría tener explotaciones a cielo abierto para competir con el mercado internacional», aunque recuerda que ese tipo de minería no requiere del mismo número de trabajadores que la de interior, a la que reconoce «una situación complicada» con la aplicación de la normativa europea que no permite ayudas. Y es que recuerda que esa normativa «es de aplicación en lo bueno y en lo malo».

«Bien es cierto que determinados países europeos tienen problemas parecidos, pero nuestras circunstancias como país son diferentes al resto, porque aquí hay un paro del 22% y parece imposible recolocar trabajadores de la minería como se hace en otros lugares», manifiesta Pedro Iglesias, que confía en que tras las últimas subidas del precio de la electricidad, «los nuevos responsables políticos se hayan dado cuenta que sería un despilfarro abandonar el único combustible autóctono» que tiene España, ya que apostilla que «la energía de respaldo la genera el carbón de forma más segura y económica que el gas» en tanto que el funcionamiento de este último «no se acopla con la misma flexibilidad».

Desde los sindicatos también se reclama que el carbón nacional participe en el mix energético, algo que justamente le recordaban al secretario de Estado de Energía en la reunión que mantenían el pasado jueves 20 de abril. El secretario sectorial Minero de UGT-FICA, Víctor Fernández, confía en que el Gobierno se convenza de la necesidad de que el carbón siga siendo utilizado «como energía de respaldo por seguridad de suministro y por cuestiones sociales y territoriales». Así, en declaraciones a La Voz de Asturias el mismo apuntaba que la prohibición de la Unión Europea de conceder ayudas a las empresas no competitivas se podría resolver si se tratara al carbón como Obligación de Servicio Público, por lo cual podría obtener ayudas de forma indirecta. No obstante, Fernández también pone de manifiesto que «los cielos abiertos en España reciben unas subvenciones mínimas», con lo que ha considerado que podrían ser una alternativa que en su opinión no se puede obviar, aunque es consciente de que suelen generar rechazo por el impacto visual. Sin embargo, el representante de UGT-FICA matiza que con buenos proyectos de recuperación de las zonas eso no debería ser un hándicap, ya que señala que hay ejemplos de cielos abiertos, como el de As Pontes en Galicia, que han quedado en perfectas condiciones una vez culminada la explotación del terreno.

De todos modos, Víctor Fernández concluye que ante las normativas que se fijan desde la Unión Europea, lo fundamental es «que las centrales compren carbón nacional» y que haya empresas mineras «que se animen a seguir», ya que entiende que «una buena mina de exterior se podría compatibilizar con otras de interior».

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