Ancianos en el parque Dorado de Sama de Langreo

La despoblación que los fondos mineros no lograron frenar

Las comarcas del Nalón y del Caudal han perdido 35.000 habitantes desde que en 1998 se pusiera en marcha el primer Plan de la Minería del Carbón


Redacción

Cuando hace 20 años (un 15 de julio de 1997) el Ministerio de Industria y Energía y los sindicatos UGT y CC OO suscribieron el Plan 1998-2005 de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras, uno de los objetivos que se planteaban las partes era reactivar el tejido económico de estos territorios con el propósito de frenar la sangría poblacional, ya que el declive de la minería y la industria ya había supuesto una pérdida de 6.800 habitantes entre los años 1993 y 1996. Casi dos décadas, tres planes del carbón y 6.000 millones de euros después, los datos del padrón de las cuencas dejan como conclusión que los fondos mineros, con sus inversiones en infraestructuras, en equipamientos y en empresas, no lograron frenar la pérdida de vecinos. En concreto, desde 1998 (comienzo del primer Plan de la Minería) y hasta finales de 2016 (últimos datos de población registrados), las comarcas del Nalón y del Caudal han perdido 35.000 habitantes, lo que supone casi un 20% de la población con la que contaban al comienzo de ese primer plan, que se cifraba en 175.909 personas.

Paradójico resulta que en el tiempo de duración de ese primer Plan de la Minería 1998-2005 fuera cuando las cuencas sufrieran una de sus mayores sangrías, coincidiendo con los años de pérdida de puestos de trabajo en las minas. En esos ocho años, estos territorios perdieron algo más de 14.000 vecinos, siendo el año 2000 especialmente negro, puesto que sólo en ese ejercicio las cuencas restaron 3.283 habitantes. Langreo y Mieres fueron los municipios más perjudicados, puesto que cada uno de ellos perdió un millar de personas de su padrón. A partir de entonces, las cifras no han dejado de menguar hasta llegar a los 140.902 vecinos con los terminó el año 2016.

De esos 35.000 habitantes que se han perdido en estas dos décadas, casi otros 10.000 se restaron durante el segundo Plan del Carbón 2006-2012, cuyo periodo de vigencia fue del 2016 al 2012. Los otros 9.400 vecinos se han ido restando año a año a partir del 2013, con cifras nuevamente preocupantes por ir in crescendo: 2013 se cerró con 2.135 habitantes menos, 2014 con menos 2.242, 2015 con menos 2.494 y 2016 con menos 2.472. Y el tercer plan de la minería del carbón aún tiene vigencia hasta 2018.

Además de lo que significa para las comarcas mineras, en general, haber perdido más de 35.000 habitantes en casi dos décadas, está lo que esa pérdida significa para cada concejo en particular. Desde luego no era una «leyenda urbana» aquello que desde diferentes ámbitos se apuntaba sobre la emigración de los jóvenes de las cuencas. La cruda realidad fue que Langreo bajó de los 50.000 habitantes en 1999 y Mieres lo hizo un año después, en el 2000. Sin embargo, a partir de ese momento, la caída de la población en el municipio mierense ha ido en picado y el pasado año cerraba su padrón por debajo de los 40.000 sin que los fondos mineros hayan podido frenar ese descenso que le ha dejado 11.255 euros desde que comenzaran los planes de la minería en 1988.

Sin embargo, porcentualmente, hay otros concejos que han sufrido pérdidas tan importantes como la de Mieres. San Martín del Rey Aurelio (de 21.758 a 16.850) y Riosa (de 2.635 a 2.040) son otros concejos en los que la merma ha estado por encima del 22% desde 1998, aunque especialmente significativo es el caso del concejo de Aller, que ha pasado de los 15.985 a los 11.286 habitantes, lo que supone casi un 30% menos en dos décadas pese a los planes de reactivación para estos territorios. Caso, Lena y Langreo han perdido un 20,86%, un 18,74% y un 17,60% respectivamente, mientras que municipios como Laviana o Morcín han estado ligeramente por debajo del 10% de pérdida de habitantes.

La excepción en esta sangría de población es el concejo de Sobrescobio, que en estos 20 años ha tenido altos y bajos, aunque el balance final es que al término de 2016 tenía una cifra superior a la de 1998. Si entonces contaba con 794 vecinos, en la actualidad tiene 856, lo que supone un 8,20% más.

La pregunta que queda en el aire es cuánta población más habrían perdido las comarcas mineras si no hubieran llegado esos 6.000 millones de euros que contribuyeron a mejorar las comunicaciones, las infraestructuras, los barrios…; que sirvieron para dotar a los concejos de más equipamientos lúdicos y culturales, aunque ahora la experiencia diga que algunos han sido un derroche de dinero…; que ayudaron a crear empresas, aunque no todas ellas tuvieran por objetivo crear los empleos necesarios para asentar población en unas cuencas que se siguen desangrando, porque a los que emigran de estos territorios hay que sumar esa población envejecida que, una vez que se va, ya nunca puede regresar.

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