Sidra, cerveza y ginebra para diversificar las cuencas

En el último lustro se han asentado o resurgido llagares, empresas cerveceras, una fábrica de licores y hasta una microdestilería que han dado lugar a una industria agroalimentaria con cabida en las comarcas mineras


Redacción

Hace unas décadas raro era el pueblo de las cuencas en el que no hubiera al menos una familia con un llagar artesano en el que mayar unos cuantos kilos de manzanas para hacer sidra para casa. El cambio de modelo económico y el generacional ha conllevado la pérdida de muchos de esos llagares artesano-familiares; y quizá el auge y el declive de la actividad industrial y minera también haya tenido que ver, como lo tuvo en el éxito y posterior fracaso de la destilería Gin Kiber, una empresa que estuvo asentada en Mieres y que desapareció pese a haber tenido repercusión a nivel nacional cuando los sectores tradicionales de las comarcas mineras empezaron a flaquear. Hoy esos sectores, el de la minería y la siderurgia, son más bien residuales en unos territorios en los que la lucha por la diversificación ha hecho crecer a una industria agroalimentaria directamente relacionada con el pasado. Así, en estas cuencas en las que nunca se ha obviado el gusto por tomar unos culetes de sidra, una cerveza, un chupito o un cacharru (puede ser en plural también: unas cervezas, unos chupitos o unos cacharros) se han asentado o resurgido en el último lustro llagares, empresas cerveceras, una fábrica de licores y, recientemente, una microdestilería de ginebra.

En la mayoría de los casos, son gente joven que tenía que buscarse un futuro laboral los que han puesto en marcha o impulsado estas empresas en las cuencas. Es el caso de Sidra l’allume, Cerveza Caleya o Gin Kiber Microdestilería, aunque también es gente con un futuro por delante la que trata de mantener empresas con una trayectoria, como son el Llagar Alonso o L’Ayerán.

Tres llagares con diferente recorrido

De los llagares formalizados como empresa en las comarcas mineras, el que tiene una trayectoria más dilatada de los tres consultados es el Llagar Panizales, ubicado en el pueblo de Espinedo, en Mieres. Aunque su trayectoria comenzó en los años ochenta como tantos otros llagares artesano-familiares, a principios de la década de los 90 se formalizó como empresa incrementando año a año la producción hasta llegar a los 200.000 litros anuales, que dan para autoabastecer al llagar-restaurante en que se ha convertido y para distribuir aún en algunas sidrerías, comercios e, incluso, grandes superficies comerciales. Pero lo que diferencia a esta empresa es el aprovechamiento e innovación que hace en torno a la manzana y a la sidra que le ha llevado a crear, entre otros productos, la sidra de hielo o el vermú de sidra hace ya una década, aunque desde hace dos años estos productos están en auge al haber sido introducidos en todos los restaurantes con Estrella Michelín de Asturias como delicatesen, según ha explicado el jefe de ventas y responsable de Llagar Panizales, José Expósito, quien señala que en el sector sidrero «aún queda mucho por andar».

Un llagar con casi 80 años de historia, aunque hace sólo tres que se asentó en la comarca del Nalón es Sidra Alonso. De las nuevas instalaciones que han acondicionado en la Puente Carbón, en Ciaño (Langreo) salen anualmente unas 100.000 botellas de sidra que según señala el gerente, Javier Díaz, dan para abastecer al bar, también propiedad de la familia, que tienen en La Felguera y a las sidrerías que tienen como clientes. Y aunque el 70% de la producción se queda en las cuencas, el responsable del llagar comenta que también se toma sidra Alonso en localidades como Foz (Lugo) o Sanabria (Zamora). Además, Javier Díaz explica que toda la manzana que utilizan es asturiana y, principalmente, de la comarca minera, donde dice «hay muchas personas con pumaradas pequeñas y, por tanto, muchísimas manzanas» que le llegan al llagar casi sin buscar, y es que el mismo comenta que «antes la gente mayor tenía un llagar en casa y todo el mundo mayaba, pero ahora no es así» por el cambio generacional.

Sin embargo, todavía quedan jóvenes para quienes su ilusión era poner en marcha un llagar. Es el caso de los cuatro socios que en mayo de 2013 impulsaron Sidra l’allume. Ante la imposibilidad de montar un llagar nuevo, compraron el existente en El Carbayu, en el que ya había maquinaria con la que empezar a trabajar. El primer año su producción fue de unos 60.000 litros, aunque según indica unos de los socios, Nacho Fuentes, este año ésta ya se ha duplicado y cuentan con 120.000 litros de sidra que se puede beber en más de 40 bares, principalmente de las cuencas, pero también de Gijón, Oviedo, Avilés o Candás. Sidra l’allume elabora su sidra con un porcentaje muy elevado de manzana de las cuencas a la que le mezcla algo de manzana de la costa para mejorarla. Nacho Fuentes señala que en los puntos de venta que tienen la aceptación del producto es muy buena, aunque matiza que no es fácil sacar adelante un negocio así por la falta de ayudas de parte de las administraciones hacia un producto tan nuestro como es la sidra.

La cerveza que traspasa fronteras

Pero las cuencas tienen cabida para mucho más que sidra. A finales de 2012 nacía en Sobrescobio Cerveza Caleya, una empresa de producción de cerveza artesana que ha visto como en este lustro sus instalaciones en el concejo coyán se quedaban pequeñas teniendo que trasladarse a Valnalón hace tres meses para poder seguir creciendo. Uno de los socios de Cerveza Caleya, Silvestre Alonso, explica que en Sobrescobio llegaron al tope de producción que daban las dependencias en las que estaban, de 90.000 litros anuales, mientras que en la nave que han habilitado en el área industrial langreana la intención es llegar este 2017 a los 200.000 litros, aunque ésta tendría capacidad para llegar al millón de litros de cerveza. Silvestre Alonso asegura que para él y sus socios era importante mantenerse en la comarca del Nalón «por una cuestión de identidad y por tratar de fomentar la economía local» de unos territorios en los que cree que antes faltaba la iniciativa emprendedora «porque siempre hubo empresas estatales» que daban empleo a la población. En Cerveza Caleya son cuatro trabajadores, aunque estacionalmente tienen que contratar a una persona más para poder sacar la producción de las cuatro variedades de Cerveza Caleya que ofrecen a un mercado que ya ha traspasado fronteras. Y es que, además de los 200 bares en los que tiene presencia en Asturias, todas las semanas envían cerveza a establecimientos de Madrid o Barcelona, porque Caleya se diferencia por ser una cerveza con unas materias primas seleccionadas y un proceso de elaboración artesano en el que no caben los químicos.

También en La Felguera se encuentra Curruxera Brewery, aunque en el caso de este negocio la cerveza que produce también de forma artesanal sólo se puede consumir en el local. Es lo que en términos cerveceros se denomina un brew pub, o microcervecería que produce una cantidad limitada de esta bebida.

Gin Kiber, la recuperación de la ginebra de Mieres

Un joven emprendedor, Sergio Carpio, es el impulsor de Gin Kiber Microdestilería, una empresa que se ha asentado en Valnalón, aunque su promotor es de Sariego, que ha recuperado la marca de ginebra Kiber, una bebida que en la segunda mitad del siglo pasado se producía en Mieres y que según cuenta Carpio llegó a tener éxito en el ámbito nacional, aunque finalmente desapareció. Desde hace casi tres meses Gin Kiber está en el mercado como «homenaje al pasado industrial de las cuencas» y ahora su impulsor trata de que ponerla en el mercado produciendo lotes de 200 botellas de cada vez. Lo que ofrece es una ginebra «de máxima calidad» que tiene una elaboración poco común «por infusión de vapor», un método diferente «que aporta sabores y aromas a la bebida más suaves». En su caso, señala que también utiliza productos asturianos, como la piel de la manzana y los cítricos, para aromatizar la ginebra.

Sergio Carpio confiesa que en Valnalón, uno de los polígonos industriales más importante de las cuencas, ha encontrado «la ubicación ideal» para desarrollar su proyecto, una iniciativa con la que contribuye a diversificar unos territorios en los que está seguro que «sabemos hacer las cosas bien».

Los licores de las cuencas son de L’Ayerán

Una variedad de licores para todos los gustos la produce L’Ayerán, una empresa ubicada en Casomera (Aller) a la que en 2013 le dieron una oportunidad sus actuales propietarios puesto que, aunque llevaba casi 20 años de actividad, estaba a punto de cerrar. En su catálogo de productos cuenta con seis variedades de licores, aunque el gerente de L’Ayerán, Ricardo Cortizo, comenta que la venta de licores no es lo más fuerte de esta empresa agroalimentaria en la que también se elaboran mermeladas, se produce miel y se hace zumo ecológico de arándanos. No obstante, el proceso de transformación del orujo blanco para convertirlo en licores también lo realizan de forma artesanal poniendo en el mercado productos de alta calidad.

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