«Hay que decirle a la sociedad mierense que el campus no es un fracaso aunque nos falte consolidarnos»

Carmen Liedo MIERES

CUENCAS

La directora de la Escuela Politécnica de Mieres hace balance en este comienzo de curso en el que se cumplen 15 años de la puesta en marcha del complejo de Barredo y un lustro desde que asumió el cargo

28 oct 2017 . Actualizado a las 06:19 h.

Asunción Cámara Obregón (Madrid, 1967) es desde hace justo cinco años la directora de la Escuela Politécnica de Mieres, aunque lleva ligada al centro desde 2001, un año antes de que se pusiera en marcha el campus de Barredo, un proyecto que considera que se hizo sin planificación porque todos los esfuerzos económicos se centraron en tener una gran infraestructura que, reconoce, es puntera a nivel nacional e internacional. En su opinión, los problemas que ha podido tener (y tiene) el complejo en estos 15 años son derivados de esa falta de planificación. Sin embargo, la misma, consciente de que al campus de Mieres le falta consolidación, quiere trasladar a la sociedad mierense que tantas expectativas puso en el complejo universitario que «no es un fracaso» y alude a los «buenos profesores» y «muy buenos profesionales» que han salido del centro a lo largo de toda su historia e, incluso, al «bien nivel académico e investigador» que hay. Pese a eso, no se despista de que el campus ha ido perdiendo alumnos por una falta de interés generalizada en las ingenierías. Así, una de las cosas que reconoce que le quita el sueño es el temor ya existente entre muchas empresas tecnológicas de que en un futuro no muy lejanos pueden tener problema para contratar profesionales.

-Arranca un nuevo curso ¿todo en orden o los comienzos siempre son de locura por mucha planificación que haya?

- Los comienzos siempre son de locura, porque la matrícula, aunque es previsible hay que constatarla una vez que acaba ese periodo de matriculación, que además es muy largo y termina ni 15 días antes de que empiece el curso, con lo que eso supone reorganización de grupos tanto si son más como si son menos de los planificados, y eso siempre supone problemas de modificación de horarios, de cambio de alumnos de un grupo a otro… supone problemas, y todavía estamos en ello, reajustando horarios.

-¿Con qué cifra de alumnos se trabajará este año?

-Más o menos en el centro, con másters y todo, estaremos en torno a los 800 alumnos. La entrada de nuevos alumnos ha sido de unos 150 entre todas las titulaciones, así que digamos que hay que mejorarla porque ha bajado sensiblemente en los últimos años. Es cierto que hay una disminución de la demanda en todos los sitios, y aquí como no podía ser de otra manera, está pasando igual.

-¿Y de profesores?

-Lo de los profesores en Mieres es difícil de cuantificar porque profesores que estemos aquí a tiempo completo o con nuestro despacho fijo aquí somos pocos, un porcentaje pequeño respecto al total. La Universidad de Oviedo tiene una estructura departamental, cuyas sedes no están ninguna en Mieres, entonces muchos profesores dan clases o dos o tres campus y están desplazándose por toda la geografía asturiana. Y pasa en todos los centros, pero aquí se nota más al no haber departamentos y no tener profesores con sede definitiva o con el despacho aquí de manera permanente. El número de los que están dando clases en el campus está en torno a los 150 profesores anualmente.

-Es una de las consecuencias de que la Universidad de Oviedo tenga las sedes dispersas…

-Pasa en muchas universidades, no sólo en la de Oviedo, y no tendría por qué ser un problema, sino que puede generar beneficios la propia diversidad o la dispersión, porque llegas mejor a la sociedad y estás más presente en el territorio, pero es más caro de mantener y genera problemas de movilidad si no tienes un buen tejido de transporte que una los campus. Hay campus en Alemania que están a bastante distancia unos de otros, pero están muy bien conectados con transporte público y no tienes necesidad de coger tu vehículo, en cambio aquí no pasa. Pero también hay universidades de comunidades autónomas más grandes en las que la situación es peor porque la dispersión es, incluso, entre provincias.

-¿Es de las que se para a hacer balance en fechas clave?

-Hago balance más bien sobre la marcha, y a veces porque se reflexiona un poco pues casi a petición de los medios de comunicación. La cuestión esta en que somos pocos para trabajar en la gestión de un centro universitario con todo el lío administrativo que conlleva Bolonia, y a veces vamos un poco al día y esas reflexiones se hacen más bien a diario porque no da tiempo a más. Pero sí que al comenzar o al finalizar un curso nos sentamos a ver qué ha pasado y por donde tenemos que enfocar el futuro. Pero es más bien el día a día el que nos lleva a organizarnos.

-Pues hablando de balances, ahora hace cinco años de su nombramiento como directora de la Escuela Politécnica de Mieres ¿está siendo más fácil o más difícil de lo que pensaba?

-Está siendo como pensaba porque conocía muy bien la realidad al haber estado de subdirectora con Antonio Bernardo muchos años, entonces la gestión del centro la conocía aunque no fuera la responsable de tomar las decisiones. Desde ese punto de vista es lo que me esperaba. La dificultad mayor está en consolidar mi equipo, donde la mayoría eran nuevos y esas personas que todavía no tienen esa experiencia y esa formación tienen que empezar a rodarse y a ver cual es la realidad y ponerse al día. Pero la verdad es que he tenido mucha suerte con todos los que me acompañan y la cosa ha funcionado muy bien en las dos legislaturas.

-¿Ha tenido que modificar los objetivos o pretensiones que tenía para el campus cuando asumió el cargo?

-Sí, porque en la primera legislatura había una propuesta inicial del equipo rectoral anterior de la presencia del máster de Caminos en el campus y el caso es que después no se veía tan factible como lo veíamos nosotros, que pensábamos que era una oportunidad y que, además, estaba en la planificación estratégica del campus. Eso nos costó mucho trabajo y mucho desgaste, porque fue luchar contra los elementos para poder sacar además un master adelante con justicia ya que era una promesa que había para aquí, siendo éste el único campus de ingeniería que no tenía un máster habilitante en ese área respecto a Oviedo o Gijón. Por tanto, nos parecía, como decía, de justicia, que nos dieran ese nivel de poder tener nuestros propios alumnos en formación de máster porque después son alumnos que tienen un potencial investigador importante y así tener nosotros esa masa crítica que se nos estaba negando. Como digo, eso costó mucho trabajo. Después, Ingeniería Geomática fue una titulación que tuvimos que modernizar para que fuera lo que es hoy, una carrera nueva lejos de la antigua formación en Ingeniería Topográfica. Había que adaptarla a los nuevos tiempos puesto que hay una demanda empresarial importantísima en nuevas tecnologías y nosotros teníamos la base para poder adaptarnos a esa situación. Eso antes de que yo me propusiera como directora no estaba en nuestros planes porque no lo veíamos así, pero en un periodo de tiempo muy rápido cambió la situación en España y se volvió crítica en todas las escuelas y tuvimos que readaptarnos rápido y hacer esa nueva carrera. Y después el doble grado en Ingeniería Civil y en Ingeniería de los Recursos Mineros y Energéticos también surgió por las transversalidad que había entre ambos estudios y a fecha de hoy puedo decir que fue un acierto porque es un doble grado que nos ayuda a consolidar ambas titulaciones con una formación redonda en ambas ingenierías. Tenemos una demanda razonable con una entrada de entre 20 y 25 alumnos en ese doble grado, que es lo esperado. Son alumnos con buenas notas que se autoseleccionan ellos mismos porque conlleva un esfuerzo un poco mayor.

-Todos estos logros le deben generar satisfacción como directora…

-Sí, pero siempre tenemos esa espada de Damocles encima de lo que decía antes, esa situación actual de que los estudios de ingeniería no tienen tirón entre los estudiantes de Bachiller. Sí en Formación Profesional, que tenemos demanda de alumnos que vienen de ciclos superiores que ya se han iniciado en ese ámbito técnico y entonces ven una continuación natural a esos estudios. Pero en el ámbito de la Educación Secundaria y Bachiller, sin embargo, las carreras técnicas han decaído y no lo acabamos de entender muy bien, y no es sólo que haya menos mujeres, que también, sino que hay menos demanda en general cuando hay una demanda de trabajo real. El temor de muchas empresas tecnológicas actualmente es que en un futuro no muy lejanos pueden tener problema para contratar profesionales formados en España o en Europa, porque es un problema que va más allá de nuestras fronteras. Eso es algo que nos quita el sueño, porque la Universidad tiene sentido porque tiene estudiantes y después todo lo demás es el complemento para estar actualizado e investigar. Pero eso es lo que nos quita el sueño, poder mantener una demanda de alumnos, a los que no estamos engañando, porque les estamos diciendo que son estudios que pueden ofrecer una buena inserción en el mercado laboral. Algo pasa, porque ahora mismo las carreras científicas tienen una demanda muy grande, aunque también es cierto que hace unos años carreras como la de Matemática no llegaba a 20 alumnos. Esa situación se ha invertido y es la que estamos pasando nosotros mientras que el doble Grado de Matemáticas y Física tiene una demanda altísima.

-¿A qué lo achacas?

-No sé si serán ciclos, modas… Aunque también pienso que uno de los problemas que tenemos en ingeniería es que hay pocos profesores en Secundaria y Bachiller que sean ingenieros, porque muchos de nosotros nos podemos orientar en nuestra vocación futura porque hemos tenido un profesor o profesora en el instituto que eran buenos y nos han despertado la inquietud por algo que de otra manera no hubieras conocido. Y ahora en ese ámbito hay muy pocos ingenieros porque es más fácil encontrar trabajo fuera de la docencia o no estamos tan enfocados a ello en Secundaria y Bachiller. Pues si hay pocos, se generan menos vocaciones, porque transmites menos y las profesiones llegan menos a los institutos. Habrá más cosas, como la idea equivocada de que para ser ingeniero hay que ser listísimo, y eso no es verdad. Hay que ser una persona normal y tener capacidad de trabajo, pero igual que en cualquier otra carrera. Eso unido a este periodo de crisis tan profundo que se ha pasado en el que había el pensamiento de que para qué voy a estudiar tanto para ganar mil euros, pues quizá a mucha gente le eche para atrás, pero yo digo que no hay una remuneración económica asociada a una profesión, sino a la valía del candidato. En definitiva, hay muchos tópicos por ahí que nos hacen daño.

-Y ¿con qué medidas hacéis frente desde el campus de Mieres a esa falta de interés por las ingenierías?

-Nuestra capacidad es limitada, así que intentamos hacer un plan de promoción de nuestros estudios con las herramientas que tenemos. Tenemos poco presupuesto y dentro de eso intentamos ingeniárnoslas con una campaña lo más potente posible en los institutos con charlas en secundaria didácticas pero enfocadas a lo que son nuestras profesiones, y en Bachiller vamos a contar qué son nuestros grados y por qué estaría bien que estudiaran esos grados. Descubrirles profesiones que desconocen o que se mueven por el tópico, cómo puede ser el de la minería. Ha habido una bajada impresionante de alumnos en Ingeniería de Minas en los últimos 30 años y aquí en Asturias se ha vinculado al declive del carbón, y como es una industria en retroceso, parece que no hay trabajo, y nada mas lejos de la realidad, porque son profesionales que están muy vinculados al sector eléctrico, al sector de las energías y es el único con Grado con especialidad en Energía de todas las ingenierías, y eso no transciende, se asocia como algo complementario cuando si hay un ingeniero que tenga atribuciones en el ámbito de la energía es el ingeniero, en nuestro caso, de los recursos mineros y energéticos. Tenemos esos lastres de una imagen equivocada de la profesión que hace que tenga menos demanda.

-El campus de Barredo lleva 15 años en marcha y aún no ha eclosionado del todo pese a haberse ido poniendo en marcha los equipamientos complementarios ¿a qué lo achacas? ¿Ha habido una mala planificación?

-Se hizo un proyecto de campus sin una planificación, eso fue lo que ocurrió. Es decir, esos fondos mineros que fueron clave para poner esto en marcha se centraron en tener una gran infraestructura potente, porque posiblemente tenemos un equipamiento de lo mejor que puede haber en España ahora mismo en nuestro ámbito, pero no se dotó de una planificación para que el campus de Mieres estuviera totalmente integrado en la Universidad de Oviedo, porque una integración pasa por muchas cosas, entre ello, la comunicación. Este año hemos conseguido que haya, por fin, una comunicación con Gijón, pero tenemos otras carencias, como es la comunicación con la cuenca del Nalón, que es complicadísima y está aquí al lado. Eso es clave, el hecho de que Mieres está cerca pero está lejos ha sido hándicap, pero desde mi punto de vista también la falta de estabilización del profesorado que decía al principio de la entrevista, tener muchos profesores que vienen a clase pero que luego no tiene su sede aquí, no tener un departamento… Si tuviéramos un departamento en el de Mieres pues esas cosas se podrían corregir, y estamos a tiempo de corregirlas, por eso es algo que queremos transmitir al equipo rectoral actual. Yo lo descartaba al principio lo de poner un departamento, lo veía forzado por la propia idiosincrasia de la Universidad de Oviedo, pero en estos momentos estoy cambiando de opinión y creo que sí que puede ser una buena solución. No sé cómo se haría, es algo que habría que discutir, pero daría consistencia al campus y apoyo a los profesores, porque todos los que estamos aquí tenemos a nuestros directores y nuestras sedes departamentales fuera de aquí y eso nos genera una dependencia del exterior muy grande porque todo se decide en otro sitio al que siempre tenemos que ir nosotros. Nos da dispersión y poca cohesión aquí, y yo quizá lo que pensaba que no era tan importante, empieza a serlo.

-La sociedad mierense tenía muchas expectativas puestas en el campus cuando en 2002 se inauguró el edificio científico-tecnológico, en buena parte, por los discursos políticos. ¿Cree que algún día será Mieres esa gran ciudad universitaria que muchos aún esperan?

-Ojalá. Lo que tengo que decir a favor del campus es que hay unos grupos de investigación y de profesores fantásticos. Hace año y pico pusimos en marcha una red de ingeniería en recursos naturales, una red virtual en la que nos agrupábamos todos los grupos de investigación del campus y con cierta periodicidad nos reunimos para contarnos cómo avanzamos y en qué estamos trabajando. Eso hay que decírselo a la sociedad mierense, el campus no es un fracaso. El campus tiene muy buenos profesores, han salido muy buenos profesionales a lo largo de toda su historia, con lo que el nivel de formación es muy bueno y hay mucha gente que está trabajando muy duro para tener un buen nivel académica e investigador. Sí que es verdad que nos falta esa consolidación que hace que podamos tener quizá mayor masa crítica, pero yo no lo valoro como un fracaso. Es más, la Universidad de Oviedo, con todos sus defectos, es muy buena universidad y está muy bien valorada a nivel nacional, con más peso del que quizá se sospecha. No obstante, insisto en que dentro de la propia Universidad de Oviedo nos falta ese engranaje que todavía no es perfecto.

-¿Qué necesita o cual es la apuesta que hay que hacer desde la Universidad o desde la Consejería de Educación para que el campus de Mieres aumente el número de alumnos en esas titulaciones técnicas que están de capa caída?

-Una de las cosas en las que hay que trabajar duramente con la Consejería de Educación más bien es en la formación de formadores, de orientadores, de tutores. Nosotros detectamos que hay desconocimiento en Secundaria y Bachiller, como decía antes, y aunque se ha empezado a hacer algo, yo creo que corre prisa y que hay que trabajar más en esa línea, pero para estas titulaciones y para cualquier otra de la Universidad.

-Estos meses de atrás se ha hablado mucho de la implantación de nuevas titulaciones, como el grado de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte ¿cuál es la última hora?

-Es un proyecto que está encima de la mesa promovido por una universidad privada y supongo que será el Principado el que tenga que dar finalmente el visto bueno. Ojalá venga, no sé en qué formato tiene que venir si como universidad pública o como privada, porque yo no participo en esas negociaciones, pero puedo decir que Mieres tiene unas instalaciones fantásticas para acogerlo, posiblemente las mejores para poder ofrecer esa formación en Asturias. Entendemos, además, que ayudaría mucho a esa consolidación del campus de Mieres, porque aunque no están vinculados a la ingeniería, seguro que en el ámbito de la investigación podríamos encontrar sinergias con ellos. Desde luego no es incompatible, porque al igual que otros campus son multidisciplinares, eso también puede pasar aquí. Y como son carreras que tienen una demanda importante, pues puede facilitar que haya ms alumnos, tienes mejor transportea demanda importante, pues puede facilitar que haya mso tambi tiene rupo de los nosotros el eás alumnos y si tiene más alumnos, tienes mejor transporte, más dinero… y al final va en beneficio del conjunto. Es una apuesta que tendría que estar en Mieres.

-¿Y qué hay de su plan de másters y doctorados?

-Ahora tenemos el de Caminos y el de Sistemas de Información Geográfica. Este último lo estamos transformando un poco por el avance de las nuevas tecnologías y estamos trabajando con una nueva propuesta para mejorar el actual y, de momento, no hay más propuestas porque el objetivo fundamental es consolidar estos y eso requiere un esfuerzo tan grande que yo creo que lo mejor es que tengamos poco y bueno y no ser demasiado ambiciosos y que después no seamos capaces de mantenerlo, fundamentalmente, porque la contratación de profesores es complicado. En cuanto a la programación de doctorados, puedo decir que se ha presentado hace un par de semanas al vicerrectorado nuestro programa de doctorado en ingeniería de los recursos naturales donde estamos metidas todas las sensibilidades científicas que hay en este campus y que esperamos que vea la luz el próximo septiembre. Ese programa lo que hará es que nuestros doctorandos que actualmente tienen que estar inscritos en programas de doctorado que no están Mieres, muy lejanos a su formación, pues puedan estar aquí y con una formación que es la que requieren de verdad por ser afín a sus estudios. Eso también va a ser un paso importante.

-¿Pueden ser una opción para que la residencia de estudiantes mejore su baja ocupación?

-La residencia tiene unos precios en comparación con lo que puede ser una vivienda de alquiler en Mieres muy caros y tampoco se ha cuidado mucho a la gente que ha ido ocupando la residencia. No obstante, es una residencia nueva, con buenos equipamientos y con una infraestructura a estrenar, aunque también está la competencia de ciudades que no están tan lejos, como Oviedo o Gijón. Pero habiendo problemas de alojamiento en Oviedo, donde están las residencias saturadas, creo que se podría intentar diseñar un sistema para dar alojamiento a esa gente que queda fuera.

-¿Cómo están las relaciones con el rectorado de la Universidad de Oviedo? ¿Han mejorado con Santiago García Granda al frente?

-Sí, sí, son muy buenas. Si queremos que se nos escuche, se nos escucha. No todo es perfecto y seguro que hay cosas que se pueden mejorar pero, por ejemplo, agradezco muchísimo la derivación de actos y eventos de toda naturaleza que se han traído en el último año porque, con independencia de que puedan dar ambiente, tienen una repercusión fundamental que conlleva que nos visite gente que, si no, no nos hubiera visitado y ven que la realidad es distinta a lo que a veces sale en las noticias. Por eso, esto no es un fracaso, pero el proyecto fue muy ambicioso y no se planificó conforme a esa ambición de la infraestructura, se siguió la con la planificación de la escuela de Minas que había, y esto ya es otra cosa, y ahora veo que se está haciendo un esfuerzo muy grande en traer esos eventos aquí y se ha puesto transporte, que esperemos que vaya mejorando. Y, sobre todo, agradezco el que haya una comunicación fluida con el equipo rectoral.

-¿Se está corrigiendo entonces la discriminación que pudiera haber?

-Yo quisiera ser justa y no creo que hubiera discriminación. Yo creo que había falta de planificación o desconocimiento, porque nadie planteó desde aquí desde Mieres o desde Oviedo que era necesario hacer un plan estratégico en sus orígenes. Yo cuando llegué en 2001 me encontré esto montado y no se acompañó de otra medidas. Quizá se improvisó con muy buenas intenciones, con la intención que esos fondos mineros revirtieran de la mejor manera posible con toda la buena voluntad, pero falló de forma estrepitosa la planificación, y sólo con buena voluntad no vale. Hemos tenido unos años extraordinarios de estudiantes antes de Bolonia, pero el problema fue que nos conformamos con esa situación de que la cosa marchaba y nos olvidamos de cómo conectarnos, cómo integrarnos, como hacer que los de fuera vinieran aquí…

-Y lo del Centro de Soft Computing cerrado ¿fue una oportunidad de destacar perdida?

-Desde mi punto de vista fue una injusticia para los investigadores de la Universidad de Oviedo que, al final, pasó factura. Aquello fue un gran proyecto del que me consta que había un reconocimiento monetario y una inversión económica que fue excesivamente grande, cuando esa inversión si se hubiera hecho en investigadores y en equipos de la Universidad hubiera sido más provechosa, porque al final lo que transciende de todo es que eso que es ajeno al campus genera malestar. Aquí había equipos capaces de haber liderado ese tipo de investigación y el dinero hubiera revertido en la Universidad. Lo que se pide a los inversores y a las entidades que tienen capacidad de poner dinero es sentido común. La Universidad tiene gente muy potente capaz de hacer investigación y no se trata de inventar la rueda, que lo que buscan lo tenemos y nosotros trabajamos habitualmente con empresas a muy alto nivel. Pedimos más confianza en la Universidad porque al final lo que trasciende es que es otra mala noticia de Mieres, y estamos hartos de eso cuando la realidad es diferente aunque haya muchas cosas que mejorar en el campus, pero lo que no es verdad es que todo sea malo.

-¿Cuántos equipos de investigación hay en Mieres en la actualidad?

-Somos trece, aunque no todos tengan su despacho aquí en Mieres, pero están encantados de tener una referencia importante aquí para trabajar, aunque colaboran también con grupos de Oviedo y Gijón. Desde luego aquí tenemos unos laboratorios con unos equipamientos impresionantes que están en primera línea a nivel nacional e internacional y, de hecho, todos los profesores visitantes que traemos de otras universidades alucinan con esto. El año que viene vendrá dos meses un catedrático americano especialista en ingeniería hidráulica y pavimentos drenantes cuando esté en su itinerario por Europa, porque nos visitó en otra ocasión y quedó fascinado. Y como este profesor, varios que volverán porque ya han visto que hay buenos investigadores.