«El cierre de la térmica conlleva paro, maleta y pobreza para la comarca»

Los trabajadores de la central que Iberdrola tiene en Lada se asoman a un año de incertidumbre con el temor a las consecuencias de ámbito personal y territorial que pueda tener el que el Gobierno central permita el desmantelamiento de la planta

Trabajadores de la térmica de Lada durante las protestas
Trabajadores de la térmica de Lada durante las protestas

La Felguera

Senen Antuña lleva más de 30 años trabajando en la térmica de Lada a través de una subcontrata y ayer, durante la concentración de protesta que se llevó a cabo en la explanada de acceso a la planta, confesaba apesadumbrado que nunca pensó en que la sombra del desmantelamiento se fuera a cernir sobre la central, y menos después de que Iberdrola hiciera «una inversión de muchísimo dinero» para lograr, como dice, que sea «la que menos contamina». Así, asegura que la solicitud enviada por la empresa energética al Ministerio de Industria para que le autorice el cierre era, desde luego, algo que ni mucho menos se esperaban. Los motivos de ese pesar que se le percibe a Senen Antuña van de lo particular a lo general. Por un lado, hace referencia a la situación en la que puede quedar pese a los años dedicados a la central consecuencia de que hace cinco años cambiara la subcontrata que los llevaba. «Esto nos coge por sorpresa después de renunciar a 25 años de antigüedad para seguir aquí, y ahora no tenemos nada», manifiesta, para referirse a continuación a que «si desaparece esto de la comarca ¿qué queda? Mucho prejubilado, jubilado y mucha gente mayor».

Hay quien ve que las consecuencias del cierre de la central térmica de Lada van más allá. Para Lino González sería «la debacle para la comarca y para Asturias», y es que el mismo pone el acento en que Iberdrola garantiza el empleo para los 90 trabajadores que tiene en plantilla «pero el empleo de auxiliares no garantiza ninguno» cuando, apostilla, «en estas instalaciones están trabajando más de 200 personas entre el personal propio y el subcontratado», a lo que suma «otras 200 personas más en las que repercute que haya este tejido industrial en la zona». Así, insta a pensar «en cuantas personas se van a tener que ir para sus casas» o a cuantas les obligarán a cambiar su vida «si son recolocados por la empresa en Salamanca o en Valencia». Por tanto, dice que el cierre «conlleva paro, maleta y pobreza para la comarca».

«Las 200 personas que no somos de Iberdrola es como si no existiéramos», lamenta Lino González, que asegura que «nosotros nos hemos comido la porquería de la térmica como el que más». No obstante, coincide con Senen Antuña al decir que «ahora que es la que menos contamina, cierra», y cita la gran inversión que se hizo en la desulfuradora.

El caso es que para los que como él están trabajando para empresas subcontratadas se abre una gran incertidumbre que todavía no han asimilado porque como señala Lino de que hubiera planes de desmantelar la central «no se escuchó ni el rumor, se hizo con nocturnidad y alevosía». Es mas, en su opinión, la térmica está para funcionar hasta 2030, «y de repente viene un señor y nos dice que va a cerrar sin proponer una alternativa».

Así, la esperanza que tienen los trabajadores es que el Gobierno central no conceda el permiso a Iberdrola para desmantelar la central langreana. «Somos capaces hasta de  votarlos», comenta un compañero de trabajo de Lino González por detrás de sus palabras, aunque la respuesta que obtuvo dicho comentario de entre la multitud fue un «tampoco te pases».

Lo que tienen claro todos los que trabajan en la térmica de Lada es que por delante tienen más o menos un año complicado hasta que el Ministerio de Industria de respuesta a la solicitud de cierre de Iberdrola. Algunos, como Juan González y Javier Fernández, dos de los ocho trabajadores de refuerzo de mantenimiento que ya dejarán de trabajar en la central el 24 de este mes de noviembre, la incertidumbre se abre porque ya saben que lo que les espera a partir de ese día es «el paro y buscarnos la vida». Y en ese «buscarnos la vida», no descartan tener que marchar al extranjero. «Somos profesionales y si no es aquí es en otro sitio», indican con el pesar de lo que puede suponer en el ámbito familiar tener que hacer algo así y más cuando, como aseguran, «en ocasiones rechazamos otras propuestas de trabajo pensando en tener estabilidad».

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