Redacción

El declive de la industria de las comarcas mineras en los últimos 25 años ha dejado al sector en peligro de extinción en estos territorios. La fallida reindustrialización, la crisis económica, la deslocalización de ciertas empresas de referencia para las cuencas y la previsión de cierre o liquidación que acecha a según qué factorías hoy en día perfilan un escenario complicado que poco tiene que ver con aquella gran industria que hasta no hace tanto invadía, sobre todo, los municipios-cabecera del Nalón y del Caudal, una industria que en su momento se asentó arropada por una minería que también está dando sus últimos coletazos tras el cierre de la mayoría de los pozos. La prueba de que el sector industrial se ha ido desangrando paulatinamente es que los concejos de las cuencas han perdido más de un 75% del empleo en dicho sector entre 1990 y 2016, como se decía, a consecuencia de la decadencia de la minería y del desmantelamiento y deslocalización de la metalurgia.

El 2017 daba comienzo justamente con el cese de la explotación del emblemático pozo María Luisa. Fue el último que hubo que añadir a la ya larga lista de pozos que no tienen actividad y, por ser tan simbólico, con el que la sociedad de las cuencas volvía a tomar conciencia de que el sector industrial agoniza casi sin remedio. Si bien, en el ámbito de la minería aún permanecen abiertos los pozos Carrio, Aller y el área de Sueros, en Mieres, la previsión es que todos ellos cierren a finales del 2018, aunque no faltan las voces que piden la continuidad de los mismos más allá de ese horizonte por dos razones: porque se pretende que el carbón nacional forme parte del mix energético y porque la experiencia acumulada lleva a pensar que la clausura total de la minería sería la estocada para unas comarcas que están metidas en el particular triángulo de las Bermudas que suponen la despoblación, el desempleo y la falta de un plan de futuro para las mismas.

Al contrario. Iberdrola sobresaltaba el pasado mes de noviembre a las cuencas, en particular, y a Asturias, en general, al anunciar que había solicitado al Ministerio de Industria permiso para el cierre y desmantelamiento de la central térmica de Lada (Langreo), ubicada en la orilla del Nalón desde finales de la década de los cuarenta. De permitirse, supondría un nuevo mazazo para estos territorios, para el sector industrial y para el empleo, ya que la estimación es que, entre trabajadores directos e indirectos, genera unos 300 puestos.

En el aire está también la continuidad de Mieres Tubos, otra empresa histórica, en este caso de la comarca del Caudal, que ha quedado al borde del precipicio después de que el inversor italiano que había mostrado interés en su adquisición decidiera retirar la oferta de compra hace unas semanas, dejando a la plantilla más sumida que nunca en la incertidumbre tras haber aceptado varios expedientes de regulación de empleo y soportar la deuda de numerosas nóminas. Y complicada es también la situación para la filial Felguera Rail, perteneciente a la deslocalizada Duro Felguera, por la situación económico-financiera que atraviesa esta empresa que en su día, junto con Fábrica de Mieres, fueron grandes referentes de la siderurgia de las comarcas mineras. No obstante, no por ser grandes empresas fueron las únicas y, aunque es muy difícil cifrar las instalaciones y talleres que hubo en las cuencas desde los comienzos de la explotación de hulla y la llegada de la industria del hierro en 1856, puede decirse que fueron decenas y decenas las empresas que un día desarrollaron su actividad en estos territorios, en los que hoy por hoy quedan más vestigios y ruinas que factorías en activo.

Fijándose en la evolución del empleo en el sector de la industria en el último cuarto de siglo se obtiene una radiografía de la situación del mismo. Así, según los datos de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), si en 1990 empleaba a 22.566 personas, a finales de 2016 eran sólo 5.494 las que trabajaban en este sector. Mieres, Langreo, San Martín del Rey Aurelio y Aller son los municipios en los que más empleos se han perdido como consecuencia del, parece que imparable, declive industrial.

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La gran industria de las cuencas, en peligro de extinción