«Esta incertidumbre se lleva procurando no pensar por el momento en qué pasará»

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCION

CUENCAS

Tres trabajadores de las explotaciones de Hunosa explican cómo viven a nivel personal y profesional la amenaza de cierre que se cierne sobre la minería

24 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La previsión de cierre de las explotaciones mineras no competitivas es algo que preocupa en las comarcas mineras a políticos, a sindicatos, a empresarios y, en general, a toda la sociedad de estos territorios. La palabra incertidumbre se ha instaurado en este sector y quien más y quien menos se mantiene atento por si hay novedades. Pero, desde luego, si alguien conoce qué sensación produce esa incertidumbre son las más de mil personas que forman parte de la plantilla de Hunosa o trabajan en contratas vinculadas a la empresa estatal minera. La Voz de Asturias ha hablado con tres trabajadores que explican cómo viven a nivel personal y profesional esa amenaza que se cierne sobre la minería por una Decisión de la Unión Europea. Los tres han preferido mantener su anonimato conocedores de la mezcla de «sensibilidad», «tensión» e «intranquilidad» que hay en los lugares de trabajo por una situación cuya solución, coinciden, «es política pura y dura».

Uno de los mineros que ha accedido a hablar, pongamos que se llama Santiago, trabaja en el mantenimiento pozo María Luisa, está casado y tiene familia. A la pregunta de cómo afronta esta cuenta atrás de la minería responde como sus otros dos compañeros que «con incertidumbre» y apostilla que quizá «con más tranquilidad de la que se debería» pese a «no saber qué va a pasar». «Estás con las espaldas abiertas después de llevar casi dos décadas en Hunosa y de que haya o no otro plan depende de que puedas llegar a ser prejubilado o ser un parado», advierte pensando en él y en otros compañeros «porque en la empresa hay gente con oficio y gente sin oficio y, en esos casos y si tienes 43 años ¿quién te quiere?», apostilla descargando realismo a esa incertidumbre que alguien podría pensar exagerada. Porque, claro, él no olvida que en la empresa estatal hay trabajadores con las situaciones más diversas: «hay gente joven con una vida por delante, hogares en los que sólo entra el sueldo del trabajador de Hunosa, gente con hijos…?», explica Santiago.

Respecto a el ambiente que se respira en el puesto de trabajo comenta que hay «una intranquilidad tranquila» y matiza que «está tranquilo pero se sabe que va a haber problemas». A eso suma su preocupación porque las movilizaciones que puedan darse no tengan la misma fuerza que antes, y añade que el cierre de la minería «no sólo puede perjudicar a la gente que trabaja en Hunosa, sino a muchas más empresas y personas de estos territorios». Este minero quiere pensar que aún pueda haber un futuro para la minería, pero señala que «la cosa está muy negra» y que, a fin de cuentas, «estamos a expensas de lo que se marque en política» porque, lo tiene claro, «es política pura y dura».

Así lo ve también otro compañero de empresa que en este reportaje se llamará Jorge. La duda de «si se acabará o no se acabará» la minería le genera esa misma incertidumbre que trata de llevar «con paciencia y procurando no pensar qué pasará», aunque reconoce que todos los días se producen «un cúmulo de circunstancias que te recuerdan lo que puede pasar». Como ejemplo pone «que muchos partidos políticos se metan en la guerra de carbón sí, carbón no, y los trabajadores somos los que quedamos en medio». En su opinión, la solución para la situación actual de la minería «no depende de la decisión de los sindicatos o de la propia Hunosa, es pura política».

Después de una década trabajando para la empresa estatal, este minero quiere pensar que «vendrán bien dadas», pero si no es así está dispuesto «a luchar por conservar nuestros puestos de trabajo y que en las comarcas mineras haya vida más allá del 31 de diciembre», aunque es consciente de que la gran burbuja que era Hunosa ha menguado y que los que quedan «somos el último bastión de la minería».

Y si para estos dos trabajadores de la entidad estatal minera la incertidumbre es grande, más lo es para Pedro (nombre también ficticio), un trabajador de contrata del lavadero de El Batán, quien tiene la vista puesto, por el momento, en el 31 de mayo, fecha en la que concluye el contrato que su empresa tiene con Hunosa. Él lleva casi una década en ese lugar de trabajo y se muestra consciente del riesgo que supone «que recoloquen en el Batán a gente de Hunosa, porque en otras ocasiones lo quisieron hacer». Él también tiene familia y aunque su mujer trabaja no deja de pensar que «a corto plazo puedes tener un margen, pero si esto rompe te vas para casa y tienes que buscarte la vida para salir adelante».

Lo que a él le genera tensión es «que hay un secretismo total» respecto a si la minería va a tener una oportunidad. Eso y que no está convencido de que el sector tenga la misma fuerza si tuviera que llegar a movilizase: «hay gente dispuesta a hacer huelga, pero hay otra gente que no», así que de una forma u otra, opina que «este año va a haber movida otra vez». Él considera que puede darse «una oportunidad a la minería», aunque matiza que «todos tienen que poner de su parte» en referencia a los sindicatos y a la empresa, aunque concluye que «el que más debe poner de la suya es el Gobierno central».