El putero de izquierdas que da la cara por las prostitutas

Jesús Rodríguez, cliente de prostíbulos, apuesta por dotar de un marco normativo al sector para que las trabajadoras del sexo tengan «derechos sociales, laborales y sindicales»

Jesús Rodríguez, cliente de prostíbulos
Jesús Rodríguez, cliente de prostíbulos

Langreo

Jesús Rodríguez Sendarrubias (Ciaño-Langreo 1986) ha decidido dar la cara por las prostitutas reconociéndose a sí mismo como cliente habitual de servicios sexuales. Lo admite, sin más, y no por ello se considera mejor, peor o la «bestia» que alguien puede pensar que es por acudir a prostíbulos. Asegura que es una persona «con una vida normal» consciente «de que hay una realidad social irreversible», que es que «un 40% de los hombres han contratado servicios sexuales» en alguna ocasión. Eso le lleva a pensar que «vivimos en una sociedad hipócrita» y a convertirse «en un firme aliado de las reivindicaciones» de quienes trabajan en este sector. Lo primero que reprocha al Estado es que no las reconozca como trabajadoras, por lo que apuesta por establecer un marco normativo para que garantizarles «derechos sociales, laborales y sindicales» y así despenalizar y regular la prostitución. Es más, considera que esos cambios deberían impulsarlos las propias prostitutas e insta a dejar a un lado los prejuicios y que éstas puedan ser diputadas en cualquier parlamento. Él mismo, que cuenta con cierta trayectoria política tras competir en 2015 contra Alberto Garzón en las primarias de Ahora en Común para encabezar la lista de la coalición Unidad Popular-IU al Congreso de los Diputados y en la actualidad es militante de Podemos, no descarta presentarse en alguna lista si tiene «garantías» de que pueda estar acompañado de alguna trabajadora de sexo de pago.

«Me gustaría que en el próximo parlamento asturiano hubiera diputadas putas, porque sería positivo que las escucharan y que participaran activamente en la redacción de propuestas y de un marco que garantice su seguridad jurídica», comenta Jesús Rodríguez Sendarrubias consciente de que «está mal visto porque el feminismo radical abolicionista ha creado un cliché en el que a las trabajadoras se las identifica como víctimas y a los clientes como bestias sin escrúpulos». Pero «eso no es real», quiere dejar claro este langreano residente en Valencia, que asegura que está con mujeres «que de forma libre y voluntaria deciden prestar un servicio sexual». Así, apuesta por dar un paso adelante «y entender, como sociedad avanzada, que la prostitución es una realidad irreversible» que hay que despenalizar y regular por el bien de las trabajadoras sexuales y de la sociedad en general.

Jesús Rodríguez se fija en el modelo de estado neozelandés, un estado que desde 2003 garantiza los derechos de las prostitutas. Además, este langreano apunta a lo que podría suponer para el país reconocer a este sector como trabajadoras: «tributarían, aumentaría la afiliación a la Seguridad Social, se recaudaría con los impuestos y, por tanto, tendría un impacto positivo sobre el PIB haciendo sostenible el sistema de pensiones u otros servicios públicos. Es decir, comportaría beneficios para la sociedad» a la par que se dotaría «de derechos sociales, laborales y sindicales» a quienes ofrecen servicios de sexo cobrando.

Como militante de Podemos que es reclama a la dirección que abandone la rama feminista abolicionista radical y desarrolle propuestas que contribuyan a la normalización de la prostitución comercial porque «el Informe Greta, elaborado por expertos, concluye que la respuesta penal relega al sector a la clandestinidad y a la precarización de este trabajo», por lo que señala que «una prostitución libre y voluntaria con un marco normativo evitaría la trata de mujeres», algo que Jesús Rodríguez, como cliente de sexo de pago, asegura que no permitiría nunca. «Si supiera que en alguno de los prostíbulos a los que voy hay explotación, lo pondría en conocimiento de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado», asegura este langreano divorciado y con dos hijos, uno de ellos fruto de su relación durante cinco años con una trabajadora del sexo. «Se puede ser pareja de una prostituta. En ese tiempo aprendí mucho y me convertí en un firma aliado de sus reivindicaciones, porque son trabajadoras a las que el Estado les niega la condición de trabajadoras, y una sociedad madura no puede vivir en esa mentira», manifiesta Jesús Rodríguez, que invita a que en España, sobre todo la izquierda, abra «el espectro ideológico y no base su discurso en el feminismo abolicionista radical».

Con este «acto de sinceridad», en el que Jesús Rodríguez Sendarrubias se reconoce públicamente como putero, busca «abrir un espacio de debate necesario» al que también ha de mirar el sindicalismo, «para que escuchen a las trabajadoras del sexo y ellas expliquen el marco normativo que quieren».

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