«La de los ochenta es una generación de esperanzas traicionadas»

Zerocalcare edita en España «La profecía del armadillo», un cómic autobiográfico que «brota» de la muerte de una amiga


Barcelona / E. La Voz

Con 17 años, el dibujante de cómics e ilustrador italiano Michele Rech (Arezzo, 1983) se metió en un foro de Internet donde le pedían un apodo. En ese momento, en la tele pasaban un anuncio de Zero Calcare, un producto de limpieza antical, y el joven, sin pensarlo, lo eligió como sobrenombre. Le quedaría ya para siempre. Zerocalcare es, actualmente, el nombre artístico de uno de los ilustradores de mayor reconocimiento en Italia. Su primer libro, La profecía del armadillo (2011), recién llegado a España gracias a Reservoir Books, vendió más de 2,5 millones de ejemplares y ganó el Gran Guinigi, el premio más prestigioso del cómic italiano. Zerocalcare fue una de las estrellas del reciente 34.º Salón Internacional del Cómic de Barcelona.

-Comenzó en la adolescencia con el diseño de carteles para conciertos de punk «hardcore» e ilustraciones para la contracumbre del G-8 del 2001 en Génova.

-Todo lo que yo hacía a los 15 años era para mi tribu social: los movimientos okupas, el punk? Siempre creí que fuera de estos círculos no me entenderían. Sin embargo, a finales del 2011 escribí La profecía del armadillo y amplié el círculo de mis lectores.

-¿Cómo nació este cómic?

-A raíz de la muerte de Camille, una amiga de infancia. Ella no pertenecía a los grupos en los que yo me movía y que tienen modos concretos de recordar a sus muertos -manifiestos, conciertos?-. Me pareció que en el caso de Camille, el cómic era la manera más adecuada para recordarla. Además, sentía pavor de olvidarla y a las emociones que yo tenía cuando estaba viva.

-¿Por qué eligió un armadillo para representar su voz interior?

-Porque el armadillo se encierra en sí mismo, es el animal sociopático por excelencia.

-¿En qué consiste el concepto «profecía del armadillo»?

-En las esperanzas decepcionadas a lo largo de la vida. Mi amiga murió sin que yo le llegara a decir que la quería, que estaba enamorado de ella. Es un libro sobre las ocasiones perdidas y las expectativas traicionadas, que no son lo mismo, pero que de igual modo han estado presentes en mi vida. Con lo de la «profecía del armadillo» también me refiero a las decepciones de mi generación: teníamos unas esperanzas que finalmente no se cumplieron.

-De hecho, el libro contiene muchas referencias a la cultura popular de los 80. ¿Qué tiene de especial esta generación?

-Nosotros nos hemos salido de un modelo optimista que aparecía en el cine y que vivieron nuestros padres con 30 años. Ellos tenían un lugar en el mundo, eran independientes económicamente. Nosotros no. Nosotros hemos crecido y nos hemos encontrado que ese mundo, lleno de posibilidades y optimismo, en realidad no existe. Eso sí, también hemos vivido y vivimos cosas bonitas, por ejemplo, películas, cómics y dibujos animados que nos han ayudado a vivir.

-Es una generación muy expuesta a la pantalla. El lenguaje del cómic es próximo al del cine. ¿Cree que esto le ha influido a la hora de escribir cómics?

-Sí. Yo no he tenido una formación académica de cómic. Mi formación proviene de la cultura audiovisual de los 80, los dibujos animados, los cómics que he leído.

-«La profecía del armadillo» es un libro autobiográfico, como «Fun Home» de Alison Bechdel y «Hoy es el último día del resto de tu vida» de Ulli Lust. ¿Está en auge el cómic autobiográfico?

-Debo decir que el de Lust es para mí un documento importantísimo, y no creo que yo esté a ese nivel. Sí creo que la autobiografía está viviendo un momento importante. Por ejemplo, en Italia está Gipi, que publicó su precioso Mi vida mal dibujada. Pienso que estamos en un momento en que el lector quiere identificarse con lo que lee, y lo autobiográfico da pie a ello.

-Cierra el libro con una referencia a la «búsqueda de la ligereza».

-La ligereza es una sensación que tenía de niño y de adolescente de tener frente a mí todas las puertas abiertas. De que podía escoger en la vida, de que podía tomar decisiones y, si fallaba, podía volver a elegir. Obviamente, con los años he perdido estas posibilidades, de la misma manera que he perdido la posibilidad de hablar con mi amiga Camille.

-Publicó en la revista «Internazionale» un reportaje sobre el asedio de Kobane, población siria en la frontera turca. ¿Considera que este trabajo es periodístico?

-No lo llamaría periodismo. Yo no fui allí como un periodista, hay que tenerlo en cuenta. Fui para solidarizarme con el pueblo kurdo. Así que lo he explicado de una forma parcial: estaba claramente a favor del pueblo kurdo.

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