El holandés Verhoeven se suma con «Elle» a los favoritos a la Palma como Jarmusch, Maren Ade o Cristi Puiu
22 may 2016 . Actualizado a las 10:30 h.Aún no recuperado este Festival de Cannes de una de las mayores debacles fílmicas de su historia, la del The Last Face de Sean Penn, que sigue provocando juerga, bromas, memes y un vendaval que dicen que se llevará por delante, de modo viral, la carrera de la película, la última jornada de la competición echó el cierre a lo grande, con una obra de fuste como es Elle, retorno de vigor inusitado del casi octogenario director holandés, del que apenas se tenía noticias desde su notable El libro negro, del que se cumple una década. Elle crece como decantación de las mejores líneas de demarcación de su cine: el sexo y las relaciones de dominio, entendidas más como juego que como ritual. Y un aplastante reconocimiento de la superioridad de la mujer en esta guerra cruenta en la que cada uno de los personajes masculinos salen quebrantados de la lucha.
Igual que el cine de De Mille comenzaba por un terremoto para ir de ahí hacia arriba, Elle parte de una violación, la de la regia Isabelle Huppert, a manos de un enmascarado que irrumpe en su salón, y desde ese punto va Verhoeven moviendo piezas, descolocándote, adelantándose siempre a lo esperado. Elle es un prodigio de alteración de cánones -los del thriller de psicópata, también los de los papeles de hombre y mujer en todos sus niveles- alentado por un sentido de la subversión sabio, autoconsciente, que deja sin hoja de parra a falsos provocadores como Nicolas Winding Refn, cuyo show de mujeres devoradas por su propia belleza y el canibalismo de ojo regurgitado de The Neon Demon sigue generando casi tantas risas como lo de Sean Penn, Charlize Theron y ese Bardem «huérfano de la Transición».
Las mujeres de este film de Verhoeven conforman una obra de demolición de convenciones elevada sin provocar ni un solo amaneramiento gratuito. Hay mucha competencia para la Palma de Oro que se falla este domingo -suenan con fuerza Jarmusch, la alemana Marin Ede, el rumano Puiu... pero no sería justo que este cierre de lujo con Elle se quedara fuera del reparto.
Antes vimos la película que entró a última hora en el concurso, Forushande, del iraní Asghar Farhadi, conocido sobre todo por su Oso de Oro Nader y Simin. Forushande es, como aquella, película de tensión psicológica concentrada en una acción dolosa, una violación. Pero, al revés que en el caso del film libérrimo de Verhoeven, Farhadi exhibe maneras algo acartonadas. Su drama cuasiteatral sobre la idea de culpa, y un crimen y castigo rebajado por el costumbrismo, denota un pie forzado que la aleja de las virtudes de la película que le dio prestigio.
Desde el extrarradio de la Quincena de Realizadores llegó la onda expansiva de dos gigantes del cine del último medio siglo: Dog Eat Dog, de Paul Schrader, es cine negrísimo y bizarro, rodado con dos duros y mucho vitriolo, con Willem Dafoe y Nicolas Cage, presentes en Cannes, como pistoleros de pandilla basura e cómplices del veterano director. Y Fai bei sogni, de Marco Bellocchio, vuelve a resaltar que el italiano es a sus 77 años el cineasta tal vez más poderoso del cine presente. Las razones por las cuales su obra maestra en torno al dolor por la infancia como paraíso perdido, de una belleza abrumadora, se ha quedado fuera de la disputa por la Palma de Oro es una incógnita que hiere la razón y la sensibilidad.