«Con los refugiados nos jugamos el futuro de Europa: la de los derechos humanos o de nuevo fascismo»

El fotoperiodista ganador de un Premio Pulitzer, Javier Bauluz, presenta en el Centro Niemeyer «Buscando refugio para mis hijos», donde narra sus viajes junto a los que huyen de la guerra

Javier Balauz.Javier Balauz
Javier Balauz

Avilés

En agosto de 2015 Javier Bauluz se fue a Macedonia para descubrir qué ocurría y durante meses viajó con los refugiados que querían llegar a Europa huyendo de la guerra. Ahora expone en el Centro Niemeyer «Buscando refugio para mis hijos», donde narra visualmente ese trayecto poniendo en foco en las familias.

-Las fotografías de la exposición fueron hechas hace un año, cuando aquí aún no éramos conscientes de la magnitud del problema, ¿cómo llega hasta allí?

-Estaba con Patricia Simón en Kosovo en un festival de documentales y por casualidad en internet encontré una estación de tren a la que llegaba gente y no tenía claro qué pasaba, así que nos cogimos un coche, nos cruzamos Kosovo y Macedonia. Alucinamos. Mil personas diarias, caminando por las vías, mujeres, niños, abuelos, tirados como perros, maltratados por la policía para subirse a unos trenes que eran como los de los nazis, hacinados como animales. A partir de ahí me fui a Kos para empezar a hacer el camino y a lo largo de varios viajes he estado 120 días  acompañándoles y fotografiando lo que pasa y con el foco en las madres e hijos, que son miles y miles, que es la forma de empatizar con los que «cómodamente» está en Europa. Buscaba no dar esa imagen de que son seres malignos; son gente como nosotros, haciendo lo que hicimos hace 80 años, buscar refugio cuando bombardean su casa.

 -¿Qués siente uno cuando llega allí y se encuentra con esa imagen de los trenes?

-Fue un shock y estoy acostumbrado a conflictos y guerras, pero es que esto era en Europa. Las circunstancias en que estaban, sin ayuda de humanitaria, gente intentando aprovecharse de ellos. La imagen de la estación era como la de las estaciones de trenes de los nazis. Si lo hubiera hecho en blanco y negro sería más parecido a la Europa de la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Civil española.

 -Ha pasado un año desde que conociste la situación de los refugiados, ¿cómo crees que ha evolucionado?

-Ahora mismo está cortada esta ruta y lo peor es que si en ese mar Egeo llegaban a Lesbos morían 4.000 personas de las muchas que llegaban, ahora mueren a mil por semana

 -¿Qué opinión le merece la gestión que se está haciendo desde Europa y España?

-Qué se puede esperar de un ministro que por muy católico y cristiano que diga que es declara que los refugiados son goteras que nos invaden y ha incumplido el acuerdo con la Unión Europea de recoger 16.000 refugiados. Hasta ahora, que han traído alguno más para hacerse la foto electoral, han traído 18. No es una cuestión de solidaridad, sino de cumplir nuestras propias leyes, que nos obligan a proteger a quienes buscan refugio. Estamos haciendo una ilegalidad no acogiéndoles. Y curiosamente la única gobernante europea que ha cumplido ha sido Merkel. Alemania ha acogido un millón de personas, en términos futbolísticos diríamos España 18-Alemania 1.000.000.

 -Hizo el viaje con ellos, ¿cómo fue esa experiencia?

-Es duro y maravilloso, porque te encuentras que en el tren de ganado, que yo para ir de un vagón a otro tenía que caminar por encima de los reposabrazos porque no cabía un alfiler, a un grupo de padres de broma y risas con sus hijos. Les pregunté cómo hacéis para mantener el humor. Y me dijeron que querían que sus hijos creyeran que fuera un viaje de vacaciones.

 -Lo mismo que se cuenta que ocurría en los trenes de los nazis.

-La película «La vida es bella» es eso, un padre que está en un campo de concentración con su hijo e intenta que crea que está de vacaciones.

 -Luego llega a casa, tiene miles de fotos por seleccionar, ¿cómo consigue elegir las 60 que llegan a esta exposición?

-Eso es más difícil que estar caminando con ellos por las vías del tren. Fueron 120 días sobre el terreno, miles de fotos y al final vas a machete.

 -Ha fotografiado muchos conflictos en todo el mundo, ¿qué visión te da de la humanidad?

-El 90% de la gente es muy buena gente, por desgracia en ciertos lugares de poderes hay muchos señores que no son buena gente. Con los refugiados nos jugamos el futuro de Europa. Hay dos corrientes: xenofobia y la empatía, depende cuál de ellos ganen tendremos una Europa de los derechos humanos o una Europa de nuevo fascismo.

 -¿Tiene previsto volver a esas playas, a viajar con los refugiados?

-Sí, quiero seguir haciendo este trabajo y estoy viendo cómo subirme a un barco de rescate de Médicos sin fronteras que opera en el Mediterráneo, que están salvando a miles de personas ante la inoperancia de Europa.

 -Es el fundador de Periodismo Humano en un momento en que la profesión está cada vez más devaluada, ¿cree que puede recuperar el prestigio perdido?

-Los medios tradicionales no están invirtiendo ni en periodistas ni en periodismo y menos en historias que requieren tiempo y esfuerzo y al final tenemos que publicar en otros lugares. El periodismo gozará de buena salud mientras haya periodistas que quieran contar la realidad de lo que pasa sin estar al servicio de intereses particulares, sino de los ciudadanos. Esa es la idea de Periodismo Humano.

«Con los refugiados nos jugamos el futuro de Europa: la de los derechos humanos o de nuevo fascismo»