Once minutos de Gijón en el cine de Kiarostami

El desaparecido cineasta iraní visitó por dos veces el Festival de Cine, dejó anécdotas en ambas y se llevó una larga toma del paseo de San Lorenzo para su película «Five»

El muro de San Lorenzo en un fotograma de «Five», de Abbas Kiarostami
El muro de San Lorenzo en un fotograma de «Five», de Abbas Kiarostami

Gijón

Por dos veces -en 1974 y en 2002- el recién desaparecido cineasta Abbas Kiarostami visitó el Festival Internacional de Cine de Gijón. Y por dos veces el polifacético creador iranó, uno de los nombres clave del cine del último medio siglo, dejó muestras de su personalidad sensible, atenta y delicada. En la primera ocasión, un novato y muy prometedor Kiarostami acudió al certamen para defender su primer largometraje, Mossafer (The traveller); en la segunda, plenamente consagrado, llegaba con el largometraje Ten debajo del brazo. En ambos casos, y por distintos motivos, dejó anécdotas. Y también un registro cinematográfico de su paso por Gijón. Una de las cinco partes de su documental Five (Dedicated to Ozu) fue rodada durante esa segunda visita en la playa de San Lorenzo.

Se trata de una larga toma fija de casi once minutos en la que la cámara enfoca el horizonte cantábrico y la inconfundible barandilla del paseo marítimo gijonés en una clara mañana de noviembre. Entre ese paisaje y el objetivo circulan algunos paseantes que a veces se detienen y conversan, las únicas figuras humanas en las cinco partes de Five, que -salvo el episodio gijonés- fueron filmadas en la costa iraní del mar Caspio.  

Kiarostami realizó la toma durante un tiempo muerto de su breve estancia en Gijón, adonde el FICX que entonces dirigía José Luis Cienfuegos le había invitado con ocasión de una retrospectiva; una visita que ayer recordaban en las redes -recién conocida la noticia de su fallecimiento en París a los 76 años a causa de dolencias intestinales- algunos de quienes le trataron esos días. Entre ellos, el exsubdirector del FICX y ahora director del Festival de Ourense, Fran Gayo.

Sorpresa y disculpa

Tanto él como algunos otros miembros del equipo recuerdan la sorpresa, incluso la incredulidad, que les produjo el fax en el que el director de A través de los olivos y El sabor de las cerezas aceptaba de mil amores la invitación cursada por el festival. Pero incluso más llamativo les resultó que Kiarostami lo encabezase con una disculpa y plantease la visita, en cierto modo, casi como un desagravio por algo sucedido casi tres décadas antes.

En 1974, el Festival de Gijón seguía siendo un certamen especializado en público infantil y juvenil; el mismo que, por lo que contaba Kiarostami, había reventado el estreno español de The traveller en una sesión bárbara, llena de gritos, carreras, travesuras y corrimientos y descorrimientos de las cortinas de acceso a la sala, ante el asombro y el cabreo del iraní, que se despachó a gusto contra los pequeños vándalos y la organización del certamen en la prensa local. Casi 30 años después, Kiarostami encontraba la ocasión de disculparse por una conducta de la que decía sentirse «muy avergonzado».

Fran Gayo recuerda, como muchos de los asistentes a aquel cuadragésimo  FICX, la atención e incluso la devoción con la que fueron escuchadas las palabras de Kiarostami durante su encuentro con el público y los medios en el Palacio de Revillagigedo. Sobrio y reservado, pero también atento y amable, a su modo imponente tras sus perpetuas gafas ahumadas, el director habló de cine, de su voluntad de abandonar los 35 mm. y dar el salto a los nuevos formatos digitales y de la mala experiencia en unos Estados Unidos en plena paranoia post-11S donde se había sentido tratado como un sospechoso de terrorismo.

Pero, aparte de eso, dejó otro gesto inolvidable que reseñaron algunos medios en aquellos días: el momento en que una niña le confesó, en plena calle, que encontraba sus películas tristes, y Kiarostami entró en una pastelería cercana para compensarle la tristeza con una chocolatina. Como a la niña la golosina, es de suponer que su segunda y última estancia en la ciudad le dejó mejor sabor de boca que la de 1974. Y que también en algo pudo contribuir un caldo de gallina que le sirvieron en un chigre de Marqués de San Esteban y que -al decir de Fran Gayo- dejó «fascinado» al cineasta.

Valora este artículo

5 votos
Comentarios

Once minutos de Gijón en el cine de Kiarostami