Robert Plant: el rugido que no cesa llega a Gijón

Juan Carlos Gea REDACCIÓN

CULTURA

Robert Plant
Robert Plant

El músico llega al Palacio de Deportes gijonés con un repertorio ecléctico y recuerdos de la era Led Zeppelin, sustentado sobre una garganta en forma y una banda muy ecléctica, Sensational Space Drifters

12 jul 2016 . Actualizado a las 10:11 h.

¿Qué se puede esperar a la altura de 2016 de un rockero del 48 nacido y criado en las aguas más pantanosas del blues, una garganta que llegó a leyenda amplificada en la central eléctrica más épica del rock, la viva encarnación -en su tiempo- de todo lo que una música pueda tener de sexualidad, espectáculo y lujuria? Lo esperable es un pase de viejos éxitos adaptados a los achaques de edad a cambio del respeto condescendiente de los fieles. Ese tipo de espectáculo que produce una mezcla de respeto, afecto, resignación ante el hecho de que el tiempo pasa para todos, un sic transit gloria mundi y un poquito de vergüenza ajena. ¿Es ese el caso para el espectáculo con el que Robert Plant, la voz que aulló miel desde la barcaza de Led Zeppelin, pone pie esta noche en el Palacio de Deportes de Gijón?

A juzgar por las crónicas de lo que Plant ha hecho en las dos primeras escalas de su gira de cinco fechas en España, no. Ni mucho menos. Tanto en el Cruilla barcelonés como en el Miribilla bilbaíno, el prodigioso cantor de Strattfordshire obsequió a la parroquia con dos conciertos poderosos, muy variados y solo moderadamente ledzeppelianos, con un repertorio muy variado, registros incluso sorprendentes por lo innovadores en el paisaje musical de Plant y unas cuerdas vocales que, aunque ya no puedan subir de tres en tres las escaleras al cielo de los agudos, suenan mucho menos ajadas de lo que luce su afortunado propietario.

En ello tiene mucho que ver la banda con la que Robert Plant está realizando esta gira por 18 países: Sensational Space Shifters, donde conviven los artífices del blues eléctrico, la potencia rockera, las texturas electrónicas y un más que notable toque étnico. La voz de Plant es el medio en el que todos esos elementos se disuelven, y en esas coordenadas se mueve un repertorio donde conviven las viejas luminarias de la Era del Zepelín -Black Dog, Whole lotta love, Dazzled and Confused, Communication breakdown y, claro, Rock and Roll- con todos los climas donde el inglés ha dejado de serlo para ser más americano, afroamericano e incluso africano. De los límites del mundo que cubre ahora mismo su garganta quizá el mejor resumen lo hace el título de su último álbum: Nana... y el rugido que no cesa. Y que esta noche llega a Gijón.