Cisnes para Maya Plisétskaya

El Jovellanos acoge el día 21 el primer gran homenaje que en Asturias a la bailarina ruso-española, dirigido por el gijonés Álvaro Rodríguez Piñera y con grandes solistas del Ballet de la Ópera de París, el Royal Ballet de Londres y la Ópera Nacional de Burdeos


El bailarín gijonés Álvaro Rodríguez Piñera (1989), afincado en Francia, organiza el próximo día 21 en el Teatro Jovellanos la gran velada de ballet del verano asturiano. La I Gala Internacional de Ballet es el primer acto de importancia y calidad que se organiza en el Principado para homenajear a la mítica bailarina ruso-española Maya Plisétskaya y que, además, está dirigido artísticamente por un asturiano. Una buena cita para los amantes del ballet de repertorio.

Rodríguez Piñera, solista del Ballet de la Ópera Nacional de Burdeos, desembarca en su tierra natal con la ilusión del principiante que viene a ofrecer un regalo a la danza y también a una de las principales protagonistas de la historia más reciente de este arte. Y lo hará con un programa dividido en dos partes en el que tendrá cabida un abanico de pas a deux y solos de ballets tan conocidos por el gran público como Carmen, El Lago de los cisnes, Preludio a la siesta de un fauno o Romeo y Julieta, entre otros.

La velada cuenta, además de con el propio Rodríguez Piñera, con bailarines de excelente formación técnica y escénica como Léonore Baulac, nombrada hace poco bailarina solista del Ballet de la Ópera Nacional de París, y a la que podremos ver interpretando el paso a dos del segundo acto de Giselle (Jules Perot-Jean Coralli, 1841), junto a Sébastien Bertaud, solista también de la gran compañía francesa. Ambos repetirán en la segunda parte del programa haciéndose cargo del paso a dos de Fugitif (2014), una obra del propio Bertaud que, con claras influencias a lo Forsythe, traerá a caja escénica neoclásico de potente factura.

Una pequeña joya

Pero la noche abre menú con Satanella, el paso a dos de El Carnaval de Venecia, una pequeña joya que no tiene muchas oportunidades de verse porque se programa muy poco (o directamente nada). Es un verdadero bocado para disfrutarlo como lo que es: un divertimento, serie de variaciones y coda que principian el propio Rodríguez Piñera y Sara Renda, estrella del ballet de la Ópera Nacional de Burdeos y compañera artística del asturiano. Es de esas pequeñas gozadas académicas tan alegres que, cuando acaba, uno tiene ganas de más solo por una razón: porque es jugar a pequeños grandes desde el ballet clásico. Una monada con antifaz y mucho attitude.

Tras Giselle, sigue el paso a dos del segundo acto de El Lago de los cisnes (1875), que nos recuerda el motivo de la celebración de la gala: cisnes para Maya. «Quería que con este gesto la gala marcara la conmemoración, de la misma manera que lo hará la pieza que se interpretará de Carmen», dice Rodríguez Piñera; esta última es una coreografía creada por Alberto Alonso para la propia Plisétskaya, igual que ocurre con la programación del Fauno, en donde «Maya asumió el rol de ninfa principal, y para mí poder representarlo en Gijón es otra forma de homenajearla muy especial», explica el bailarín. El gran fragmento a dos de El Lago estará servido por el asturiano y por Claire Teisseyre, solista del Ballet de la Ópera Nacional de Burdeos, una joven bailarina con un futuro muy prometedor, de escuela francesa, y en la que hay bastantes ojos puestos. Se la ha llegado incluso a comparar con Svetlana Zakharova. Habrá que ver su cisne blanco en el momento del encuentro entre príncipe y ave.

Y cierra la primera parte Jeune Homme, de Uwe Scholz (1958-2004), con música de Mozart para carne de dibujo neoclásico, una pieza que correrá a cargo de Itziar Mendizábal, primera solista en el Royal Ballet de Londres, una gran bailarina española de más que reconocido prestigio, y que atraviesa un excelente momento de madurez técnica y escénica. Merece mucho la pena poder verla en acción; su partenaire para esta pieza será Jean-Sébastien Colau, bailarín principal invitado.

Segunda parte

La segunda parte de la gala se abre con Preludio a la siesta de un fauno (1932), en la versión coreográfica de Serge Lifar (1905-1986), veinte años posterior a la de Nijinsky, una obra que traerá de nuevo a escena a Rodríguez Piñera. Se trata de un solo, pero le acompañará «el recuerdo de la Plisétskaya. Voy a imaginar que estará ahí». En la versión de Lifar se suprimen todas las ninfas y los ornamentos de la fruta y la flauta. Tan solo está el fular y la expresión dramática del medio hombre-medio animal, una de las fantasías mitológicas más recurrentes por el apresto entre romántico y sicológico que ofrece, una cualidad de este ballet que siempre funciona a modo de excitante souvenir. Pura ensoñación. «Volver a interpretar este papel y además hacerlo en mi tierra es algo que siento como un privilegio», afirma Rodríguez Piñera.

Tras el Fauno viene Carmen (Alberto Alonso, 1967) a cargo de Claire Teisseyre, y luego Fugitif, con Sébastien Bertaud y Léonore Baulac, para culminar con el paso a dos del balcón de Romeo y Julieta, interpretado por Sara Renda y Álvaro Rodríguez, quien al cierre de este artículo matizaba que por cuestiones de maquillaje y utillería pudiera ser que el paso a dos cerrara la gala en lugar de la pieza programada para hacerlo: Piaf à Deux (Paul Chalmer, 2009) con música de la universal Edith Piaf para la evolución de los cuerpos de Itziar Mendizábal y Jean-Sébastien Colau. Una cocada.

Pero debe decirse que la importancia de este acto-homenaje no solo radica en la posibilidad de ver buenas actuaciones e interpretaciones de clásico, sino en que por primera vez un bailarín asturiano de la talla de Rodríguez Piñera desarrolla algo propio en su tierra con buen hacer, ganas y, también, todo hay que decirlo, humildad. Y no suele ser lo habitual.

Además, hay que convencerse de un aspecto importante: de que estamos ante una gran velada de danza, pues si bien es cierto que, desde un punto de vista genérico, las galas de ballet sirven para dar bola al rodaje de bailarines de talla media tirando a alta o muy alta, pero con corta experiencia escénica en roles de cierta dificultad, por otro lado no es menos cierto que no abundan las oportunidades de ver ballet clásico de calidad a precios populares durante el verano asturiano. Así que esta ocasión la pinta calva, el precio es único: 15 euros.

Respeto y emoción

Pero ahondemos un poco más en la significación que para este gran bailarín gijonés, ya de gran trayectoria, tiene la vida y el arte de la Plisétskaya. La que fuera máxima responsable del Ballet Clásico Nacional en España entre 1987 y 1990, fallecida en Múnich el 2 de mayo del año pasado a los 89 años, ha pasado a la historia de la danza como el cisne blanco más reconocido en todo el mundo por su capacidad para conmover tan solo con brazos y manos. Asturias, desde Gijón, rinde merecido tributo a esta gran dama ruso-española gracias a un bailarín de la tierra «con la intención de trasladar todo el cariño y admiración que yo he sentido desde que era un crío por esta mujer, por esta artista universal», dice.

El bailarín explica que lleva trabajando mucho tiempo para presentar un espectáculo en su tierra y que no fue hasta este momento cuando se le presentó la ocasión de hacer algo que tuviera esa doble significación: por un lado, la artística y, por otro, rendir sentido tributo, dentro de un marco de referencia como es un homenaje, a alguien que ha dado un carácter único e inigualable a determinados roles del ballet clásico. A este respecto la implicación del Jovellanos en la organización, con su directora a la cabeza, Teresa Sánchez, ha sido total y más desde que fue a ver personalmente lo que se hacía en el Ballet de la Ópera Nacional de Burdeos.

Por eso el programa de la gala está confeccionado como está. No se ha dejado nada al albur y solo el buen aficionado podrá percatarse de la intencionalidad en el orden de las piezas y en el acierto de haber escogido estas coreografías y no otras, amén de la destacada participación de los bailarines que intervienen en la gala. Lujo de veras.

La mítica bailarina rusa, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2005 junto a Tamara Rojo, dibujó el espíritu de la mujer-ave en los escenarios de medio mundo con los mejores brazos hasta ahora de la historia de la danza. Contaba 61 años edad cuando todavía dejó dicho bien alto y bien fuerte que el soberbio port-des-bras de su cisne blanco seguía siendo el mejor. La cámara lenta a la que sometió las notas de Saint-Saëns llevaron a pensar a muchos de sus seguidores que, en realidad, la música sonaba porque ella la hacía sonar. La cadencia en la onda de su aleteo no tiene comparación posible. De hacer llorar.

Y de esa emoción tan auténtica es de donde parte este homenaje. «La he visto tantas veces, me he puesto sus vídeos siendo niño una y otra vez, y no he sabido explicarme muy bien, hasta que he sido mayor, el profundo respeto y silenciosa admiración que esta mujer me producía», cuenta Álvaro Rodríguez.

El bailarín asturiano mejor preparado y más talentoso está en Gijón y dice estar dispuesto, «cuando llegue el tiempo y tenga oportunidad», a volver a su tierra «y a trabajar con seriedad y en profundidad por lo que ahora me está haciendo inmensamente feliz». Como el hecho de haber podido interpretar el fauno de Lifar, un papel que el gijonés lleva arraigado (para siempre) en el corazón. Esperamos verlo. Y también poder contarlo.

Ficha técnica del espectáculo

Teatro Jovellanos

I Gala Internacional de Ballet en Gijón

Dirección artística: Álvaro Rodríguez Piñera

21 de julio, a las 20:30 h.

Duración aproximada: 120 minutos.

Programa:

Primera parte: Paso a dos Satanella de El Carnaval de Venecia, paso a dos del II Acto de Giselle, paso a dos del II Acto de El Lago de los Cisnes y Jeune Homme.

Segunda parte: Preludio a la siesta de un fauno, Carmen, Fugitif, el paso a dos de la escena del balcón de Romeo y Julieta, y Piaf a Deux.

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