El género negro, entre dos tierras

El escritor José Luis Muñoz lidera la colección La Orilla Negra, cuya declaración de principios está muy vinculada al argumentario de la Semana Negra de Gijón


Gijón

No necesita José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) muchas presentaciones ante los lectores de novela negra. Fue uno de los autores que en la década de 1980 contribuyó en España a la renovación del género merced a títulos como El cadáver bajo el jardín o Barcelona negra y su nombre se ha hecho imprescindible a la hora de abordar los entresijos de esa literatura que busca en las tramas policiales una coartada para sacar a la luz los aspectos menos confesables de la realidad. La carrera literaria de Muñoz comenzó de la mano de la gijonesa editorial Júcar, primera muesca en la relación con una ciudad que visita asiduamente como invitado a la Semana Negra y que está también en el origen del proyecto que se trae actualmente entre manos, la colección La Orilla Negra, que ha puesto en marcha en el sello Ediciones del Serbal.

«Venía dándole vueltas al proyecto desde hacía años», explica Muñoz, «porque faltaba una colección de novela negra que recogiera las voces de esas dos orillas, la española y la americana, que compartimos una misma lengua y tenemos profundos lazos culturales». Muñoz había publicado dos novelas históricas con Ediciones del Serbal, El secreto del náufrago y El hijo del diablo, y le comentó la idea a Noelia Riaño, una de las responsables del sello. Lo demás, cuenta, vino rodado, y la implicación de las partes y el compromiso con la idea permitieron alumbrar en tiempo récord una serie de títulos que ya dan para hacerse una idea del carácter y el rumbo de la colección. Han recuperado novelas que habían visto la luz hace tiempo y hoy eran casi inencontrables (como Destruyan a Anderson, de Fernando Martínez Laínez, o Papel picado, de Rolo Díez, que obtuvo en su momento el premio Dashiel Hammett) y publicado otras que, aunque conocidas en sus países de origen, nunca se habían llegado a editar por estos pagos (La sonrisa del caimán, de Dauno Tótoro Taulis, y Bala morena, de Marcos Tarre Briceño). Además, ha visto la luz Cuéntame cosas que no me importe olvidar, de Pablo de Aguilar González, y el propio Muñoz ha reeditado uno de sus títulos, Mala hierba. A modo de frontispicio, la serie se abre con un volumen colectivo, Relatos de la orilla negra, en el que se reúnen narraciones cortas de autores españoles y latinoamericanos para trazar un diagnóstico general del género policíaco en las literaturas de habla hispana. En él firman veteranos como el propio Muñoz, Julián Ibáñez o Martínez Laínez junto a recién llegados como el mencionado Pablo de Aguilar o Paco Gómez Escribano. Están además dos autores asturianos (uno natal, el ovetense Francisco Bescós, y otro adoptivo, el astorgano Alejandro M. Gallo) y también nombres como los de Rosa Ribas, Fritz Glockner, Mariano Sánchez Soler, José Valdez Cárdenas, Elia Barceló o Juan Ramón Biedma, a los que los más ilustrados en estas corrientes narrativas no tendrán ninguna dificultad en emparentar con Gijón y su Semana Negra.

Es lógico, pues, que la ciudad y sus iniciativas regresen a la conversación con José Luis Muñoz. «La colección Etiqueta Negra, pilotada por Silverio Cañada y Paco Ignacio Taibo II, es mítica en el género y estuvo en la médula de la primera Semana Negra de Gijón y de las ediciones que siguieron», evoca el escritor. «Fueron espectaculares sus diseños y sus portadas y en eso sí hay una semejanza con La Orilla Negra, pero no en el contenido, porque Etiqueta Negra publicaba autores que escribían originalmente en todos los idiomas y nos otros vamos a centrarnos en la literatura negra escrita en castellano; eso, y la calidad de los textos, es lo que va a primar sobre todas las cosas». Muñoz va más allá en este extremo y señala que de ninguna manera quieren «bajar el listón de los siete títulos que ya hemos publicado». «Particularmente, entiendo la novela negra como novela social, de denuncia, pero eso no quiere decir que esos parámetros sean ineludibles para formar parte de La Orilla Negra; un thriller con asesinos en serie en la línea de Seven será bienvenido; una novela sobre el yihadismo, o sobre los narcos mexicanos, o sobre las maras de Honduras, también; tampoco descargo las novelas enigma, siempre que no respondan al esquematismo de Agatha Christie».

¿Y no es complicado para un autor pasar al otro lado de la barrera y convertirse en el editor de quien, tanto en el aspecto intelectual como en el puramente gremial, no dejan de ser sus compañeros? «La verdad es que sí. Es una labor difícil, dura y que a veces te granjea enemistades, pero no podemos publicar algo que no nos entusiasme». Muñoz relata que «tengo una larga experiencia como autor de género, estoy en varios festivales negros y ello me permite conocer a un buen número de autores; sé a quién pedirle algo nuevo porque ya he leído con anterioridad algo suyo que me ha gustado, y detecto en seguida las obras que salen de alumnos de talleres literarios, bien armadas, siguiendo unas rígidas pautas narrativas que las privan de frescura y vida».

En los últimos años no son pocas las voces que han criticado la existencia de una especie de «burbuja» del género policiaco en España. «Yo creo que eso se puede extender a todo lo que se publica en nuestro país», juzga Muñoz. «Las editoriales, salvo honrosas excepciones, siguen una pauta comercial en detrimento de la buena literatura; hoy en día hay más escritores que lectores y muchos de esos escritores no son lectores, lo que es terrible para el resultado, porque para escribir hay que leer mucho». El autor explica que, con 18 años, ya se había leído toda la tragedia griega y las obras de Shakespeare, así como los títulos ineludibles de las literaturas rusa, francesa y anglosajona. «Soy hijo de mis lecturas», apostilla, «y hoy detecto en muchos de los que escriben una ausencia de ese bagaje literario, que creo que es fundamental». También piensa que la autoedición es «una trampa» porque las editoriales tienen el deber de cribar, y señala que en La Orilla Negra lo harán. «Es verdad que hay demasiados títulos que se cuelgan la etiqueta de la novela negra y que han surgido un sinfín de festivales inspirados en la Semana Negra de Gijón, pero el principal problema son los lectores y el hecho de que los sucesivos gobiernos que hemos tenido, tanto de izquierdas como de derechas, no han hecho una apuesta firme por el libro». «Si tenemos profesores de escuela que no han leído un solo libro, ¿qué se puede esperar de sus alumnos?», se pregunta. Muñoz recuerda que, pese a haberse educado en el franquismo, tuvo la suerte de contar con un elenco de profesores que recomendaban la lectura de determinadas novelas y ensayos. «Si eso se pierde, estamos perdidos, literariamente hablando», apostilla.

¿Y la novela negra? ¿Sigue siendo necesaria en estos tiempos? «Por desgracia, cada vez es más necesaria en este mundo en que vivimos, cada vez más corrupto y en el que hay una ausencia absoluta de valores, empezamos con Caín matando a Abel, y ahí seguimos».  

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