El Quijote se reencarna en la India

Demonios en lugar de molinos, un Alonso Quijano que muere en estado de salvación y mucho maquillaje. Así es la versión kathakali del clásico de Cervantes que llega al Niemeyer

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Maquillaje para la obra Kijote Kathakali Con motivo de la conmemoración del IV centenario de la muerte de Cervantes y coincidiendo con la celebración del Año de la India en España se presenta esta producción en el Niemeyer

Avilés

Si Cervantes levantara la cabeza y viera la adaptación que se ha hecho al kathakali de su obra más famosa probablemente pensaría que se había vuelto tan loco como su ingenioso hidalgo don Quijote. No hay molinos, por mucho que Sancho se empeñe en verlos, y en su lugar aparecen unos demonios gigantes con la cara pintada de rojo. El maquillaje es una de las formas que tienen de transmitir la historia los actores de esta disciplina teatral del sur de la India que data del siglo XVII puesto que no hablan, pero sí que hay dos cantantes que van narrando la historia al espectador. En el caso de las representaciones de España se subtitula y se han permitido la licencia de que el actor que encarna a don Quijote recite algunos textos de la obra, pero lo hace en malaiala, idioma de Kerala, de donde es originario este tipo de teatro clásico. El Kijote Kathakali «no es puro», explica Mónica de la Fuente, directora asociada de la obra, ya que se han introducido algunos elementos del teatro occidental, como es permitir algo de diálogo, el uso de la luz o la duración de la obra. «Una pieza kathakali dura entre tres y cinco horas y esta es de hora y media», apunta.

El proyecto para adaptar «El Quijote» a kathakali se gestó hace unos seis años aunque no fue hasta el pasado diciembre que se empezó a trabajar en el mismo. La adaptación corrió a cargo del dramaturgo Venugopalan en colaboración con el director de la obra, Ignacio García, especialista en teatro clásico español. Ante la cantidad de material con el que contaban tuvieron que decidir con qué se quedaban y qué desechaban, tarea que apenas les llevó tres meses. Los episodios de la primera parte fueron los que más suerte corrieron, «porque son más de acción», según apunta De la Fuente. El encuentro con los molinos, con Sansón Carrasco o con los leones son algunos de los que se han incorporado a esta adaptación de teatro kathakali, así como el regreso del hidalgo a casa y su fallecimiento. «Asistimos a su muerte, que es con un toque indio, porque muere cuerdo y en estado de salvación. Es la aportación india», asegura la directora asociada de la obra, que reside en Kerala desde hace más de 20 años y desde el primer momento vio el potencial de la adaptación cervantina. Apunta que hacerlo «ha sido fácil en lo referente a personajes y contexto. Cervantes consigue fomentar este tipo de acercamiento». Es la primera vez que se hace algo así con una obra española, pero ya ha habido experiencias en kathakali con textos occidentales, como «El rey Lear» de Shakespeare o la historia de María Magdalena. A la inversa también, ha habido dramaturgos que han adoptado este tipo de teatro indio, que apenas cuenta con un centenar de obras en su repertorio, a las tablas europeas.

Un maquillaje de seis horas

Uno de los aspectos más llamativos, a simple vista, de las representaciones kathakali es el colorido de los trajes y los accesorios y el vivo maquillaje de los actores, que llega a borrar prácticamente por completo su rostro. Es todo un ritual que dura hasta seis horas y en el que reina la tranquilidad -llegan a dormirse profundamente durante el proceso, al contrario del estrés que suele rodear a los camerinos de teatro españoles antes de salir a escena. Aquí son los propios actores los que inician el proceso de maquillaje, creando sus propias líneas. Después un maquillador profesional, Chutti, es el que se encarga de crear una máscara de papel que se queda pegada a la cara. El tipo de maquillaje que se aplica a cada personaje depende al arquetipo en que se ubique a cada uno de ellos. Los dioses tienen la cara de color verde, los malvados la tienen roja, los demonios y humanos salvajes negra y los más naturales, incluyendo aquí a las mujeres, naranja. Y eso que en el auditorio del Niemeyer no se vio a ninguna mujer actuar. «Las condiciones del teatro kathakali, que montan un escenario en un templo y representan durante toda la noche, choca con el estilo de vida de las mujeres de la India, aunque cada vez hay más que se introducen», apunta De la Fuente.

El equipo de la compañía Margi trae a Avilés a ocho actores, dos cantantes, dos percusionistas, dos maquilladores y un responsable de vestuario. Este fin de semana actuarán en las naves de El Matadero de Madrid. «La idea es poder llevarlo luego fuera de España», indica la directora asociada. Piensan en Hispanoamérica y Francia, «donde el teatro kathakali es conocido». Parece que al «Kijote Kathakali» le quedan muchas aventuras por vivir. Y sin molinos.

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