Redacción

Durante décadas contuvieron historias en forma de sonido e imagen; ahora ellos mismos son y cuentan una parte de la historia de Asturias en el siglo XX y por eso gozarán oficialmente, a partir de ahora, de protección. El Boletín Oficial del Principado de Asturias acaba de publicar la Disposición por la cual 24 de los supervivientes de la era dorada del cine en el Principado pasan a formar parte del Inventario de Patrimonio Cultural de Asturias. Se les reconoce no solo su valor intrínseco como edificios, sino también muy especialmente su papel crucial en la vida cotidiana de unas décadas convulsas en las que Asturias, como el resto del mundo, empezó a abrirse al primero de los grandes medios del entretenimiento de masas: una forma de ocio (y más tarde de cultura y de educación sentimental) que empezó en barracones de feria y acabó en edificios que buscaban envolverse en una arquitectura a menudo también ella misma espectacular, y a veces también en un barniz de prestigio que acogió los rasgos de las distintas modas y estilos arquitectónicos de un siglo en el que se sucedieron casi tan vertiginosamente como la propia evolución de las costumbres. 

El 16 de abril de 2015, Cultura seleccionaba medio centenar de cines y los proponía a la consideración de entidades como la Universidad de Oviedo, el RIDEA, la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio o la Real Academia de la Historia. Después de sus respectivos informes, y después también de las alegaciones que señalaron los irrecuperables o los imposibles de mantener, los cines finalmente seleccionados para pasar a formar parte del tesoro patrimonial asturiano fueron el Cine Parroquial Riocastiello (Aller), Cinema Ateneo Cabraliego Las Arenas (Cabrales), Cinema Toreno (Cangas del Narcea), Cinema Colón (Cangas de Onís, Teatro-Cine Prendes (Carreño), Cine Maripeña (La Felguera), Cine Hogar del Productor, Cine Felgueroso, Cine Sindical, Cine Ideal (Langreo), Cine Vital Aza (Lena), Cine La Llama (Mieres), Cine Fantasio, Casino de Navia, Teatro Casino (Navia), Cine Espina (Oviedo) y Cine Ayala (Oviedo), el Cine Peñalba (Piloña), Teatro Virginia (San Martín del Rey Aurelio), Teatro María Virginia, Cine Vade (Siero), Salón-Teatro Clarín (Soto del Barco) y Teatro Riera (Villaviciosa). Otros 12 quedaron fuera después de las alegaciones, pero el Principado ha recomendado a sus respectivos municipios que emprendan algún tipo de medida de protección.  

Todos ellos reúnen cualidades suficientes para ser acogidos bajo una figura de protección que viene a reconocer su servicio a la «sociabilidad del ocio» de generaciones de asturianos y sus características distintivas respecto a otro tipo de edificios del patrimonio regional, tanto en su fisonomía como en sus funciones. Los 24 edificios protegidos tienen eso en común: acogieron proyecciones cinematográficas. Y en todos los casos también su estructura incluye por una serie de elementos invariables. Todos tuvieron fachadas especialmente remarcables por un motivo u otro -elementos que buscaban convertirse en un reclamo y en un rasgo urbanísticamente distintivo-; y tuvieron taquillas, salas y cabinas de proyección, vestíbulos, dependencia de uso mixto... pero a partir de ahí, fueron tan distintas como lo prueba el catálogo elaborado por encargo de la consejería de Cultura por los historiadores del arte María Fernanda Gutiérrez y Roberto Álvarez Espinedo, historiadores del arte. Una variedad que se incrementa recordando los que tampoco llegaron a tiempo de estar en esta lista de rescatados.

Las variantes son muchas. Los hubo con palcos, como en el Patagonia de Miranda. Los hubo que acomodaron la pantalla contra la fachada principal, con acceso por detrás y por debajo, como el Cervantes en Figueras. Otros buscaban profundizar en el efecto de perspectiva haciendo converger los muros sobre la pantalla, como Teatro Cine Capitol de Mieres, o incluso organizaban las butacas y la pantalla no en perpendicular a su entrada, sino en paralelo a la vía pública (el Teatro Cine Josefina de San Esteban de Pravia, La Llama de Santa Cruz, Cine Maxi en Pola de Laviana, cine Europa en A Caridá...) Los años enriquecieron los edificios donde se ubicaban los cines, que compartieron contenedor con otros usos comerciales (el Ayala o el Hernán Cortés de Gijón). Del mismo modo, pasaron de lo que era poco más de una barraca (el teatro Estman de Sama, que aguantó hasta 1945) a enriquecerse y crecer en los años 20 en los que, bajo la influencia madrileña de Teodoro de Anasagasti, empezaron a involucrar a arquitectos de renombre. En los años siguientes, los Busto padre e hijo, Marqués Castelar, López Negrete, Juan Vallaure, los hermanos Somolinos, y no pocos promotores, se persuadieron de que merecía la pena buscar en los cinematógrafos el empaque y el prestigio.

La demanda creciente hizo que los cines crecieran constantemente en volumen hasta el inicio de su decadencia, a finales de la década de los sesenta. No siempre eso se compaginó con el cuidado constructivo o la calidad arquitectónica; los años de posguerra forzaron austeridad. Pero, mientras se pudo, el cine fue también un reflejo del gusto cambiante de las clases dominantes, con un factor de innovación y decorativismo que era más fácil que encajase en este tipo de edificaciones que en las de otras construcciones. Según enumera la memoria incluida en la Declaración, hubo en Asturias cines adscribibles a las corrientes eclécticas, las neoclásicas (Clarín de Soto del Barco, Pabellón de Figueras), decó (Jovellanos); regionalistas (Heleinas en Boal, Casa del Pueblo de Moreda, Vital Aza de Pravia); racionalistas (San Andrés de Turón, Esperanza de Mieres, Peñalba de Sebares); arquitectura oficial (Riera de Villaviciosa). 

Del mismo modo, las salas asociaron sus proyecciones a otro tipo de funciones en el mismo edificio, como el teatro y el casino en Navia o en el Casino de Lieres. Y reflejaron, como no podía ser menos en un siglo como el XX; distintos sesgos ideológicos. Hubo cines parroquiales cuando la iglesia posconciliar buscó aggiornamento y captación de nuevos feligreses que fuesen también nuevos públicos (el Piñeres en Aller o en Ciaño junto al templo de San Esteban) y en los edificios de los sindicatos franquistas (el Cine Hogar del Productor en Sama o en la Casa Sindical Comarcal de La Felguera). Más tarde, ya en la decadencia, vinieron los multicines en el centro de la ciudad y finalmente, en el exilio de los suburbios comerciales.

De todos ellos, solo la joya del Prendes de Candás sigue siendo a la vez historia y proyectando historias en su interior. Como recoge el documento de Declaración, es ya «el único cinematógrafo histórico conservado en su estado original y en suso de Principado y que demuestra las características propias de su tiempo e diseño, materiales y composición». Una última resistencia al The End final del cine histórico en Asturias.

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Proyectaron historias, ahora son historia