Konchalovski filma un cuento moral sobre los campos nazis

José Luis Losa
José Luis Losa REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

ALESSANDRO BIANCHI | Reuters

El realizador ruso indaga la bondad humana en situación límite

09 sep 2016 . Actualizado a las 07:39 h.

El ruso Andréi Konchalovski posee una de esas trayectorias ciertamente llamativas por erráticas. Erigido en el gran cineasta soviético de los 70, esencialmente con Siberiada, emigró a Hollywood durante la perestroika. Y allí filmó películas tan valiosas como El tren del infierno o Los amantes de María. Y bodrios abracadabrantes como Tango y Cash, con Stallone y Kurt Russell, y Homer & Eddie, con Whoopi Goldberg y James Belushi.

Cuando ya se le daba por amortizado, hace dos años resurgió precisamente en el Lido con la muy hermosa El cartero de las noches blancas, que tuvo premio. Ayer vimos Paradise, un ambicioso gran cuento moral sobre la bondad y las crueldades del ser humano en la situación límite de los lager nazis. Filmada en blanco y negro, hace emanar de los actos terribles salidos de idealismos ciegos o de pugnas por la supervivencia de sus dos protagonistas, una noble rusa internada en Dachau y un oficial alemán al que conoció en los locos años 20 y que salva su vida, una sustancia dramática tan sólida como algo antigualla. Y termina de desequilibrar su no desestimable resultado con una conclusión que remite tanto al Spielberg de Schindler como al de la celestial Always.

No al cielo ni al purgatorio sino al averno merecería ir Rebbeca Zlotowski por la supina maldad de su Planetarium, un remix de supuesta fascinación concatenada hacia los mundos del espiritismo y del cine de la edad de oro. Natalie Portman, aún en la retina como Jackie enlutada, y la celebrity Lily-Rose Depp (alucinógeno cruce fifty-fifty de sus padres, Depp y Vanessa Paradis) son médiums y estrellas del cine incipiente en esta cinta boba, que parece dirigida por la Zlotowski, autora de la magnífica Grand Central, en estado de trance paranormal.

Posadolescencias bovinas

La película italiana a concurso Questi Giorni, de Giuseppe Piccioni, merece silencio piadoso, aunque en el pase de la Dársena le cayó abucheo. Ha sucedido también con la otra cinta dramática nacional a concurso, Piuma. Ambas son retratos de posadolescencias bovinas. Y están filmadas las dos con un desaliño que habla mal del estado del cine en este país. Eso por no entrar en los discursos de ambas, de un reaccionarismo que hace bueno al Lazaga de Paco Martínez Soria y ¿Qué hacemos con los hijos?

Jean-Paul Belmondo recibió, tras el de Jerzy Skolimowski, el segundo León de Oro honorífico de esta Mostra. No deja de ser paradójico que este actor de 83 años, retirado ya en el pasado siglo, no deje de recibir ahora muestras de afecto en forma de homenajes en Cannes, Berlín o ayer Venecia, sobre todo si pensamos en que en las dos décadas en las que fue cómplice de autores como Jean-Pierre Melville, Godard, Louis Malle, Truffaut, Resnais, Jean Becker, a Belmondo no le daban ni la hora. Y se le consideraba más un actor-maniquí. El tiempo tiende a dorar las trayectorias y al francés se lo rifan a día de hoy todos los festivales, muy por la labor de rendirle pleitesía.