Lo que ocultan nombres pulidos por los siglos

Luis Ordóñez
Luis Ordóñez REDACCIÓN

CULTURA

Os Castros en Samartín del Valledor (Allande)
Os Castros en Samartín del Valledor (Allande)

Un estudio pone de relieve la importancia de sistematizar el estudio de la toponimia en relación con las excavaciones arqueológicas

19 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Para los arqueólogos resulta una idea tentadora dejarse guiar en ocasiones por la toponimia, los nombres de lugares, que pueden guardar entre sus sílabas pistas más que valiosas a la hora de orientar si en su entorno se ocultan restos de alto interés histórico. El problema es que en demasiadas ocasiones puede tratarse de un rastro engañoso, un despiste, si el trabajo con la toponimia no se ha evaluado correctamente. Esta es la tesis del investigador asturiano Andrés Menéndez Blanco, publicada en el artículo «Toponimia y Arqueología: algunos apuntes sobre su uso complementario a partir de experiencias investigadoras en la Asturias occidental» que recoge la obra «Manuel Menéndez y l'Asturies Occidental», editado por el Seminariu de Filoloxía Asturiana de la Universidad de Oviedo. 

«El problema de la toponimia en la arqueología es que suele dejarse en un segundo plano, no se suele considerar un objeto de estudio de primer nivel ni se aplica una metodología sistemática», explicó Andrés Menéndez, quien destacó que buena parte de los problemas vienen de que algunos nombres son metáforas que los lugareños daban a accidentes naturales y que luego los investigadores se toman en su literalidad.

«Es muy común que la gente le diera el nombre de castro o castiello a un peñasco muy alto, pero se hacía por el parecido físico. son topónimos metafóricos» indicó Menéndez quien señaló que se trata de un error común y que su artículo es «autocrítico, incluyéndome a mí mismo». El investigador apuntó que en el área central de Asturias hay muchas zonas en las que se ha estudiado el 100% de la toponomía de un territorio pero no sucede así en las alas. «Sobre todo en el occidente, que es en lo que he centrado este trabajo, hay poquísimos estudios sobre concejos como Cangas del Narcea o Tineo, que tiene una extensión enorme».

El trabajo cita interpretaciones forzadas como topónimos a los que se atribuye una relación con túmulos funeriarios, restos megalíticos en lugares que comparten el nombre de Pena (peña). Penaforcada, Penas Malas (Peneosmalos) o Peneo Cortao, tienen en sus cercanías tumbas arcaicas pero Menéndez apunta que los nombres se corresponden con «peñas naturales».

Menéndez apuntó que Asturias, en todo caso, no es un territorio especialmente maltratado por la cartografía oficial. «En León es igual, tienen más o menos los mismo problemas. En muchas ocasiones se acumulan los errores en las distintas ediciones y se van desplazando a veces hasta un kilómetro». 

Aún así, en otras ocasiones, los topónimos sí resultan ser una buen pista para guiarse en la búsqueda de hallazgos arqueológicos. «Muchas veces se ha encontrado que tal sitio se llama castro y luego se han encontrado evidencias. Lo que nos hace falta es realizar un estudio sistemático para ir recopilándolos uno por uno».