Vigalondo vende en Hollywood su lagarto de tres al cuarto

Anne Hathaway empatiza con Godzilla en su disparatado filme «Colossal»


San Sebastián / E. La Voz

De ese fenómeno, Nacho Vigalondo, casi más conocido por sus habilidades con el karaoke que por el valor cinematográfico de su obra, solo recuerdo mérito en aquel corto nominado al Óscar, tan campechano y simpaticote. Por lo demás, cuento los pases de sus películas anteriores como experiencias de sufrimiento, molestia y cabreo.

Como la industria del cine es un misterio, y este Vigalondo parece venderse bien, ya recaló en Hollywood hace dos años con Open Windows. Y ahora, ha convencido a Anne Hathaway para que produzca y, además de poner la pasta, haga el canelo en pantalla en Colossal, que quiere ser el Godzilla del director cántabro. Entré en la sala paniqueado ante lo que me podía esperar, abandonada toda esperanza. Pero la realidad aún era peor. Veo a la Hathaway que establece, desde un poblachón de la América profunda, una conexión extrasensorial con un monstruo que aterra Seúl. Como ella se pilla frecuentes cogorzas y acaba por los suelos, el saurio gigante, que mimetiza al detalle sus movimientos, también va a tierra y en cada caída mata miles de coreanos. Poco más que esa ocurrencia ocupa las casi dos horas de Colossal, ejercicio de vacuidad infantiloide y mastuerza.

En la lucha por la Concha de Oro pasó la norteamericana As You Are, del joven Miles Joris-Peyrafitte. Venía precedida de premio en Sundance, pésima noticia porque este certamen hace lustros que es cementerio de seudoindependentes con olor a naftalina. Esta historia de dos adolescentes más perdidos que Vigalondo en una gala de los Óscar es una antigualla de cuidado que quiere ir de cine cool y es escoria falsamente indie. Estos torturados muchachos de As You Are, que van de malotes pero son más buenos que el pan y se atormentan con su homosexualidad no asumida, parecen como los antepasados pre homo erectus de Elephant. Cómo será la supina maldad de la película que la sala del Kursaal, siempre tan complacida que aplaude hasta un anuncio de geranios, se atrevió a soltarse con abucheos.

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