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La soporífera «I'm not Madame Bovary» gana la Concha de Oro

El buen nivel general del certamen choca con la designación de los principales premios


san sebstián / e. la voz

Qué dios perdone al jurado. La Concha de Oro para una de las películas en las que en ningún caso se esperaba no es noticia en este festival. Es una ley de hierro. Así cayó el máximo galardón para el filme chino I'm not Madame Bovary. Como un sino ineluctable. Esta película nos provocó cefalea y hastío cuando pasó con su plomiza narración de las mil maneras en las que se da de bruces con una burocracia municipal y espesa una mujer que ha planeado un divorcio falso de su marido, para obtener una casa, y a la que este traiciona para casarse con otra. Pretende ser denuncia de la corrupción institucional. Pero no puede movilizarte una película que te catapulta hacia el sueño. Y les aseguro que en este estado contemplaba media sala los avatares de esta mujer frente a una sucesión de aparatchiks que la esquivan tanto como cualquier emoción huye por los diferentes formatos de pantalla en los que la historia es contada. Así, en un capricho muy à la page, su director nos tortura con un inicial formato circular, como de chinoiserie de papel pintado, que luego muda a cuadrado. Qué más da.

Descorazonador

El peso desequilibrante en el jurado del director Jia Zhang- ke, apenas con el contrapeso conservador del danés Bille August, supongo que debe de haber sido determinante en el camino de esta cargante I'm not Madame Bovary hacia otra Concha de Oro descorazonadora. Y, para realzar esa actuación abusadora de Jia Zhang-ke, la falsa Bovary, Fai Bing Bing, -que les sonará tanto como este cronista, pero que es una estrella mediática en su país y la cuarta actriz mejor pagada del mundo- se hizo con la Concha de Plata a la mejor interpretación femenina.

El neo-thriller español recibió de este palmarés un notable y bien injusto espaldarazo. Eduard Fernández se hizo con el premio al mejor actor por su Francisco Paesa, tan plano y monocorde como lo es en su conjunto El hombre de las mil caras. Y parece una broma pesada que un argumento de todo punto descerrajado como el del serial-killer asesino de ancianas de Que Dios nos perdone, que fue objeto de chanza por algunas de las secuencias más chapuceras que recuerdo en un polar, reciba justamente el premio al mejor guion.

Entre los dislates de las chinoiserie y los policíacos españoles, el cine esencial de esta edición, de nivel general más que aceptable, se fue del Kursaal sin recibir ni las gracias. Como ejemplo el contenido en La reconquista, Lady Macbeth y, sobre todo, en el Nocturama de Bertrand Bonello y su ópera sobre el terrorismo. Fue un magma de desconciertos.

El genio del coreano Hong Sang-soo honra el palmarés

Dentro de este palmarés poblado de cine huero, un cineasta vino a poner un rastro de lucidez. La Concha de Plata al coreano Hong Sang-soo por Yourself and Yours viene a abrir un espacio para que la obra de este maestro de la comedia sutil y los enredos del azar amoroso sea por fin reconocida en nuestro país.

El Gran Premio del Jurado reconoció ex aequo dos minimalismos diferentes: la argentina El invierno, de Emiliano Torres es un drama sobrio y estimable, de nieblas, estancias en medio de la desolación patagónica, violencia sorda, que recibió además el reconocimiento a su fotografía.

La sueca The Giant, que se centra en un joven autista con malformaciones craneales y en su lucha por ganar un campeonato de bolos es cine tan buenista como naïf e irrelevante, salvo que a usted le ponga mucho ver jugar a la petanca.

Los muy razonables y merecidos premios de la sección Nuevos Realizadores para la cinta griega Park, que muestra la orfandad ateniense tras el esplendor de unos juegos olímpicos, y el del concurso alternativo Zabaltegi para el filme Eat That Question, que revela a un Frank Zappa inédito, cáustico y lenguaraz, sencillamente impagable, contribuyen también a desatascar el pésimo trabajo del jurado oficial. Y hacen justicia al trabajo eficiente del director de todo esto, José Luis Rebordinos, y de su equipo.

«Rara»

Por su parte, Rara, ópera prima de la realizadora chilena Pepa San Martín, sobre una juez que pierde la custodia de sus hijas por ser lesbiana, recibió el premio Horizontes Latinos. La película, una coproducción entre Chile y Argentina que ya fue reconocida en la Berlinale, se inspira en un caso real, el de la juez Karen Atala.

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