El director grabó hasta 600 discos, entre ellos la banda sonora del filme «Amadeus» y un intenso «Requiem» de Mozart
04 oct 2016 . Actualizado a las 08:03 h.La entrevista ya había concluido, pero como se encontraba de excelente humor y proclive a la charla continuamos durante algún tiempo más conversando de todo, de música, incluso de la posibilidad de que viniese a dirigir a A Coruña una ópera. Sería la primera vez y había sugerido Idomeneo, un proyecto que queda ya para otra vida. Al finalizar, mientras se incorporaba, se le cayó al suelo su bufanda. Quise ayudarle pero actuó raudo, como si sus 90 años no le pesaran, y la recogió él mismo con una sonrisa. Poco antes me había confesado uno de los secretos de su magnífico aspecto, aparte de una buena genética aún solía jugar al tenis de vez en cuando, «ahora ya solo con las chicas».
También me había dado otra pista sobre su longevidad: «El secreto es el trabajo, tener un proyecto de vida. Si te paras, el cerebro lo hará también». El pasado fin de semana el suyo solo se había detenido para descansar, pero mientras quizá soñaba con esa próxima gira que estos días debía traerlo a España, la parca le hizo su visita definitiva.
Sir Neville Marriner, nacido en Lincoln, Inglaterra, tuvo claro bien pronto que pertenecía a la clase de instrumentistas menos dotados y se buscó un puesto de violinista en la Sinfónica de Londres. Pero como tampoco quería pasarse la vida tocando en una orquesta, con varios compañeros creó una de cámara, que tomó prestado su nombre del lugar donde realizaban sus ensayos, la iglesia londinense de Saint Martin In-the-fields, en Trafalgar Square. Con la Academy, el Marriner director, un estajanovista de la música, recorrió el mundo y grabó casi tanto como Karajan, hasta 600 discos. El más popular, la banda sonora de Amadeus, que compitió en ventas con los mayores hits del momento; pero de entre todos hay tres que merecen figurar en cualquier discoteca: el Réquiem de Mozart, en una de sus versiones más intensas; los conciertos para piano del mismo autor con un Alfred Brendel en sus mejores años, y aquel chispeante Barbero de Sevilla junto a unos inspirados Baltsa, Allen y Araiza.
Visitas a Galicia
Marriner dirigió otras muchas orquestas, fundó la de Cámara de Los Ángeles y se vinculó durante algunos años a la de Cadaqués, con la que dio conciertos por casi toda España. A Galicia, la Academy vino por última vez en el 2010, cuando con el Xacobeo Classics la programamos en Ourense. Y su creador, solo, se presentó en febrero del 2015 en la temporada de la OSG, en A Coruña. Entonces le recordé lo que su compatriota, Charles Burney, había escrito en el prólogo de su delicioso Viaje musical por Francia e Italia en el s. XVIII: «La música alivia los pesares y apacigua el dolor, y resulta un bien tan grande para la humanidad que nos aleja del mal y con su bálsamo restaña las heridas más hondas». Por un momento, su eterna sonrisa pareció difuminarse y dijo: «Los políticos piensan que si recortan en cultura no pasa nada porque nadie muere, pero es un grave error. Sin música, la calidad de vida es mucho peor. Donde la gente sufre, es capaz de aportar siempre esperanza y alivio».