God Dylan

César Casal González
César Casal REDACCIÓN

CULTURA

Estarán todos los escritores destrozados. Sucedió el año pasado. El Nobel se fue al periodismo y no tardaron en rabiar. ¡Que se crease un premio Nobel de periodismo que el de Literatura es para ellos, con lo difícil que es ganarlo! Solo un bingo al año. Y, dentro del gremio de los escritores (salvo los que amen a Dylan, que alguno habrá), dirán ahora que organicen un premio Nobel de la música, que así no hay manera. Pero el galardón a Bob Dylan es un acierto enorme. Los poetas estarán que muerden. Si hay unos odiadores gigantes en literatura, esos son los poetas de vanidad hueca. Pero si hay un poeta de verdad es Dylan. Lo siento, y lo sientes. Si hay un artista que, con lo que escribe (sí, también lo canta), te deja el corazón convertido en cometa, hace papilla tus sentimientos, ése es God Dylan. Un genio genuino, de gira eterna, nada que ver con este mundo patético de triunfitos y talent show que son todos iguales y que saben como algunos cafés de esas máquinas expendedoras que parecen hechos con el tóner de las fotocopiadoras. Dylan es auténtico. Ni siquiera necesitaba el Nobel. Sus armas son su voz nasal, una guitarra, una armónica. Para qué más. Dylan pasa de abuelos a padres y a hijos, porque el talento no entiende de edades, es vírico, es universal. Él hace que tu corazón se convierta en una esponja, en una estrella de mar, en un océano de opio.