Luces, cámaras y Nachtwey

El galardonado camarógrafo norteamericano compartió sus experiencias con un centenar de colegas de profesión

.

Pola de Siero

«Estoy encantado de veros a todos aquí». Estas fueron las primeras palabras del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, James Nachtwey, en su reunión en el Teatro-Auditorio de Pola de Siero con el centenar de fotógrafos asturianos que han acudido al coloquio concedido por el norteamericano, todos ellos dispuestos a empaparse de su experiencia. El coloquio al que asistieron los gráficos de la región -también venidos, no obstante, algunos profesionales de otras partes de la geografía española- transcurrió sobre lo previsto: una clase magistral en la que Nachtwey impartió tus teorías y teoremas (algunos sin respuesta), aunque aseguró que se sentiría mejor «al otro lado del micro». Un hombre como él también tiene algunas asignaturas pendientes, a  pesar de haber recorrido prácticamente el mundo entero. Una de ellas, Cuba. «Me gustaría verla, experimentarla y fotografiarla. Fue una gran influencia en los 80, cuando trabajaba en los conflictos de países latinos», afirma.

No tardaron en aparecer los primeros guiños a España en el discurso del camarógrafo. «Yo lo vi y así sucedió» es una de las frases citadas, acuñada por Francisco de Goya, del que Nachtwey se ha declarado y reconocido y como acérrimo fan y que definió como el «padre de los fotógrafos de guerra». El acto comenzó con un discurso del maestro, siempre preocupado por las historias que suceden ante sus ojos «en tiempo real» -ademas de la Historia en general, la cual descubrió «gracias a la fotografía»-, que quiso comenzar de una manera ilustrativa, como su profesión: las luces se apagaron y una muestra de su trabajo en el asedio de Kabul en el año 1996 comenzó a impactar en las retinas y conciencias de los asistentes. «Empecé a acompañar a los muyahidines en la guerra de Afganistán, una guerra que mutó y pasó a ser un asunto de los talibán», relata el fotógrafo. Kabul, en un principio ciudad apenas afectada por las contiendas de la Guerra Fría, se convirtió en una de las zonas más damnificadas. La capital del país fue donde, finalmente, la guerra se desató con toda su crudeza, transformándose de la noche a la mañana «en un paisaje lunar» que confundía la conciencia del artista de la imagen. «No puede ser que la gente sufra así. EEUU le debe algo a esta gente», reflexionaba James Nachtwey durante su estancia en Afaganistán de manera «inocente», tal como él define. Años más tarde fue consciente: «fue el último escenario bélico del siglo XX, el cual dio origen a aquellos del siglo XXI», dejando un panorama abierto que desembocó en el atentado del 11-S, el cual él vivió en primera persona.

El 11 de septiembre de 2001, James Nachtwey no pudo ver el impacto ningún avión en las Torres Gemelas, pero lo sintió en sus carnes. «Noté el impacto en la primera torre. Pensé que había sido un trágico accidente. Cuando le sucedió lo mismo a la segunda supe con toda certeza que EEUU estaba metido en una nueva guerra», sentencia con la seguridad que le caracteriza. Aquello que los EEUU estaban tan acostumbrados a hacer en otras partes, la guerra, llamó «a la puerta de su casa». Es entonces cuando «surgen las dudas» sobre qué hemos hecho mal los occidentales respecto al Islam, una cultura con la que Nachtwey ha trabajado y convivivdo durante décadas. «Lo que veía en los 80 y 90 parecían casos aislados, pero tras el 11-S vi que todo estaba conectado. Nadie escuchó al Islam y estaban sufriendo tremendamente», estableciendo un vínculo directo entro lo sucedido en Afganistán y los atentados que cambiaron el mundo. 

Las inquietudes de los fotógrafos

No pudieron faltar las preguntas; los asistentes se veían ansiosos por descubrir las opiniones de su ídolo mostrando, por otro lado, aquella timidez que dejamos asomar cuando nos encontramos ante una figura admirada. El futuro de la profesión fotográfica parecía ser el centro de la mayoría de cuestiones. Nachtwey no dudo en destacar las diferencias entre su época y la actual, donde «ya no existe el mecenazgo» pero en el que el trabajo de los fotógrafos sigue siendo «igual o mas necesario que nunca para dar a conocer al público lo que ocurre en el mundo». Como siempre, el norteamericano incluye en cada respuesta que se le permite la función social de la imagen, llevando mas de 30 años a su servicio. «Fui afortunado de tener unos jefes que creyeron en mí y que me dejaron correr. Y corrí», cuenta el fotógrafo al respecto, haciendo referencia a publicaciones como la revista Time o la Agencia Magnum. 

Como aspecto relevante en la actualidad, y por el futuro de la profesión, destacó que el dinero no ha de ser lo que nos mueva aunque «es  necesario para vivir (o sobrevivir)». «Lo que he hecho siempre ha sido por mi vocación, por el impulso que me movió y no pude resistir. Jamás por dinero. De hecho es habitual que se me olvide pasar las facturas a los clientes", afirma, agregando que en su época tampoco fue fácil salir adelante. «Cada generación tiene sus dificultades. Un día me vi con únicamente 15 dólares en el bolsillo pero eso no me impidió seguir adelante. Vuestra generación tiene que seguir aunque encuentre dificultades», sentencia.

Como broche a su intervención, se pronunció sobre cómo el fotógrafo actual ha de diferenciarse de la saturación de imágenes de hoy en día. En su opinión hay un factor clave: la presentación. «No nos pueden confundir con fotografías tomadas con un iPhone. Hay que diferenciarse. Que la gente se centre en la historia que contamos, que no se queden únicamente en que es una fotografía. Ahí entra el peso de la presentación» afirma, sentando cátedra de cara al futuro del trabajo de sus colegas de profesión. «Sed cuidadosos con vuestro trabajo y archivadlo ordenado y con calidad. Cuando ya no estéis en este mundo, vuestro trabajo seguirá aquí», aconsejó Nachtwey a todos los presentes.

Valora este artículo

11 votos
Comentarios

Luces, cámaras y Nachtwey