«La función del arte es poner al lector en el lugar del otro, de los otros o de lo otro»

Pablo Batalla Cueto GIJÓN

CULTURA

Jordi Doce.Jordi Doce
Jordi Doce

Jordi Doce habla de sus libros y de poesía y literatura en general, además del polémico Nobel a Bob Dylan

31 oct 2016 . Actualizado a las 10:55 h.

Cinco años llevaba en barbecho poético la obra de Jordi Doce (Gijón, 1967): los transcurridos desde la publicación, en 2011, de su Perros en la playa. Doce tiene una buena explicación: ha dedicado este lustro a una paciente transición creativa que acaba de sustanciarse este año en No estábamos allí, un nuevo poemario publicado por Pretextos y que representa una cierta ruptura con su obra anterior. El nuevo Jordi Doce es más onírico y menos contemplativo, más suelto y menos formalista. Quien quiera comprobarlo puede acudir a otro poemario publicado el año pasado por la Universidad de Zaragoza, en este caso una antología de poemas escritos entre 1990 y 2015. Sobre ambos libros, y también sobre arte, poesía y literatura en general y el polémico Nobel a Bob Dylan, versa esta entrevista que tiene lugar en El Gran Café, sito en la ciudad natal que Doce visita de tanto en tanto desde Barcelona, donde reside.

-Su recién publicado poemario, No estábamos allí, representa en cierta medida una ruptura con su poesía anterior. El nuevo Jordi Doce es más onírico y menos contemplativo.

-Sí. La poesía que yo escribí entre los veinticinco y los cuarenta años es una poesía más contemplativa, más reflexiva, más meditativa. Había siempre una especie de diálogo entre el mundo, la ciudad, la naturaleza, lo que fuera, y la subjetividad, y a partir de ahí una reflexión. Eran poemas muy formales, muy trabajados, con una escritura muy literaria: conscientemente literaria. En un momento dado llegué a un punto de agotamiento con respecto a esa veta; sentí que había llegado a los límites de lo que podía hacer en ese terreno, y por eso he tardado tanto en publicar otro libro. Estos años los he dedicado a descansar y a prepararme para dirigir mi escritura hacia otro lugar. Y ese lugar es este nuevo libro que mantiene una constante con respecto a mi poesía anterior, que es un cierto cuidado formal: yo nunca voy a ser, creo, un escritor de realismo sucio, y sigo haciendo y siempre haré una escritura bastante literaria. Eso lo he mantenido, pero sí que he intentado que éstos sean poemas un poco más sueltos, más austeros, más secos, a veces más oscuros, e incluso que tengan en algún caso un cierto elemento de humor, de improvisación y de azar. Abrirles un poco las costuras, que no esté todo tan pulidito. También son poemas que, en general, tienen un elemento narrativo. Me interesaba recuperar esa veta, y en algunos casos los poemas de este libro son una especie de fábulas truncadas o iconoclastas. Por otro lado, hay además un componente no estrictamente autobiográfico, porque nada de lo que se cuenta en estos poemas es autobiográfico, pero sí de reflejo del cierto desconcierto vital que yo mismo estoy viviendo ahora que he entrado en la cuarentena. En los poemas de este libro hay personas que no soy yo pero podrían ser reflejos posibles del yo: personajes que no saben muy bien de dónde vienen ni a dónde van, inmersos en esa perplejidad de la presunta madurez.